Capítulo diecisiete.
Revelación y silencio
-Maldición, al final todo ese dinero era apenas suficiente para caviar y salmón. Qué tacaño ¬¬
Fleur Blanche caminaba malhumorada por las calles de Paris, había salido a comprar despensa, y el tendero del almacén la había mirado de la manera mas descaradamente extrañada posible al escuchar la solicitud de salmón y caviar.
-No quiero imaginar como me hubiera mirado de haberle dicho que era para el gato ¬¬-
-Comprende, Fleur, nunca en la vida habíamos comprado caviar… al menos no en nuestra vida juntos…-
Fleur volteó, había notado un dejo de tristeza en esas últimas palabras y miró a Gabriel que ahora caminaba cabizbajo. Ambos estaban conscientes de la razón por la que estaban juntos: el niño había quedado huérfano al morir su padre (trabajador de la prensa) en un accidente de trabajo. Para evitar la enorme y tardada cantidad de trámites legales, apresuraron la asignación de un tutor legal…
…una tutora, en realidad.
Fleur Blanche, apenas mayor de edad, una reportera tan prometedora que comenzaba a parecer amenazante. Nada mejor que aventarle una carga de tales dimensiones para distraerla.
La joven había aceptado por dos razones: en primer lugar, para demostrar que nadie sería capaz de derrotarla con intrigas de calaña colegial y en segundo lugar, porque la situación de Gabriel era parecida a la suya.
Eso le había dicho: que alguna vez la llamaban Selene, y que al quedar huérfana había recibido el apoyo suficiente para llegar a donde estaba ahora. Y le prometió que lo apoyaría de la misma manera para que pudiera algún día ser feliz haciendo lo que le diera la gana… y sin morirse de hambre.
Aun con todo, Gabriel sabía que era un gran peso para ella, por eso siempre la obedecía y soportaba sin ningún reclamo sus radicales cambios de humor. En realidad había terminado por quererla mucho y se esforzaba porque ella lo quisiera también. Su mayor felicidad era que a su protectora se le escapara alguna legítima muestra de afecto y su sueño era ser como ella.
-El caviar sabe horrible, Gabriel, no me gusta y no te gustará.
Pronunció Fleur cual niña mimada ante una comida desconocida, alborotándole un poco el cabello al pequeño. Gabriel volteó y su mirada se encontró con un travieso guiño.
Cruzaban la calle de San Honorato, y cuando el niño buscó con ojos golosos la famosa pastelería de la acera de enfrente, divisó en el aparador dos figuras que ya le eran inconfundibles.
-¡Fleur, mira!
La joven volteó hacia donde le señalaban y esbozó una sonrisa.
-Curioso. El Señor de Bergerac y su amiga la tramoyista están en venta, eso sí que es apoyo a un negocio a punto de quebrar.- inquirió mordazmente, decidiendo si debía acercarse -¡Y aquí llega el comprador!- completó al reconocer la alta y delgada figura de Henry Le Bret entrando por la puerta del establecimiento. Sin preguntar, tomó la mano de Gabriel y lo guió hacia allá, murmurando que tenían dinero para un pastelillo o dos.
-Sospechaba que te encontraría aquí.
Canelle y Cyrano voltearon al mismo tiempo al escuchar la voz de LeBret, pero en lugar de recibir el regaño que esperaban, se encontraron con un rostro sereno, enmarcado por aquella impecable barba y cabellera larga azabache recogida en una cola de caballo. Se acercó hacia ellos y tras saludar galantemente a la joven (recibiendo por respuesta un “Buenas tardes” mucho menos notorio que en carmín en las mejillas de la chica) se dirigió a Cyrano, quien inmediatamente trató de ignorarlo.
-Christian te busca.
-¿Eh? Pero si nos veríamos hasta más tarde.- afirmó Cyrano distraídamente, por el momento Christian no le importaba, quería seguir charlando con Canelle.
-Pues ha llegado al cuartel y tras revisarlo de cabo a rabo y no encontrarte, ha salido de ahí bastante molesto.- completó LeBret impasible, era obvio que a él tampoco le interesaba mucho.
-Si mi joven pupilo no te ha dicho donde y cuando debo encontrarlo, siéntate con nosotros, amigo mío.- invitó alegremente Cyrano, mostrándole el reducido espacio libre.
LeBret sonrió, no tenía nada mejor que hacer. Y ante la sorpresa de Canelle no solo fue a sentarse con ellos, sino que muy amablemente había solicitado el lugar entre ambos. Cyrano y Canelle se apartaron.
-Creo que nunca he hablado adecuadamente con vos, mademioselle.- pronunció el caballero regalándole una encantadora sonrisa a la jovecita, que solo se puso mas roja y asintió tímidamente.
Aquel hombre era el único que la trataba de esa manera, y no podía sentirse nada menos que intimidada. Para él era una dama… una dama frágil y delicada que debía rratarse con cortesía y delicadeza… ni siquiera ella misma se visualizaba así.
-¡Eh, Ragueneau!- exclamó Cyrano sin parecer percatarse de lo que acontecía -¡Tráele alguno de tus manjares a mi amigo LeBret, por favor!
Ragueneau saludó sonriente al recién llegado, la puerta del establecimiento acababa de cerrarse tras la fugaz compra de una joven acompañada de un niño. Una joven que ahora tenía una pregunta en la cabeza: “¿Qué negocios tenían el Señor de Bergerac y el Barón de Neuvillete?”. Gabriel ni siquiera preguntó, sabía que cuando Fleur estaba pensando, no había manera de sacarle una palabra. Mordisqueó el pastelillo en su mano en silencio... al menos no lo regañaría por comer dulces antes de la comida.
Pues el Barón de Nuevillete atendía ahora a alguien más…
-Y bien, Christian, ¿aún piensas que Cristina no me ha abandonado por largarse con otro?
…y se estaba arrepintiendo de ello.
Se había citado con el vizconde de Chagny, y lo había encontrado más furioso y resentido que nunca. Farfullaba algo acerca de cómo habían dejado el cuidado d Cristina a una vieja tan loca como la viuda de Valerius. O tal vez solo tan tonta como para creer ciegamente en lo que Cristina le inventaba.
-Más bien, es inaudito lo perversa que puede llegara ser Cristina, haciéndole creer a todo el mundo que su amante secreto es un Ángel de la Música. ¡Y yo creyéndola pura e inocente! Solo diviniza a su amante para que nadie le reproche nada, e incluso la tengan por víctima. ¿Cómo he podido amar a alguien así?
Lo más triste era que el joven Raúl completaba el reclamo en su mente: “¿Cómo puedo amar a alguien así?” Si no la amara no le importaría, no lo enfadaría… no le dolería. ¿Qué le hacía falta para ser amado por Cristina?
Christian resopló. ¿Roxana acaso no era similar? Amaba los versos de Cyrano, su inteligencia, su alma… de Christian solo su belleza. Roxana amaba a ambos a la vez…. Pero no lo sabía, y mucho menos podría imaginarse que a quien amaba más era a Cyrano. Eso debía cambiar inmediatamente. Era totalmente necesario.
Pero al llegar al cuartel no había encontrado a Cyrano. ¿En dónde estaba? ¿Qué tal si elegía precisamente ese día para desaparecerse en una de sus improvisadas parrandas? Si Roxana supiera a quien amaba en realidad, seguro ya no lo haría tanto al tomar conciencia de todos los defectos de su primo: además de su famosa bravuconería que tenía a medio Paris con el puño alzado hacia él, aquel orgullo le dejaba claro que el hombre no podía admirar ni amar a nadie más que a él mismo, y andaba por la vida haciendo lo que se le diera la gana, dejando al futuro sin cimiento alguno, y dedicándose a obtener placeres inmediatos que no le traerían ni cinco minutos después. ¿Quién podría amar a alguien así? Aquella era su ventaja: él amaría a Roxana con toda su alma, y cada uno de sus esfuerzos sería para darle felicidad y sostén.
-Parece que también tienes problemas.
Inquirió Raúl al mirar que el ceño fruncido de su amigo en lugar de desaparecer se acentuaba.
-Pienso solucionarlos hoy.
El Vizconde guardó silencio ante la hostilidad en aquella respuesta. Al parecer su amigo no estaba de humor de hablar… pidió otra copa de vino, y ambos se quedaron en silencio.
-¿Entonces piensan envejecer juntos? ¡Asombroso!
Barriga llena y corazón contento. Canelle no podía tener mejor escolta al caminar por las calles de Paris que un cadete de Gascuña a cada lado suyo. Durante las horas que pasó en la pastelería de Ragueneau se había llenado el estómago de dulzura, el ánimo de alegría y la cabeza de fascinantes descubrimientos. Desde que LeBret tenía un nombre tan poco gascón como Henry (lo detestaba, y no permitía que nadie lo llamara así), que había sido amigo de Cyrano desde su infancia (seguro que ambos jugaron con Roxana alguna vez… el cuadro de los tres pequeños niños resultó nada menos que tierno en su imaginación), que sus padres los habían enviado a enlistarse como Cadetes, hasta secretos tan bien guardados como que el nombre de Cyrano entre los filósofos era Dyrcona.
Parecía que Cyrano y LeBret eran de esas personas destinadas a estar juntas hasta que uno tuviera que enterrar al otro.
-Almas gemelas.- LeBret pareció leerle la mente, sonriendo –El mundo, tan romántico como es, ha delegado ese término a un par de amantes para toda la vida. Pero nosotros creemos que si tienes un “Alma gemela” no podrás tener con ella más que amistad.
Cyrano rió con ganas antes de completar la idea.
-¡Por supuesto!- exclamó risueño -¿Nos imaginas acaso como pareja? Ignorando que somos del mismo género, sería una relación bastante conflictiva. Una pareja debe complementarse, con las virtudes de uno compensando los defectos del otro y viceversa. Un “alma gemela” es tan parecida a ti que resultaría una pareja juy aburrida, ¿no lo crees?
Canelle asintió sonriendo, asombrada. –Ustedes son muy sabios.- elogió sinceramente.
Recibió un par de idénticas palmaditas en la espalda por ambos gascones antes de continuar su camino.
-No le demos más vueltas al asunto, debo ver a Christian.- dijo Cyrano con mucho menos ánimo. Se la había pasado tan bien aquél día…
El triste suspiro que intentó soltar por pensar en el desgraciado momento que le esperaba se interrumpió en cuanto Canelle tomó su mano y sin aviso alguno echó a correr.
-Vengan. Robémosle otro momento feliz al día.- exclamó sonriendo alegremente hacia los dos cadetes antes de concentrarse en el camino.
Los tres corretearon por intrincadas calles cada vez mas angostas y revueltas, hasta que su guía por fin aminoró el paso antes de llegar a una plaza… una plaza escondida y olvidada, rodeada por casuchas mal construidas en las que algunos habitantes de Paris apenas sobrevivían.
En medio de la plaza había una fuente sin una gota de agua, de su centro se erguía una estatua, que sin indicación alguna mostraba un jinete montado en un magnífico caballo alado, sosteniendo sus patas delanteras en el aire.
Cyrano y LeBret contemplaban el lugar mientras su respiración se regulaba, y miraron a Canelle entrar a la fuente y sentarse a los pies del caballo, sonriendo. Se miraron antes de seguirla.
-Ya que ustedes me han contado tanto hoy, les contaré algo yo también.- dijo radiante cuando sus compañeros se sentaron a cada lado de ella. –Encontré esta plaza cuando era pequeña… muy pequeña… estaba perdida, exhausta y hambrienta… pero al ver esta estatua me sentí mejor. Pasé la noche acurrucada entre las patas del caballo, y al día siguiente pude retomar la marcha.-
Volteó un poco para acariciar la estatua. –Fue la primera vez que sentí que no sobreviría hasta la mañana siguiente… pero al ver esta plaza supe que si podía estar aquí todavía, aunque nadie caminara por ella, aunque nadie lo recordara, aunque la fuente estuviera seca... entonces yo podría seguir adelante. Este ángel me dio nuevas fuerzas y un refugio para pasar la noche.-
Cyrano estiró la mano y con firmeza la puso sobre la de la jovencita, tocando con la punta de sus dedos al frío caballo. Ella sintió que su otra mano también era suavemente estrechada por LeBret.
-Os juro, damisela mía, que no volveréis a estar sola ni desprotegida mientras los Cadetes de Gasuña puedan impedirlo. ¿No es así, Cyrano?
Cyrano asintió solemnemente, antes de dedicarle una cálida sonrisa a Canelle.
La joven se sintió tan conmovida que al tratar de agradecer se dio cuenta de que un nudo en la garganta no se lo permitía. Acomodó sobre su regazo sus manos, aún sostenidas por las de ellos, y cabizbaja se quedó en silencio. Igual que sus amigos.
Silencio.
Cristina no sabía que era peor: si la desgarradora música, los intentos de Erik por entretenerla y hacerla conversar, sus desesperados ruegos de amor, o el silencio en aquella casa en medio de un Lago negro… una prisión… una tumba…
En aquella espléndida cama, tan abismalmente diferente al féretro que reposaba en otra habitación, Cristina se cubrió los oídos para evitar que los inundara el mortal silencio.
-Raúl.- susurró apenas con fuerzas, en un desesperado intento por luchar contra el silencio.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Figúrense el ataque de frikes cuando, en mi primera visita a la biblioteca de la UAM-A, en la que le di una exhaustiva revisión a la sección de literatura, me encontré con El Otro Mundo.
No encontré un portal secreto ni nada, sino el libro escrito por Cyrano de Bergerac… el verdadero. En el prólogo del mismo me enteré de asuntos variados, algunos de ellos los he mencionado en este capítulo, como que LeBret se llamaba Henry, que se conocían desde niños y fue quien se encargó de publicar por primera vez el libro bajo el título “Historia Cómica del los Estados e Imperios del Sol y de la Luna”. Con una buena censurada, pero al menos no dejó morir su obra igual que el autor. Se supone que la versión que leí es la mas correcta. Iba a ser una trilogía, pero Cyrano murió antes de escribir “La Centella” que sería la tercera parte.
LeBret: ¿Era necesario que hicieras público mi nombre? ¬¬
-Bueno, pero dije que lo detestabas y que no permitías que nadie te llamara así, por lo tanto nadie te llamará Henry :3
LeBret: Has vuelto a mencionarlo ¬¬
-o.o Si te vas a enojar contigo entonces tómalo como castigo por desaparecerte. Te necesito aquí, ¿sabes?
LeBret: Discúlpame por no ser un irresponsable como Cyrano y no escaparme del cuartel cada vez que Carbon se voltea ¬¬
-Pues te escapaste hoy…
LeBret: Esteeemmm… además, ¿para qué? Apuesto lo que sea a que eso de la “damisela” solo fue para él un jueguito caballeresco.
-A Canelle debe caerle el veinte de que es una damisela, si no a nadie mas puede caerle, ¿ves?
LeBret: Y supongo que querrás que hable con Cyrano para que deje de gruñirte evitando escribir cada vez que aparezca Chrisitian… ¿pero quién hablará con Erik?
-Pues en circunstancias normales no le hablaría a Cristina, pero… ¡este capítulo se atascó TRES semanas!
LeBret: Que triste pensar que nuestro destino está en tus manos…
-¡OYE!
**LeBret emprende una graciosa huída (mas bien una desaparición mágica)**
miércoles, 22 de octubre de 2008
Convergencia 16
Capítulo dieciséis.
Amigos.
-Estoy listo.
Se repitió Christian mirándose al espejo por última vez. Había tardado mucho mas de lo habitual en su arreglo personal; al principio porque había revisado una y otra vez su guardarropa con completa indecisión, ese día no era común, iba a decirle a su celestino y maestro que ya no lo necesitaba. Pero al momento de elegir por fin la ropa que le pareció mas adecuada, volvieron a aquejarle las dudas y el miedo. Dubitativo y temeroso, cada movimiento le había tomado al menos el doble del tiempo acostumbrado, y al momento de mirarse al espejo con el peine en la mano, sus pensamientos se centraron en sus hermosas y simétricas facciones, sus ojos claros y despiertos y su cabellera rubia y rizada (un poco desordenada por las horas de sueño, pero aún así…).
Era hermoso, no había duda, tantas personas se lo habían dicho: desde sus padres, sus abuelos y sus melosas tías, los “amigos” de la familia… el veinteañero Felipe de Chagny, por ejemplo, había conseguido recordarlo y a su esporádico compañero de juegos Raul), montones de chicas, claro, y Cyrano y… y eso pensaba Roxana también. Pero nadie le había dicho nunca que era ágil o fuerte o talentoso… o inteligente. ¿Realmente aquel hermoso muchacho que lo miraba desde dentro del espejo solo era aceptado, apreciado y juzgado por su apariencia? ¿Todos lo veían solo como un reflejo, como una imagen plana y vacía cuyo único uso era dejarse observar? ¿Lo querrían cerca si tuviera, por ejemplo, una nariz descomunal… o le faltara un ojo o algo así?
¿Lo amaría Roxana si fuera feo?
-¡Auch!
Un fuerte y doloroso jalón en su cabello lo regresó a la realidad. Aquella pregunta lo había atacado incesantemente durante días, por lo que había decidido desechar toda la farsa y presentarse ante Roxana tal cual era de una vez por todas. Si al conocer al verdadero Christian, Roxana seguía amándolo, sería el hombre más dichoso del mundo, y si no… bueno, ya estaba harto de ese jueguito de mentiras y sentía que con todo el tiempo que había pasado junto a Cyrano había aprendido lo suficiente el arte de enamorar.
Se regaló a si mismo una sonrisa, complacido. Tomó los guantes, dio el último vistazo al espejo y sintiéndose listo tanto física como internamente salió de su casa para buscar a Cyrano en el cuartel. Su cómplice, su maestro… su amigo.
El muchacho no imaginaba que en ese momento Cyrano de Bergerac se encontraba en la calle de san Honorato, y ni él ni nadie podían imaginar a esas alturas su posición actual: con una joven en brazos.
Cyrano no había notado siquiera que la chica se había paralizado al contacto con su cuerpo, solo Canelle podía sentir como poco a poco sus músculos se relajaban de nuevo, y su corazón aminoraba sus latidos dejando su amenaza de salírsele del pecho, muy despacio tomó conciencia del calor de Cyrano, de su barbilla recargada en su cabeza y la fuerte firmeza con que sus brazos la estrechaban hacia él. Nunca antes la habían abrazado…
Él no podía darse cuenta de nada, lo que el pastelero acababa de revelarle inocentemente golpeaba su cabeza con furia: Canelle, la chica en sus brazos, la jovencita que hacía unos días le había librado de una enardecida multitud, la tramoyista de la Ópera… había sido una solitaria niña con las calles como su hogar, sola había tenido que luchar para no morirse de hambre o frío, de gente perversa que abusa de los débiles, de la cruel realidad… eso explicaba su fuerza, su agilidad… y su humildad y nobleza…. Las cualidades ideales para un amigo de Cyrano de Bergerac.
Ella por fin pudo reaccionar. Rodeó con sus brazos la cintura de Cyrano tanto como pudo, aquél abrazo al tenía inmovilizada. Y parecía que había paralizado también el tiempo, el mundo entero. Todo volvió a la vida de golpe cuando Cyrano la soltó y le regaló una sonrisa… ella sonrió también.
Al voltear a mirar a su alrededor, observó como todos los poetas desviaban la mirada hacia cualquier otra parte en un apresurado disimulo. Ragueneau ya no estaba.
Canelle volvió a mirar a Cyrano cuando sintió que este tomaba su mano con firmeza y la condujo hacia un aparador semi-vacío que daba a la calle por un enorme ventanal, se sentó y apartando los pocos pastelillos junto a él le hizo ademán de que se sentara. La joven obedeció, quedando casi frente a él, se sentía extraña… mareada… atontada… no podía pensar en nada concreto, era como si estuviera soñando.
-Conque una ladrona.
-¡¿Qué?! No, no, no… ¡NO!- aquello le cayó como un torrente de agua helada… “una ladrona”, ¡por supuesto! ¡Eso fue lo que le dio el impulso de poner sus pies en polvorosa, pero lo resistió! Ahora Cyrano creía que había sido una ladronzuela… ¿cómo podría una ladrona ser amiga de un caballero que tenía su honor en tan alta importancia? ¿La escucharía? ¿Le creería?
-¡Por favor, por favor, no me juzgues aún!- suplicó desesperadamente, tomándole el antebrazo –Debes escucharlo todo, yo no he sido una ladrona…-
Cyrano resopló, si ella se había puesto tan nerviosa, entonces… entonces… entonces estaba prejuzgándola, ¿cierto? Miró esos ojos suplicantes, esos labios temblorosos… debía escucharla.
-Pues verás, yo…- comenzó la chica, vacilante, aunque Cyrano no la había detenido, tampoco le indicó que le permitía explicarse… solamente la miraba con expresión grave -…yo… crecí en la calle, ¡sí! No tengo ningún recuerdo de una casa o unos padres, desde que recuerdo estoy sola. Tenías que arreglártelas por ti mismo o con un poco de ayuda de otros niños. Yo los conocía bien a todos, pero no hablaba con ellos a menos que de verdad lo necesitara. Ya lo viste, entré a una pastelería a robar… aunque, si te consuela, fue la primera y última vez que lo intenté, mi costumbre era más bien mendigar, pero los demás niños me dijeron que robar traía mas ganancias…
Cyrano imaginó a una pequeña Canelle mendigando en una solitaria calle de Paris… la imagen fue tan real que se preguntó si alguna vez la habría visto…
-Una mañana…- Canelle continuó, mirando fuera de la ventana -… apareció un niño… en realidad no era un niño, era demasiado grande! No supimos de donde venía, pero se autonombró el líder del área, y dijo que tendríamos que obedecerlo y darle parte de nuestras ganancias…- Sonrió maliciosamente y miró de soslayo a su interlocutor -…obviamente, ¡no iba a tener MI dinero!-
Cyrano miró sorprendida a la chica –Y entonces, ¿qué hiciste?
-Me le eché encima a golpes, mientras los demás huían para no verse implicados.- completó ella con orgullo –Definitivamente fue la mejor decisión de mi vida, José Buquet pasaba por ahí y detuvo la pelea, me dijo que esa fuerza no debía desperdiciarse en peleas callejeras, que me llevaría a un lugar mejor.- Su rostro volvió a ensombrecerse –Traía un tremendo aliento a resaca que no pensé que hablaba en serio, pero no tenía nada que perder y lo seguí… me llevó a la Opera… y me aceptaron como…- sonríe tristemente -… pues prácticamente como bestia de carga… pero cuando veía a las estrellas en el escenario, y escuchaba los aplausos… deseaba hacer lo mismo, ¡aún lo deseo! Pero, ¿qué oportunidad tengo? ¿Cómo puedo competir contra esas voces y esa belleza? Si solo soy una tosca tramoyista…
La chica se quedó mirando a la calle, en silencio. Cyrano la miraba intentando comprender…
-¡Canelle!-
Distraídamente, ambos voltearon al escuchar la voz de Ragueneau, quien sonriente les ofrecía sus mejores productos.
-¿De crema esta bien? Y este otro es en honor a tu nombre: canela en la masa, ¿lo ves?.-
Cyrano no pudo evitar reírse, Ragueneau, el pastelero, su amigo de tantos años… era su amigo por eso: su comida, sus sonrisas, su benevolencia, su alegría… aquel fingido despiste que no era más que su fuerza para enfrentar cualquier problema… en ese momento le estaba ofreciendo pastelillos a quien alguna vez había intentado robar su negocio. Y la pobre chica solo lo miraba sorprendida, luchando por controlar sus ganas de huir y esconderse.
Canelle lo miró, sin comprender porqué se reía… de hecho, nunca lo había visto reir de esa manera. Miró a Ragueneau, que aun le ofrecía un par de pastelillos que parecían irresistibles, su sonrisa parecía invencible… la risa de Cyrano, la sonrisa de Ragueneau… la joven sonrió encantadoramente y aceptó. Comprendió que todo estaba bien, que era aceptada… que estaba entre amigos.
-Muchas gracias.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
AGH! Alguien dígale a Cyrano que Canelle NO es un niño! ¬¬ Ah… ¿saben quien me faltó? LeBret… hace mucho que no sale regañando al sensei o.o
Amigos.
-Estoy listo.
Se repitió Christian mirándose al espejo por última vez. Había tardado mucho mas de lo habitual en su arreglo personal; al principio porque había revisado una y otra vez su guardarropa con completa indecisión, ese día no era común, iba a decirle a su celestino y maestro que ya no lo necesitaba. Pero al momento de elegir por fin la ropa que le pareció mas adecuada, volvieron a aquejarle las dudas y el miedo. Dubitativo y temeroso, cada movimiento le había tomado al menos el doble del tiempo acostumbrado, y al momento de mirarse al espejo con el peine en la mano, sus pensamientos se centraron en sus hermosas y simétricas facciones, sus ojos claros y despiertos y su cabellera rubia y rizada (un poco desordenada por las horas de sueño, pero aún así…).
Era hermoso, no había duda, tantas personas se lo habían dicho: desde sus padres, sus abuelos y sus melosas tías, los “amigos” de la familia… el veinteañero Felipe de Chagny, por ejemplo, había conseguido recordarlo y a su esporádico compañero de juegos Raul), montones de chicas, claro, y Cyrano y… y eso pensaba Roxana también. Pero nadie le había dicho nunca que era ágil o fuerte o talentoso… o inteligente. ¿Realmente aquel hermoso muchacho que lo miraba desde dentro del espejo solo era aceptado, apreciado y juzgado por su apariencia? ¿Todos lo veían solo como un reflejo, como una imagen plana y vacía cuyo único uso era dejarse observar? ¿Lo querrían cerca si tuviera, por ejemplo, una nariz descomunal… o le faltara un ojo o algo así?
¿Lo amaría Roxana si fuera feo?
-¡Auch!
Un fuerte y doloroso jalón en su cabello lo regresó a la realidad. Aquella pregunta lo había atacado incesantemente durante días, por lo que había decidido desechar toda la farsa y presentarse ante Roxana tal cual era de una vez por todas. Si al conocer al verdadero Christian, Roxana seguía amándolo, sería el hombre más dichoso del mundo, y si no… bueno, ya estaba harto de ese jueguito de mentiras y sentía que con todo el tiempo que había pasado junto a Cyrano había aprendido lo suficiente el arte de enamorar.
Se regaló a si mismo una sonrisa, complacido. Tomó los guantes, dio el último vistazo al espejo y sintiéndose listo tanto física como internamente salió de su casa para buscar a Cyrano en el cuartel. Su cómplice, su maestro… su amigo.
El muchacho no imaginaba que en ese momento Cyrano de Bergerac se encontraba en la calle de san Honorato, y ni él ni nadie podían imaginar a esas alturas su posición actual: con una joven en brazos.
Cyrano no había notado siquiera que la chica se había paralizado al contacto con su cuerpo, solo Canelle podía sentir como poco a poco sus músculos se relajaban de nuevo, y su corazón aminoraba sus latidos dejando su amenaza de salírsele del pecho, muy despacio tomó conciencia del calor de Cyrano, de su barbilla recargada en su cabeza y la fuerte firmeza con que sus brazos la estrechaban hacia él. Nunca antes la habían abrazado…
Él no podía darse cuenta de nada, lo que el pastelero acababa de revelarle inocentemente golpeaba su cabeza con furia: Canelle, la chica en sus brazos, la jovencita que hacía unos días le había librado de una enardecida multitud, la tramoyista de la Ópera… había sido una solitaria niña con las calles como su hogar, sola había tenido que luchar para no morirse de hambre o frío, de gente perversa que abusa de los débiles, de la cruel realidad… eso explicaba su fuerza, su agilidad… y su humildad y nobleza…. Las cualidades ideales para un amigo de Cyrano de Bergerac.
Ella por fin pudo reaccionar. Rodeó con sus brazos la cintura de Cyrano tanto como pudo, aquél abrazo al tenía inmovilizada. Y parecía que había paralizado también el tiempo, el mundo entero. Todo volvió a la vida de golpe cuando Cyrano la soltó y le regaló una sonrisa… ella sonrió también.
Al voltear a mirar a su alrededor, observó como todos los poetas desviaban la mirada hacia cualquier otra parte en un apresurado disimulo. Ragueneau ya no estaba.
Canelle volvió a mirar a Cyrano cuando sintió que este tomaba su mano con firmeza y la condujo hacia un aparador semi-vacío que daba a la calle por un enorme ventanal, se sentó y apartando los pocos pastelillos junto a él le hizo ademán de que se sentara. La joven obedeció, quedando casi frente a él, se sentía extraña… mareada… atontada… no podía pensar en nada concreto, era como si estuviera soñando.
-Conque una ladrona.
-¡¿Qué?! No, no, no… ¡NO!- aquello le cayó como un torrente de agua helada… “una ladrona”, ¡por supuesto! ¡Eso fue lo que le dio el impulso de poner sus pies en polvorosa, pero lo resistió! Ahora Cyrano creía que había sido una ladronzuela… ¿cómo podría una ladrona ser amiga de un caballero que tenía su honor en tan alta importancia? ¿La escucharía? ¿Le creería?
-¡Por favor, por favor, no me juzgues aún!- suplicó desesperadamente, tomándole el antebrazo –Debes escucharlo todo, yo no he sido una ladrona…-
Cyrano resopló, si ella se había puesto tan nerviosa, entonces… entonces… entonces estaba prejuzgándola, ¿cierto? Miró esos ojos suplicantes, esos labios temblorosos… debía escucharla.
-Pues verás, yo…- comenzó la chica, vacilante, aunque Cyrano no la había detenido, tampoco le indicó que le permitía explicarse… solamente la miraba con expresión grave -…yo… crecí en la calle, ¡sí! No tengo ningún recuerdo de una casa o unos padres, desde que recuerdo estoy sola. Tenías que arreglártelas por ti mismo o con un poco de ayuda de otros niños. Yo los conocía bien a todos, pero no hablaba con ellos a menos que de verdad lo necesitara. Ya lo viste, entré a una pastelería a robar… aunque, si te consuela, fue la primera y última vez que lo intenté, mi costumbre era más bien mendigar, pero los demás niños me dijeron que robar traía mas ganancias…
Cyrano imaginó a una pequeña Canelle mendigando en una solitaria calle de Paris… la imagen fue tan real que se preguntó si alguna vez la habría visto…
-Una mañana…- Canelle continuó, mirando fuera de la ventana -… apareció un niño… en realidad no era un niño, era demasiado grande! No supimos de donde venía, pero se autonombró el líder del área, y dijo que tendríamos que obedecerlo y darle parte de nuestras ganancias…- Sonrió maliciosamente y miró de soslayo a su interlocutor -…obviamente, ¡no iba a tener MI dinero!-
Cyrano miró sorprendida a la chica –Y entonces, ¿qué hiciste?
-Me le eché encima a golpes, mientras los demás huían para no verse implicados.- completó ella con orgullo –Definitivamente fue la mejor decisión de mi vida, José Buquet pasaba por ahí y detuvo la pelea, me dijo que esa fuerza no debía desperdiciarse en peleas callejeras, que me llevaría a un lugar mejor.- Su rostro volvió a ensombrecerse –Traía un tremendo aliento a resaca que no pensé que hablaba en serio, pero no tenía nada que perder y lo seguí… me llevó a la Opera… y me aceptaron como…- sonríe tristemente -… pues prácticamente como bestia de carga… pero cuando veía a las estrellas en el escenario, y escuchaba los aplausos… deseaba hacer lo mismo, ¡aún lo deseo! Pero, ¿qué oportunidad tengo? ¿Cómo puedo competir contra esas voces y esa belleza? Si solo soy una tosca tramoyista…
La chica se quedó mirando a la calle, en silencio. Cyrano la miraba intentando comprender…
-¡Canelle!-
Distraídamente, ambos voltearon al escuchar la voz de Ragueneau, quien sonriente les ofrecía sus mejores productos.
-¿De crema esta bien? Y este otro es en honor a tu nombre: canela en la masa, ¿lo ves?.-
Cyrano no pudo evitar reírse, Ragueneau, el pastelero, su amigo de tantos años… era su amigo por eso: su comida, sus sonrisas, su benevolencia, su alegría… aquel fingido despiste que no era más que su fuerza para enfrentar cualquier problema… en ese momento le estaba ofreciendo pastelillos a quien alguna vez había intentado robar su negocio. Y la pobre chica solo lo miraba sorprendida, luchando por controlar sus ganas de huir y esconderse.
Canelle lo miró, sin comprender porqué se reía… de hecho, nunca lo había visto reir de esa manera. Miró a Ragueneau, que aun le ofrecía un par de pastelillos que parecían irresistibles, su sonrisa parecía invencible… la risa de Cyrano, la sonrisa de Ragueneau… la joven sonrió encantadoramente y aceptó. Comprendió que todo estaba bien, que era aceptada… que estaba entre amigos.
-Muchas gracias.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
AGH! Alguien dígale a Cyrano que Canelle NO es un niño! ¬¬ Ah… ¿saben quien me faltó? LeBret… hace mucho que no sale regañando al sensei o.o
Convergencia 15
Capítulo 15
Acerca de mi
Aún no estaba suficientemente oscuro… si era verdad que el Fantasma de la Ópera podía estar en cualquier parte, entonces para estar segura, buscaría el lugar más oscuro, escondido y lúgubre para llamarlo. La escucharía, ¿no es así? Pensó en cientos de pasillos conectados de alguna manera, por los cuales viajaban todas las voces del Palacio hasta oídos de aquel Espectro… ¿Porqué entonces no había notado que se llevaban a su gata? Fleur miró a Gabriel que caminaba junto a ella, en silencio… preocupado… jamás lo había visto así antes…
-No te preocupes, Gabriel, a juzgar por sus cartas, creo que este Fantasma puede entender razones, no perderás a Ayesha.- dijo con una sonrisa condescendiente y alborotándole un poco el cabello.
-Pero… ¿si es suya?- Gabriel había estado preocupado y triste desde que Fleur había hablado con el maestro de coros, y había comprendido la razón por la que estaban en el Palacio… ni siquiera había podido reírse de aquel relato en que ese señor con quien compartía nombre, había tropezado, rodado por las escaleras, golpeado y sangrado por haber visto un esqueleto en frac… le hubiera causado miedo si el esqueleto lo hubiera perseguido, pero solo había pasado caminando por ahí, eso le convirtió el relato de terrorífico a cómico.
-¿Y si la extraña?- completó la pregunta el angustiado niño –Creo que este Fantasma es real, y debe ser suficientemente triste ser un fantasma para además perder a tu mascota…-
Fleur miró enternecida a Gabriel. Mientras ella estaba preocupada porque se hiciera pública su verdadera identidad, a Gabriel le preocupaba que el mismo Fantasma estuviera preocupado y triste por un gato.
-No te preocupes.- murmuró la joven acariciando el cabello del pequeño –Hablaremos, y lo arreglaremos todo.
Mientras tanto, el Sol ya llenaba de luz las calles de Paris, con la alegría y bullicio habituales. Llegaban a la calle de San Honorato dos figuras contrastantes que llamaban la atención al pasar: una joven con pantalones y sombrero de hombre, y la imponente figura de Cyrano de Bergerac, perfectamente conocido por esos rumbos. Aunque la novedad de que Cyrano estuviera acompañado por una jovencita, y que éste la mirara de vez en vez con un dejo de tristeza mientras ella mantenía la cabeza baja, resultaba más intrigante aun que una mujer con vestimenta de hombre.
La puerta de la popular pastelería de Ragueneau se abrió con un firme empujón, y la fuerte voz de Cyrano emitió un saludo que hizo que todos los poetas ahí reunidos giraran la cabeza, y con la boca llena de dulces delicias, respondieron con la mayor informalidad y desaliño.
Canelle sonrió mirando el lugar. Nadie le había dedicado una mirada reprobatoria, aunque algunos la miraban con legítima curiosidad.
-¡Ea!- exclamó uno de los poetas, acercándose con un par de bollos calientitos en las manos -¡Esto sí que es singular! ¿Quién es vuestra bella acompañante?-
Canelle bajó la mirada, apenada, Cyrano le presentó sencillamente, y el poeta regresó a su desayuno.
-Encajaras aquí, ¿lo ves?- dijo Cyrano sonriendo, dándole una palmadita en la espalda a la chica –Mientras dure, por supuesto.- se acercó a ella y adoptó un tono mas confidencial –Los pasteles que ves ahora son menos de la mitad de los que hubieras visto hace un mes, todos tenemos por seguro que este lugar no permanecerá abierto ni dos semanas mas, por eso te traje…-
Se llevó el índice a los labios antes de guiñarle un ojo, con lo que Canelle comprendió que debía ser prudente respecto a lo que acababa de escuchar. Echó un vistazo al lugar… se veía bastante miserable y sería sumamente triste sin los bullangeros artistas. Aun así, los pocos pasteles que ocupaban los aparadores lucían irresistiblemente tentadores, y Canelle sintió la vaga sensación de que ya había sentido ese apetito por cosas dulces exactamente igual alguna vez… no… no podía ser… se esforzó entonces en imaginarse el lugar lleno de panes, pasteles y dulces similares… y el recuerdo de un rostro regordete y afable irrumpió en su memoria.
-¡Oh, cielos!- exclamó bajito… tal vez… esa calle… esa pastelería… -Cyrano… creo que no debería estar aquí…-
-¿De que hablas? A Ragueneau le fascinará conocerte.- Cyrano no podía mas que sonreírle -¿En donde estará?-
Y precisamente en ese momento, el famoso pastelero salía de la cocina, regañando a un muchachito que traía unos pollos ensartados a punto de caerse. Al voltear la mirada y ver a su amigo aun en la puerta, se dirigió hacia él. Ragueneau entonces reparó en su joven acompañante, que lo miraba son los ojos bien abiertos, como si se esforzara en reconocerlo, pero él nunca la había visto… ¿o sí?
Mientras la distancia se acortaba entre ellos, ambos se miraban intentando reconocer las facciones del otro, y de pronto, a fuerza de observar, Ragueneau descubrió en aquellas facciones ahora juveniles, un rostro infantil… y asustado…
-¡CANELLE!- exclamó atrapándola en un abrazo, del que la joven no pudo alcanzar a escapar (aunque claramente lo intentó).
-¡AAAAAAH! ¡Lo siento, lo siento, no lo he vuelto a hacer, de veras! – gritó la joven aterrada, tratando de zafarze de aquellos brazos con desespero.
Y Cyrano de Bergerac se encontró completamente perplejo.
-Fleur, ya me cansé.-
El niño ya había perdido la cuenta de cuanto habían caminado, bajado escaleras y se preguntaba que tan profundo podría llegar aquella impresionante construcción.
-Creo que aquí está ya suficientemente oscuro…- su miedo había crecido conforme la oscuridad los rodeaba cada vez mas, y ya no le parecía tan buena idea.
Fleur se detuvo y resopló. –Sí, creo que sí.- Ante el terror del niño, Fleur apagó la lámpara de gas que había iluminado su andar hasta entonces. Se quedaron en una oscuridad y silencio absolutos… sintió que Gabriel palpaba buscando su brazo, y cuando finalmente lo encontró, se aferró a él con fuerza, temblando.
-Tranquilo…- masculló distraídamente, estaba ocupada pensando… ¿y ahora qué?
-Ehm… pues… este… ¿Monsieur Fantasma?- preguntó sintiéndose bastante estúpida al hablarle a la nada.
-Tal vez tengas que hablar más fuerte…- musitó Gabriel bajito, con la voz temblorosa.
Fleur suspiró. Tenía que escucharse mas firme, al menos.-Monsieur Fantasma de la Ópera, tengo que hablar con usted personalmente, por eso estoy aquí.-
Silencio… esperaron un momento, Fleur abrió la boca para volver a hablar, cuando una ráfaga de viento helado cruzó el pasillo. Sintió como el rostro del niño se pegaba a ella, y lo abrazó con el brazo que le había quedado libre.
-Madmoiselle Blanche, bienvenida.- una voz fuerte y profunda llenó todo el lugar, la impresión de la joven disminuyó al sentir Gabriel temblaba de miedo incontroladamente. -Bienvenido usted también, Mesieur Gabriel, me complace que sepa usted que puedo ser alguien temible, pero solo deben temerme mis enemigos.-
Gabriel gimió. Por supuesto que tenía razón para temerle, se había llevado a su gato, al gato del temible Fantasma de la Ópera, si le robas algo a alguien, te vuelves su enemigo.
-Disculpe la intromisión…- comenzó a hablar Fleur, tranquila. Tras el susto inicial, se dio cuenta de que el tono de aquella voz no era preocupante -…verá usted, recibí una carta, y decía que usted era el remitente. Por el contenido de la misma, temí que solo era alguien declarando ser usted para chantajearme, así que decidí averiguarlo buscándolo personalmente, antes de caer en su juego respondiendo la misiva.-
La voz rió, una risa complacida invadió el lugar. Gabriel temblaba cada vez más y Fleur presionó un poco más su brazo hacia él, temiendo que el pequeño pudiera desmayarse.
-Me queda claro que estoy tratando con una persona muy perspicaz, atributo esencial de una periodista, la felicito, Mademoiselle. He sido yo mismo quien ha escrito esa carta, y usted debe comprender los términos que ella comprende, ¿no es así? ¿Has cuidado bien a Ayesha, Gabriel?-
El niño dio un brinquito de susto al escuchar su nombre.
-Tranquilo, contesta…- susurró Fleur esforzándose en brindarle confianza al niño.
-E… ella… no quiere comer…- respondió por fin el pequeño, completamente temeroso.
-Eso es comprensible, está acostumbrada al salmón y al caviar, y creo que para ustedes esos alimentos son un tanto… inaccesibles…
Gabriel respringó, totalmente sorprendido y extrañado, ¿un gato que comía salmón y caviar? ¡Él nunca lo había probado en su vida!
-Verás, pequeño amigo.- continuó la voz –Te agradezco que hayas cuidado a mi gata, creo que se enfadó conmigo y escapó. Y pudo pasarle algo malo si tú no la hubieras encontrado. Pero creo que debe regresar conmigo, a su casa, ¿o tú que opinas?-
-Se escapó…- respondió el niño, ahora algo molesto -…¡no se la regresaré si va a descuidarla! Yo la quiero, y ella me quiere.-
Fleur se sintió alarmada de pronto: ¿Gabriel estaba retando al Fantasma-de-la-Ópera?
De nuevo la risa complaciente.
-Tú y Ayesha tendrán que disculparme, lo que sucedió fue totalmente extraordinario, y prometo que no volverá a ocurrir. Si en realidad se han tomado cariño mutuamente, podrás venir a visitarla, eso si cumplen su parte del trato. Ustedes saben… silencio, discreción.
El niño sonrió, sentía que había triunfado sobre un ejército entero, ¡y podría seguir viendo a Gato!
-Es interesante…- intervino por fin Fleur -…que haya usted tomado tantas medidas solo por tener se regreso a su mascota. Dígame, por favor, ¿qué hay de esa pareja llegada de Amiens?
-Oh, sí, un matrimonio realmente interesante, que se ha unido a la práctica de usar este Palacio como aparador.- respondió la voz con un tono algo burlón –Seguramente les alegraría saber que nos son los únicos de ese pueblecito que han prosperado, seguramente encontrarán realmente interesante que aquella pequeña Selene, que tantos problemas causó, es ahora una famosa periodista conocida como Fleur Blanche.-
La joven sintió un escalofrío. Realmente lo sabía todo. Que había quedado huérfana a muy temprana edad, y se había convertido en la protegida del mas rico comerciante de su pueblecito olvidado por la mano de Dios. Que para atender el comerció había aprendido a leer, escribir y hacer cuentas, y con el tiempo su agudo oído había captado hasta la mas mínima intimidad que se hablaba en el almacén. Nadie la miraba con buenos ojos desde que había cometido el error de demostrar cuánto sabía en realidad… nadie quería cerca a una niña que sabía demasiado. Harta de los desprecios, en cuanto tuvo la edad suficiente huyó a Paris, con un poco de dinero que había juntado en el almacén, y había solicitado el puesto vacante en el periódico La Época, presentándose con un nuevo nombre, que había adoptado para acompañar su nueva vida.
-Comprenderá usted entonces que debía averiguar algo suficientemente convincente por si su palabra no fuera suficiente en un voto de discreción.- continuó la voz tranquilamente, Fleur se mordió el labio. Él lo tenía todo bajo control.
-Yo no diré nada.- se adelantó a decir Gabriel –Te lo prometo, Fleur te podrá decir muy bien que yo cumplo mis promesas.
-Sí, es verdad…- dijo Fleur vagamente, aquello le parecía una ilusión -…Gabriel tiene toda mi confianza, él también sabe todo sobre mi pasado, y cuenta usted con mi voto de discreción si yo cuento con el suyo.-
-Tenemos un trato, entonces.- completó la voz seriamente –El viernes por la noche, cuando ya todos los espectadores se hayan ido, nos encontraremos en la calle Scribe para que recoja a Ayesha. –
-¿Encontrarnos? Quiere decir… ¿qué nos veremos?- preguntó Fleur sorprendida, ¿realmente el Fantasma iba a mostrarse?
-Tal vez. Depende de ustedes que no cambie de opinión.- respondió la voz –Hasta entonces. Y mientras tanto, he dejado algo de dinero para que le compren a Ayesha algo de comida.-
Y la voz desapareció. Fleur y Gabriel se quedaron un rato quietos y en completo silencio… no podían creer todo lo que había ocurrido. Era real, ¡el Fantasma de la Ópera era real!.
-No es un fantasma, ¿verdad, Fleur?- preguntó Gabriel finalmente, mientras ella encendía de nuevo la lámpara.
-Me temo que no. Y eso significa que si no cumplimos el trato, en verdad tendremos razones para tener miedo.- respondió Fleur señalando un fajillo de billetes a sus pies.
Canelle por fin se había soltado de aquel efusivo (demasiado) abrazo, y había corrido hacia la puerta, pero Cyrano la había detenido firmemente por un brazo y regresado junto a él.
-¿Qué sucede aquí?-
Canelle agachó la cabeza… no quería que lo supiera… ¿qué iba a pensar? No debió aceptar ir con él a la pastelería, ahora comprendía porque el nombre de Ragueneau le sonaba tan familiar… debió reconocer el lugar de inmediato y marcharse…
-¿No lo sabes, amigo mío?- preguntó con gran alegría el afable pastelero –Es una historia muy graciosa, en realidad.-
-¡No es graciosa!- exclamó Canelle aguijoneada por la vergüenza –No le gustaría saberlo, en verdad. Cyrano, yo…- le dirigió a Cyrano una mirada suplicándole marchar… y no pudo sostenérsela ni dos segundos.
-Quiero saber.- inquirió Cyrano, tomando la mano de la joven –No te preocupes. Prometo que no afectará mi imagen sobre ti.-
Canelle asintió sin atreverse a levantar la mirada, derrotada. Y el pastelero comenzó su alegre relato.
-Una noche sufría de insomnio, y finalmente decidí levantarme de la cama, Lisa dormía a pierna suelta y no lo notó. Al acercarme a la cocina escuché ruidos, y eran ruidos muy fuertes para ser causados por un ratón-
Canelle tenía tantas ganas de huir, cuando Cyrano escuchara la historia completa… por mas que se lo hubiera prometido, no podría verla igual. Apretó su mano con fuerza para obligarse a quedarse ahí.
-Así que al llegar a la cocina comencé a buscar, ¡y me llevé una gran sorpresa con lo que me encontré! Agazapada en un rincón, temblando como un verdadero ratoncito asustado, había una pequeña niña aferrando en sus brazos un jarrón con una de mis mas preciadas posesiones.-Ragueneau irrumpió en risas antes de continuar entrecortadamente -¡Canela! ¡Mi canela en polvo, importada desde la India!-
El lugar se quedó en silencio excepto por las risas de Ragueneau.
Una niña… canela en polvo…
Cyrano volteó a mirar a la joven que aun estaba aferrada a su mano, temblando.
-¡Eras tú!-
Canelle se encogió de hombros y agachó aun más la cabeza, sus labios comenzaron a temblar.
-Esta niña no tenía casa, ni dinero, ni siquiera un nombre.- continuó Ragueneau al parar de reir, totalmente ajeno a lo perturbada que se veía la muchacha -Le ofrecí un trabajo, y la llamé Canelle. Pero la niña tenía orgullo, aceptó el nombre y un par de bollos, per me dijo que pertenecía a las calles, y no podía dejarlas. ¡Y miren ahora!- el pastelero extendió sus regordetes brazos, como si fuera a abrazar a la temblorosa chica de nuevo -¡Esta aquí de nuevo, y al parecer, es amiga de mi gran amigo, Cyrano de Bergerac!-
Silencio de nuevo… Cyrano miraba a Canelle, tratando de aceptar lo que acababa de escuchar.
¿Ella había sido nada mas que una ladroncilla de la calle? Nada mas que el desecho de la sociedad… Canelle… esa chica que ahora estaba junto a él, tomada de su mano… atormentada y asustada, incapaz de mirarlo… tomada de su mano…
Se zafó de esa mano que parecía tan decidida a no soltar la suya, volteó hacia ella y sin decir una palabra, la abrazó.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
¡Oh, Dios! ¡Que hermosa imagen esa última!
Por mas que escribí, borré y reescribí, no pude hacer el capítulo mas corto, disculpen. Empecé este capítulo muchas veces, no me quedaba, pero al fin estoy satisfecha.
Ahora ya saben que Canelle y Fleur, no siempre fueron Canelle y Fleur ;) Es interesante que siendo tan diferentes tengan eso en común: ambas son huérfanas y terminaron abriéndose paso a la vida. Aunque Fleur la tuvo más fácil, por eso aunque son de edades similares, Canelle suele parecer mayor.
"Acerca de mí": Título fusilado de un capítulo de Clover, no del Hi5 ni del Facebook.
Acerca de mi
Aún no estaba suficientemente oscuro… si era verdad que el Fantasma de la Ópera podía estar en cualquier parte, entonces para estar segura, buscaría el lugar más oscuro, escondido y lúgubre para llamarlo. La escucharía, ¿no es así? Pensó en cientos de pasillos conectados de alguna manera, por los cuales viajaban todas las voces del Palacio hasta oídos de aquel Espectro… ¿Porqué entonces no había notado que se llevaban a su gata? Fleur miró a Gabriel que caminaba junto a ella, en silencio… preocupado… jamás lo había visto así antes…
-No te preocupes, Gabriel, a juzgar por sus cartas, creo que este Fantasma puede entender razones, no perderás a Ayesha.- dijo con una sonrisa condescendiente y alborotándole un poco el cabello.
-Pero… ¿si es suya?- Gabriel había estado preocupado y triste desde que Fleur había hablado con el maestro de coros, y había comprendido la razón por la que estaban en el Palacio… ni siquiera había podido reírse de aquel relato en que ese señor con quien compartía nombre, había tropezado, rodado por las escaleras, golpeado y sangrado por haber visto un esqueleto en frac… le hubiera causado miedo si el esqueleto lo hubiera perseguido, pero solo había pasado caminando por ahí, eso le convirtió el relato de terrorífico a cómico.
-¿Y si la extraña?- completó la pregunta el angustiado niño –Creo que este Fantasma es real, y debe ser suficientemente triste ser un fantasma para además perder a tu mascota…-
Fleur miró enternecida a Gabriel. Mientras ella estaba preocupada porque se hiciera pública su verdadera identidad, a Gabriel le preocupaba que el mismo Fantasma estuviera preocupado y triste por un gato.
-No te preocupes.- murmuró la joven acariciando el cabello del pequeño –Hablaremos, y lo arreglaremos todo.
Mientras tanto, el Sol ya llenaba de luz las calles de Paris, con la alegría y bullicio habituales. Llegaban a la calle de San Honorato dos figuras contrastantes que llamaban la atención al pasar: una joven con pantalones y sombrero de hombre, y la imponente figura de Cyrano de Bergerac, perfectamente conocido por esos rumbos. Aunque la novedad de que Cyrano estuviera acompañado por una jovencita, y que éste la mirara de vez en vez con un dejo de tristeza mientras ella mantenía la cabeza baja, resultaba más intrigante aun que una mujer con vestimenta de hombre.
La puerta de la popular pastelería de Ragueneau se abrió con un firme empujón, y la fuerte voz de Cyrano emitió un saludo que hizo que todos los poetas ahí reunidos giraran la cabeza, y con la boca llena de dulces delicias, respondieron con la mayor informalidad y desaliño.
Canelle sonrió mirando el lugar. Nadie le había dedicado una mirada reprobatoria, aunque algunos la miraban con legítima curiosidad.
-¡Ea!- exclamó uno de los poetas, acercándose con un par de bollos calientitos en las manos -¡Esto sí que es singular! ¿Quién es vuestra bella acompañante?-
Canelle bajó la mirada, apenada, Cyrano le presentó sencillamente, y el poeta regresó a su desayuno.
-Encajaras aquí, ¿lo ves?- dijo Cyrano sonriendo, dándole una palmadita en la espalda a la chica –Mientras dure, por supuesto.- se acercó a ella y adoptó un tono mas confidencial –Los pasteles que ves ahora son menos de la mitad de los que hubieras visto hace un mes, todos tenemos por seguro que este lugar no permanecerá abierto ni dos semanas mas, por eso te traje…-
Se llevó el índice a los labios antes de guiñarle un ojo, con lo que Canelle comprendió que debía ser prudente respecto a lo que acababa de escuchar. Echó un vistazo al lugar… se veía bastante miserable y sería sumamente triste sin los bullangeros artistas. Aun así, los pocos pasteles que ocupaban los aparadores lucían irresistiblemente tentadores, y Canelle sintió la vaga sensación de que ya había sentido ese apetito por cosas dulces exactamente igual alguna vez… no… no podía ser… se esforzó entonces en imaginarse el lugar lleno de panes, pasteles y dulces similares… y el recuerdo de un rostro regordete y afable irrumpió en su memoria.
-¡Oh, cielos!- exclamó bajito… tal vez… esa calle… esa pastelería… -Cyrano… creo que no debería estar aquí…-
-¿De que hablas? A Ragueneau le fascinará conocerte.- Cyrano no podía mas que sonreírle -¿En donde estará?-
Y precisamente en ese momento, el famoso pastelero salía de la cocina, regañando a un muchachito que traía unos pollos ensartados a punto de caerse. Al voltear la mirada y ver a su amigo aun en la puerta, se dirigió hacia él. Ragueneau entonces reparó en su joven acompañante, que lo miraba son los ojos bien abiertos, como si se esforzara en reconocerlo, pero él nunca la había visto… ¿o sí?
Mientras la distancia se acortaba entre ellos, ambos se miraban intentando reconocer las facciones del otro, y de pronto, a fuerza de observar, Ragueneau descubrió en aquellas facciones ahora juveniles, un rostro infantil… y asustado…
-¡CANELLE!- exclamó atrapándola en un abrazo, del que la joven no pudo alcanzar a escapar (aunque claramente lo intentó).
-¡AAAAAAH! ¡Lo siento, lo siento, no lo he vuelto a hacer, de veras! – gritó la joven aterrada, tratando de zafarze de aquellos brazos con desespero.
Y Cyrano de Bergerac se encontró completamente perplejo.
-Fleur, ya me cansé.-
El niño ya había perdido la cuenta de cuanto habían caminado, bajado escaleras y se preguntaba que tan profundo podría llegar aquella impresionante construcción.
-Creo que aquí está ya suficientemente oscuro…- su miedo había crecido conforme la oscuridad los rodeaba cada vez mas, y ya no le parecía tan buena idea.
Fleur se detuvo y resopló. –Sí, creo que sí.- Ante el terror del niño, Fleur apagó la lámpara de gas que había iluminado su andar hasta entonces. Se quedaron en una oscuridad y silencio absolutos… sintió que Gabriel palpaba buscando su brazo, y cuando finalmente lo encontró, se aferró a él con fuerza, temblando.
-Tranquilo…- masculló distraídamente, estaba ocupada pensando… ¿y ahora qué?
-Ehm… pues… este… ¿Monsieur Fantasma?- preguntó sintiéndose bastante estúpida al hablarle a la nada.
-Tal vez tengas que hablar más fuerte…- musitó Gabriel bajito, con la voz temblorosa.
Fleur suspiró. Tenía que escucharse mas firme, al menos.-Monsieur Fantasma de la Ópera, tengo que hablar con usted personalmente, por eso estoy aquí.-
Silencio… esperaron un momento, Fleur abrió la boca para volver a hablar, cuando una ráfaga de viento helado cruzó el pasillo. Sintió como el rostro del niño se pegaba a ella, y lo abrazó con el brazo que le había quedado libre.
-Madmoiselle Blanche, bienvenida.- una voz fuerte y profunda llenó todo el lugar, la impresión de la joven disminuyó al sentir Gabriel temblaba de miedo incontroladamente. -Bienvenido usted también, Mesieur Gabriel, me complace que sepa usted que puedo ser alguien temible, pero solo deben temerme mis enemigos.-
Gabriel gimió. Por supuesto que tenía razón para temerle, se había llevado a su gato, al gato del temible Fantasma de la Ópera, si le robas algo a alguien, te vuelves su enemigo.
-Disculpe la intromisión…- comenzó a hablar Fleur, tranquila. Tras el susto inicial, se dio cuenta de que el tono de aquella voz no era preocupante -…verá usted, recibí una carta, y decía que usted era el remitente. Por el contenido de la misma, temí que solo era alguien declarando ser usted para chantajearme, así que decidí averiguarlo buscándolo personalmente, antes de caer en su juego respondiendo la misiva.-
La voz rió, una risa complacida invadió el lugar. Gabriel temblaba cada vez más y Fleur presionó un poco más su brazo hacia él, temiendo que el pequeño pudiera desmayarse.
-Me queda claro que estoy tratando con una persona muy perspicaz, atributo esencial de una periodista, la felicito, Mademoiselle. He sido yo mismo quien ha escrito esa carta, y usted debe comprender los términos que ella comprende, ¿no es así? ¿Has cuidado bien a Ayesha, Gabriel?-
El niño dio un brinquito de susto al escuchar su nombre.
-Tranquilo, contesta…- susurró Fleur esforzándose en brindarle confianza al niño.
-E… ella… no quiere comer…- respondió por fin el pequeño, completamente temeroso.
-Eso es comprensible, está acostumbrada al salmón y al caviar, y creo que para ustedes esos alimentos son un tanto… inaccesibles…
Gabriel respringó, totalmente sorprendido y extrañado, ¿un gato que comía salmón y caviar? ¡Él nunca lo había probado en su vida!
-Verás, pequeño amigo.- continuó la voz –Te agradezco que hayas cuidado a mi gata, creo que se enfadó conmigo y escapó. Y pudo pasarle algo malo si tú no la hubieras encontrado. Pero creo que debe regresar conmigo, a su casa, ¿o tú que opinas?-
-Se escapó…- respondió el niño, ahora algo molesto -…¡no se la regresaré si va a descuidarla! Yo la quiero, y ella me quiere.-
Fleur se sintió alarmada de pronto: ¿Gabriel estaba retando al Fantasma-de-la-Ópera?
De nuevo la risa complaciente.
-Tú y Ayesha tendrán que disculparme, lo que sucedió fue totalmente extraordinario, y prometo que no volverá a ocurrir. Si en realidad se han tomado cariño mutuamente, podrás venir a visitarla, eso si cumplen su parte del trato. Ustedes saben… silencio, discreción.
El niño sonrió, sentía que había triunfado sobre un ejército entero, ¡y podría seguir viendo a Gato!
-Es interesante…- intervino por fin Fleur -…que haya usted tomado tantas medidas solo por tener se regreso a su mascota. Dígame, por favor, ¿qué hay de esa pareja llegada de Amiens?
-Oh, sí, un matrimonio realmente interesante, que se ha unido a la práctica de usar este Palacio como aparador.- respondió la voz con un tono algo burlón –Seguramente les alegraría saber que nos son los únicos de ese pueblecito que han prosperado, seguramente encontrarán realmente interesante que aquella pequeña Selene, que tantos problemas causó, es ahora una famosa periodista conocida como Fleur Blanche.-
La joven sintió un escalofrío. Realmente lo sabía todo. Que había quedado huérfana a muy temprana edad, y se había convertido en la protegida del mas rico comerciante de su pueblecito olvidado por la mano de Dios. Que para atender el comerció había aprendido a leer, escribir y hacer cuentas, y con el tiempo su agudo oído había captado hasta la mas mínima intimidad que se hablaba en el almacén. Nadie la miraba con buenos ojos desde que había cometido el error de demostrar cuánto sabía en realidad… nadie quería cerca a una niña que sabía demasiado. Harta de los desprecios, en cuanto tuvo la edad suficiente huyó a Paris, con un poco de dinero que había juntado en el almacén, y había solicitado el puesto vacante en el periódico La Época, presentándose con un nuevo nombre, que había adoptado para acompañar su nueva vida.
-Comprenderá usted entonces que debía averiguar algo suficientemente convincente por si su palabra no fuera suficiente en un voto de discreción.- continuó la voz tranquilamente, Fleur se mordió el labio. Él lo tenía todo bajo control.
-Yo no diré nada.- se adelantó a decir Gabriel –Te lo prometo, Fleur te podrá decir muy bien que yo cumplo mis promesas.
-Sí, es verdad…- dijo Fleur vagamente, aquello le parecía una ilusión -…Gabriel tiene toda mi confianza, él también sabe todo sobre mi pasado, y cuenta usted con mi voto de discreción si yo cuento con el suyo.-
-Tenemos un trato, entonces.- completó la voz seriamente –El viernes por la noche, cuando ya todos los espectadores se hayan ido, nos encontraremos en la calle Scribe para que recoja a Ayesha. –
-¿Encontrarnos? Quiere decir… ¿qué nos veremos?- preguntó Fleur sorprendida, ¿realmente el Fantasma iba a mostrarse?
-Tal vez. Depende de ustedes que no cambie de opinión.- respondió la voz –Hasta entonces. Y mientras tanto, he dejado algo de dinero para que le compren a Ayesha algo de comida.-
Y la voz desapareció. Fleur y Gabriel se quedaron un rato quietos y en completo silencio… no podían creer todo lo que había ocurrido. Era real, ¡el Fantasma de la Ópera era real!.
-No es un fantasma, ¿verdad, Fleur?- preguntó Gabriel finalmente, mientras ella encendía de nuevo la lámpara.
-Me temo que no. Y eso significa que si no cumplimos el trato, en verdad tendremos razones para tener miedo.- respondió Fleur señalando un fajillo de billetes a sus pies.
Canelle por fin se había soltado de aquel efusivo (demasiado) abrazo, y había corrido hacia la puerta, pero Cyrano la había detenido firmemente por un brazo y regresado junto a él.
-¿Qué sucede aquí?-
Canelle agachó la cabeza… no quería que lo supiera… ¿qué iba a pensar? No debió aceptar ir con él a la pastelería, ahora comprendía porque el nombre de Ragueneau le sonaba tan familiar… debió reconocer el lugar de inmediato y marcharse…
-¿No lo sabes, amigo mío?- preguntó con gran alegría el afable pastelero –Es una historia muy graciosa, en realidad.-
-¡No es graciosa!- exclamó Canelle aguijoneada por la vergüenza –No le gustaría saberlo, en verdad. Cyrano, yo…- le dirigió a Cyrano una mirada suplicándole marchar… y no pudo sostenérsela ni dos segundos.
-Quiero saber.- inquirió Cyrano, tomando la mano de la joven –No te preocupes. Prometo que no afectará mi imagen sobre ti.-
Canelle asintió sin atreverse a levantar la mirada, derrotada. Y el pastelero comenzó su alegre relato.
-Una noche sufría de insomnio, y finalmente decidí levantarme de la cama, Lisa dormía a pierna suelta y no lo notó. Al acercarme a la cocina escuché ruidos, y eran ruidos muy fuertes para ser causados por un ratón-
Canelle tenía tantas ganas de huir, cuando Cyrano escuchara la historia completa… por mas que se lo hubiera prometido, no podría verla igual. Apretó su mano con fuerza para obligarse a quedarse ahí.
-Así que al llegar a la cocina comencé a buscar, ¡y me llevé una gran sorpresa con lo que me encontré! Agazapada en un rincón, temblando como un verdadero ratoncito asustado, había una pequeña niña aferrando en sus brazos un jarrón con una de mis mas preciadas posesiones.-Ragueneau irrumpió en risas antes de continuar entrecortadamente -¡Canela! ¡Mi canela en polvo, importada desde la India!-
El lugar se quedó en silencio excepto por las risas de Ragueneau.
Una niña… canela en polvo…
Cyrano volteó a mirar a la joven que aun estaba aferrada a su mano, temblando.
-¡Eras tú!-
Canelle se encogió de hombros y agachó aun más la cabeza, sus labios comenzaron a temblar.
-Esta niña no tenía casa, ni dinero, ni siquiera un nombre.- continuó Ragueneau al parar de reir, totalmente ajeno a lo perturbada que se veía la muchacha -Le ofrecí un trabajo, y la llamé Canelle. Pero la niña tenía orgullo, aceptó el nombre y un par de bollos, per me dijo que pertenecía a las calles, y no podía dejarlas. ¡Y miren ahora!- el pastelero extendió sus regordetes brazos, como si fuera a abrazar a la temblorosa chica de nuevo -¡Esta aquí de nuevo, y al parecer, es amiga de mi gran amigo, Cyrano de Bergerac!-
Silencio de nuevo… Cyrano miraba a Canelle, tratando de aceptar lo que acababa de escuchar.
¿Ella había sido nada mas que una ladroncilla de la calle? Nada mas que el desecho de la sociedad… Canelle… esa chica que ahora estaba junto a él, tomada de su mano… atormentada y asustada, incapaz de mirarlo… tomada de su mano…
Se zafó de esa mano que parecía tan decidida a no soltar la suya, volteó hacia ella y sin decir una palabra, la abrazó.
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¡Oh, Dios! ¡Que hermosa imagen esa última!
Por mas que escribí, borré y reescribí, no pude hacer el capítulo mas corto, disculpen. Empecé este capítulo muchas veces, no me quedaba, pero al fin estoy satisfecha.
Ahora ya saben que Canelle y Fleur, no siempre fueron Canelle y Fleur ;) Es interesante que siendo tan diferentes tengan eso en común: ambas son huérfanas y terminaron abriéndose paso a la vida. Aunque Fleur la tuvo más fácil, por eso aunque son de edades similares, Canelle suele parecer mayor.
"Acerca de mí": Título fusilado de un capítulo de Clover, no del Hi5 ni del Facebook.
Convergencia 14
Capítulo catorce
Escribir, por ejemplo.
Estimado M. Fantasma…
-¡Ay, no es posible!
Se dijo a si misma Fleur Blanche, borroneando el “Estimado”. Hizo una bolita compacta con la hoja que termino en el cesto de basura y tomó otra.
M. Fantasma.
Agradezco lo correcto que ha sido usted con su anterior carta, y lo menos que podía hacer era corresponderle de la misma manera. Pero me temo que estamos atorados en un predicamento. Gabriel ya se ha encariñado con Ayesha, y es una crueldad quitarle un gato a un niño.
¿Salmón y caviar, dice usted? Por experiencia propia puedo decirle que con hambre lo que sea es bueno, Ayesha ya comerá.
Respecto a la discreción… nos conviene a ambos, ¿cierto? Y si puede usted confiar en mi discreción, me gustaría citarme con usted en algún momento para discutir nuestros asuntos: el destino de Ayesha y como se enteró usted de la identidad de Selene.
La correspondencia sin duda es elegante, pero me gustaría asegurarme de que estoy hablando con El Fantasma de la Ópera y no con alguien que finge serlo.
¿Será posible?
Queda de usted, entonces.
Fleur Blanche
Llevaba ya todo el día escribiendo esa carta, y no dejaba de parecerle una ridiculez. ¿Pero qué mas podía hacer? ¿Regresar al gato dejándose chantajear, si era un farsante? Sin duda, la idea de que realmente El Fantasma de la Ópera estuviera en contacto con ella era más que interesante, una oportunidad así no podría desperdiciarse, aunque tuviera que guardar discreción.
Dobló la carta y la metió en un sobre… y se dio cuenta de algo. ¿A dónde tenía que enviarla? Su próxima visita al Palacio de la Ópera resultaba urgente… pero era ya más de media noche, y no era del todo seguro andar por las calles de Paris. Además, quería explicárselo a Gabriel; no explicarle las cosas sería insultar la inteligencia del niño.
El bullicio de los tramoyistas despertó a Canelle, y un par de palabras que pudo entender le informaron que se había perdido el desayuno. Había dormido de más.
Unos minutos después caminaba por los pasillos, había descansado esplendorosamente y la pérdida de la primera comida no le pareció tan terrible, incluso se había sentido de humor para ponerse aquél sombrero que podría tener malas pulgas, y soportar las burlas que una chica con sombrero de hombre levantó entre sus compañeros.
-Ignóralos, se necesita cabeza para llenar un sombrero.
Canelle volteó contenta, el ritual de invocación del sombrero había funcionado. Cyrano la miraba desde el pasillo tangente con su habitual sonrisa de autocomplacencia. Caminó hasta donde él estaba y lo saludó.
-Muchas gracias.- dijo ella, agradeciendo el cumplido -¿Qué te trae por aquí?
-Necesito escapar. ¿Me ayudas?- respondió Cyrano con una mirada cómplice –Mi amigo Ragueneau está hundido en la tristeza porque su esposa lo ha dejado, y Christian me ha pedido hablar conmigo hoy. Necesito estar con alguien que no ruegue por mi ayuda.
-Quedarme callada es mi especialidad.- afirmó Canelle con orgullo –Y tengo entendido que hoy tenemos el día libre, voy contigo.
Canelle salió junto a Cyrano, siendo presa de las miradas de toda la gente que había a su paso. De alguna manera, se sintió apabullada… como si todas aquellas miradas le reprocharan, o envidiaran, o recriminaran algo… nunca había sido importante para nadie excepto por su fuerza y habilidad para el trabajo, y sabía que todos le tenían cierto rencor por haber sido traída al Palacio por José Buquet. Salir ahora junto a un caballero que no pertenecía a la comunidad del Palacio, sin duda resultaba algo poco aprobatorio.
Pues bien, ante tal diluvio de miradas, el ánimo de Canelle terminó en el suelo para cuando habían cruzado la puerta del Palacio… caminó en silencio junto a Cyrano, quien no había notado nada, y caminaba por las empedradas calles con su altivez habitual.
-¿Salió? ¿Cómo que salió?
Fleur Blanche no había contemplado la posibilidad de que una tramoyista saliera del Palacio. No podía pensar en nadie más que pudiera ayudarle a encontrar al Fantasma, todos los demás lo tenían por tema de burla, terror o indiferencia…. Excepto…
Se dirigió a donde el coro ensayaba.
Después de responder una descarada mirada de odio de un adornado caballero que antes caminaba pavoneadamente por la calle con una sonrisa, Cyrano volteó a mirar a Canelle con gesto triunfante… y se dio cuenta de que ella estaba mas bien ausente...
-¿Qué te sucede?- preguntó confundido, estaba muy animada cuando la encontró.
-Nada.- respondió Canelle tras un sobresalto, se dio cuenta de lo ida que debía verse al mirar la expresión preocupada de su acompañante. Sonrió sin mucha convicción, estaba ahí para acompañarlo y hacerlo olvidar los problemas, no para argumentarle los suyos.
Comenzó a silbar fingiendo despreocupación, adelantándose con un par de brinquitos.
-¿A dónde vamos?- preguntó sonriente, aunque en realidad el destino no le importaba.
Demasiado tarde… a Cyrano le había quedado claro que su amiga no estaba bien.
-A la pastelería de Ragueneau, ¿nunca has ido?- dijo contento, indicándole el camino con un movimiento de cabeza.
-No… nunca…- respondió Canelle después de titubear un rato, siempre le había sonado conocido el nombre del famoso pastelero.
-Tiene los mejores pasteles de Paris, no hay manera de estar triste si los comes.- explicó él con entusiasmo, apresurando el paso y alcanzándola.
-Yo no puedo estar triste si estás conmigo, Cyrano.- dijo Canelle sin mirarlo.
Cyrano no dijo nada, se colocó junto a Canelle y ambos caminaron en silencio.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Very nice. He retornao. Este capítulo ya estaba terminado, pero le di una releída al libro y me di cuenta de que las cosas no podían continuar como lo planeaba. Hay cambios, sin duda, se me está viniendo el tiempo encima en ambas historias, y me vi precisada a hacer pausas en ambos.
En el próximo capítulo Erik nos mostrará sus encantos una vez mas, para todos aquellos que lo extrañen.
Escribir, por ejemplo.
Estimado M. Fantasma…
-¡Ay, no es posible!
Se dijo a si misma Fleur Blanche, borroneando el “Estimado”. Hizo una bolita compacta con la hoja que termino en el cesto de basura y tomó otra.
M. Fantasma.
Agradezco lo correcto que ha sido usted con su anterior carta, y lo menos que podía hacer era corresponderle de la misma manera. Pero me temo que estamos atorados en un predicamento. Gabriel ya se ha encariñado con Ayesha, y es una crueldad quitarle un gato a un niño.
¿Salmón y caviar, dice usted? Por experiencia propia puedo decirle que con hambre lo que sea es bueno, Ayesha ya comerá.
Respecto a la discreción… nos conviene a ambos, ¿cierto? Y si puede usted confiar en mi discreción, me gustaría citarme con usted en algún momento para discutir nuestros asuntos: el destino de Ayesha y como se enteró usted de la identidad de Selene.
La correspondencia sin duda es elegante, pero me gustaría asegurarme de que estoy hablando con El Fantasma de la Ópera y no con alguien que finge serlo.
¿Será posible?
Queda de usted, entonces.
Fleur Blanche
Llevaba ya todo el día escribiendo esa carta, y no dejaba de parecerle una ridiculez. ¿Pero qué mas podía hacer? ¿Regresar al gato dejándose chantajear, si era un farsante? Sin duda, la idea de que realmente El Fantasma de la Ópera estuviera en contacto con ella era más que interesante, una oportunidad así no podría desperdiciarse, aunque tuviera que guardar discreción.
Dobló la carta y la metió en un sobre… y se dio cuenta de algo. ¿A dónde tenía que enviarla? Su próxima visita al Palacio de la Ópera resultaba urgente… pero era ya más de media noche, y no era del todo seguro andar por las calles de Paris. Además, quería explicárselo a Gabriel; no explicarle las cosas sería insultar la inteligencia del niño.
El bullicio de los tramoyistas despertó a Canelle, y un par de palabras que pudo entender le informaron que se había perdido el desayuno. Había dormido de más.
Unos minutos después caminaba por los pasillos, había descansado esplendorosamente y la pérdida de la primera comida no le pareció tan terrible, incluso se había sentido de humor para ponerse aquél sombrero que podría tener malas pulgas, y soportar las burlas que una chica con sombrero de hombre levantó entre sus compañeros.
-Ignóralos, se necesita cabeza para llenar un sombrero.
Canelle volteó contenta, el ritual de invocación del sombrero había funcionado. Cyrano la miraba desde el pasillo tangente con su habitual sonrisa de autocomplacencia. Caminó hasta donde él estaba y lo saludó.
-Muchas gracias.- dijo ella, agradeciendo el cumplido -¿Qué te trae por aquí?
-Necesito escapar. ¿Me ayudas?- respondió Cyrano con una mirada cómplice –Mi amigo Ragueneau está hundido en la tristeza porque su esposa lo ha dejado, y Christian me ha pedido hablar conmigo hoy. Necesito estar con alguien que no ruegue por mi ayuda.
-Quedarme callada es mi especialidad.- afirmó Canelle con orgullo –Y tengo entendido que hoy tenemos el día libre, voy contigo.
Canelle salió junto a Cyrano, siendo presa de las miradas de toda la gente que había a su paso. De alguna manera, se sintió apabullada… como si todas aquellas miradas le reprocharan, o envidiaran, o recriminaran algo… nunca había sido importante para nadie excepto por su fuerza y habilidad para el trabajo, y sabía que todos le tenían cierto rencor por haber sido traída al Palacio por José Buquet. Salir ahora junto a un caballero que no pertenecía a la comunidad del Palacio, sin duda resultaba algo poco aprobatorio.
Pues bien, ante tal diluvio de miradas, el ánimo de Canelle terminó en el suelo para cuando habían cruzado la puerta del Palacio… caminó en silencio junto a Cyrano, quien no había notado nada, y caminaba por las empedradas calles con su altivez habitual.
-¿Salió? ¿Cómo que salió?
Fleur Blanche no había contemplado la posibilidad de que una tramoyista saliera del Palacio. No podía pensar en nadie más que pudiera ayudarle a encontrar al Fantasma, todos los demás lo tenían por tema de burla, terror o indiferencia…. Excepto…
Se dirigió a donde el coro ensayaba.
Después de responder una descarada mirada de odio de un adornado caballero que antes caminaba pavoneadamente por la calle con una sonrisa, Cyrano volteó a mirar a Canelle con gesto triunfante… y se dio cuenta de que ella estaba mas bien ausente...
-¿Qué te sucede?- preguntó confundido, estaba muy animada cuando la encontró.
-Nada.- respondió Canelle tras un sobresalto, se dio cuenta de lo ida que debía verse al mirar la expresión preocupada de su acompañante. Sonrió sin mucha convicción, estaba ahí para acompañarlo y hacerlo olvidar los problemas, no para argumentarle los suyos.
Comenzó a silbar fingiendo despreocupación, adelantándose con un par de brinquitos.
-¿A dónde vamos?- preguntó sonriente, aunque en realidad el destino no le importaba.
Demasiado tarde… a Cyrano le había quedado claro que su amiga no estaba bien.
-A la pastelería de Ragueneau, ¿nunca has ido?- dijo contento, indicándole el camino con un movimiento de cabeza.
-No… nunca…- respondió Canelle después de titubear un rato, siempre le había sonado conocido el nombre del famoso pastelero.
-Tiene los mejores pasteles de Paris, no hay manera de estar triste si los comes.- explicó él con entusiasmo, apresurando el paso y alcanzándola.
-Yo no puedo estar triste si estás conmigo, Cyrano.- dijo Canelle sin mirarlo.
Cyrano no dijo nada, se colocó junto a Canelle y ambos caminaron en silencio.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Very nice. He retornao. Este capítulo ya estaba terminado, pero le di una releída al libro y me di cuenta de que las cosas no podían continuar como lo planeaba. Hay cambios, sin duda, se me está viniendo el tiempo encima en ambas historias, y me vi precisada a hacer pausas en ambos.
En el próximo capítulo Erik nos mostrará sus encantos una vez mas, para todos aquellos que lo extrañen.
Convergencia 13
Capítulo 13
Molestias Fantasmales
Fleur Blanche abrió un ojo. Durante dos días, las risas no habían parado en su morada, a causa del nuevo inquilino.
La nueva inquilina. El animalito había resultado ser hembra, aunque Gabriel simplemente lo llamaba “Gato”.
Fleur había dormido mal, Gabriel y “Gato” se dormían tarde y después madrugaban para jugar, y cuando finalmente todo quedaba en tranquilidad y silencio… de pronto ella sentía un par de ojos observándolos… la sensación duraba horas, y le causaba insomnio.
Además… la minina se había negado a comer… solo bebía ocasionalmente algo de leche.
Tal vez traer al gato no había sido tan buena idea.
Levantarse de la cama y mirar a Gabriel la hicieron cambiar de opinión. No lo había visto tan contento desde… bueno, en realidad nunca lo había visto tan contento, y la gata parecía corresponderle.
-Vamos, Gabriel, jugarás después, tenemos cosas que hacer.- dijo desperezándose.
Le echó un vistazo al piso… estaba un poco desordenado. Lo poco que podría estar con sus pocas posesiones. Pero cada objeto, por mínimo que fuera, lo había ganado con su propio esfuerzo.
De pronto notó algo que no era suyo… por debajo de la puerta se asomaba algo blanco… un sobre. Se acercó a recogerlo, y sintió un escalofrío: leyó su nombre en el destinatario, con aquella caligrafía impecable y escrita con tinta roja que había visto su primera noche en el Palacio de la Ópera.
Abrió el sobre con nerviosismo, si todo ese asunto era una broma… ¿porqué la incluían a ella? La carta en el interior estaba escrita igualmente con una caligrafía notable.
Gabriel no le había hecho el menor caso, y seguía jugando. Fleur se sentó en el sofá y comenzó a leer.
Estimada reportera.
Ha leído usted bien, “estimada”, ya que su participación en mis asuntos ha sido de lo más propia y adecuada, y no me ha dado usted ninguna razón de disgusto.
Incluso ha cuidado bien a mi gata.
“Gato” se llama en realidad Ayesha, y es de mi propiedad. Le agradezco los cuidados que tan humanamente le ha brindado, pero le agradecería mucho mas que me la devolviera. Está acostumbrada a mi, y además, su falta de apetito es porque ella solo gusta del salmón y el caviar, su situación a duras penas le permite mantenerse a usted misma y al pequeño Gabriel, el salmón y el caviar se saldrían un poco de su presupuesto, ¿no es así?
Espero su comprensión, y espero que este asunto se conserve solo entre nosotros. Su discreción será bien remunerada, de comentar algo con alguien más, yo podría decirle un par de cosas a ese matrimonio recién llegado de Amiens; seguro que encontrarán muy interesante el destino de la pequeña Selene.
Considere muy bien la situación, puede dejar a Ayesha en el Palacio la próxima vez que lo visite, ella encontrará el camino de regreso.
Su obediente servidor F. de la O.
Fleur se quedó como en trance… se pellizcó para asegurarse que no estaba soñando. Aquella carta era totalmente inverosímil. ¿”Gato” se llamaba Ayesha y era la mascota de el Fantasma de la Ópera? ¿El mismo Fantasma sabía quien era Selene? ¿Ayesha solo comía salmón y caviar????
Miró de nuevo a Gabriel jugando con la gata… era realmente algo que debía considerar muy bien.
Canelle se había levantado temprano, La Carlota había llegado a primera mañana exigiendo ensayos exhaustivos.
-¡Pero si puede berrear sin tramoya!- se quejó por enésima vez, antes de dejar escapar un bostezo. Estaba decidiendo que era peor: la madrugada o la voz de la Diva, que comenzaba a vocalizar.
Recordó entonces a Cristina Daaé… y deseó buscar a ese tal Fantasma y pedirle que regresara a la chica… para que La Carlota dejara de acaparar protagonismo. Esa idea de los ensayos a primera hora del día no era más que otro de los desesperados intentos de la Diva por mostrar su superioridad.
“¡Aquella corista no puede superarme, y yo me encargaré de recordárselos!”
Repitió arremedándola desde arriba.
Si tan solo pudiera hablar con el Fantasma…
Fleur Blanche estaba sentada en la redacción de La Época. No se le había asignado ninguna tarea, pero escribía sobre un papel, borroneaba con líneas frenéticas y volvía a escribir una y otra vez.
¿Cómo se le responde a un Fantasma? Un Fantasma bastante amable, en realidad, y que incluso la había llamado “Estimada”. ¿Cómo podía explicarle que Gabriel ya se había encariñado con Ayesha, y era cruel quitarle un animal a un niño? También debía preguntarle como sabía sobre Selene y Amiens… y definitivamente, era imperativo confirmar que si él era discreto, ella lo sería también. Se sentía de lo más tonta tratando de escribir todo eso…
Si tan solo pudiera hablar con el tal Fantasma…
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
He retornado.
Los musos me habían abandonado de nuevo… misteriosamente, creo que se van junto con la actividad académica… ay no sé.
Dos capítulos sin Cyrano, lo extrañooooo!!!! T_T
Molestias Fantasmales
Fleur Blanche abrió un ojo. Durante dos días, las risas no habían parado en su morada, a causa del nuevo inquilino.
La nueva inquilina. El animalito había resultado ser hembra, aunque Gabriel simplemente lo llamaba “Gato”.
Fleur había dormido mal, Gabriel y “Gato” se dormían tarde y después madrugaban para jugar, y cuando finalmente todo quedaba en tranquilidad y silencio… de pronto ella sentía un par de ojos observándolos… la sensación duraba horas, y le causaba insomnio.
Además… la minina se había negado a comer… solo bebía ocasionalmente algo de leche.
Tal vez traer al gato no había sido tan buena idea.
Levantarse de la cama y mirar a Gabriel la hicieron cambiar de opinión. No lo había visto tan contento desde… bueno, en realidad nunca lo había visto tan contento, y la gata parecía corresponderle.
-Vamos, Gabriel, jugarás después, tenemos cosas que hacer.- dijo desperezándose.
Le echó un vistazo al piso… estaba un poco desordenado. Lo poco que podría estar con sus pocas posesiones. Pero cada objeto, por mínimo que fuera, lo había ganado con su propio esfuerzo.
De pronto notó algo que no era suyo… por debajo de la puerta se asomaba algo blanco… un sobre. Se acercó a recogerlo, y sintió un escalofrío: leyó su nombre en el destinatario, con aquella caligrafía impecable y escrita con tinta roja que había visto su primera noche en el Palacio de la Ópera.
Abrió el sobre con nerviosismo, si todo ese asunto era una broma… ¿porqué la incluían a ella? La carta en el interior estaba escrita igualmente con una caligrafía notable.
Gabriel no le había hecho el menor caso, y seguía jugando. Fleur se sentó en el sofá y comenzó a leer.
Estimada reportera.
Ha leído usted bien, “estimada”, ya que su participación en mis asuntos ha sido de lo más propia y adecuada, y no me ha dado usted ninguna razón de disgusto.
Incluso ha cuidado bien a mi gata.
“Gato” se llama en realidad Ayesha, y es de mi propiedad. Le agradezco los cuidados que tan humanamente le ha brindado, pero le agradecería mucho mas que me la devolviera. Está acostumbrada a mi, y además, su falta de apetito es porque ella solo gusta del salmón y el caviar, su situación a duras penas le permite mantenerse a usted misma y al pequeño Gabriel, el salmón y el caviar se saldrían un poco de su presupuesto, ¿no es así?
Espero su comprensión, y espero que este asunto se conserve solo entre nosotros. Su discreción será bien remunerada, de comentar algo con alguien más, yo podría decirle un par de cosas a ese matrimonio recién llegado de Amiens; seguro que encontrarán muy interesante el destino de la pequeña Selene.
Considere muy bien la situación, puede dejar a Ayesha en el Palacio la próxima vez que lo visite, ella encontrará el camino de regreso.
Su obediente servidor F. de la O.
Fleur se quedó como en trance… se pellizcó para asegurarse que no estaba soñando. Aquella carta era totalmente inverosímil. ¿”Gato” se llamaba Ayesha y era la mascota de el Fantasma de la Ópera? ¿El mismo Fantasma sabía quien era Selene? ¿Ayesha solo comía salmón y caviar????
Miró de nuevo a Gabriel jugando con la gata… era realmente algo que debía considerar muy bien.
Canelle se había levantado temprano, La Carlota había llegado a primera mañana exigiendo ensayos exhaustivos.
-¡Pero si puede berrear sin tramoya!- se quejó por enésima vez, antes de dejar escapar un bostezo. Estaba decidiendo que era peor: la madrugada o la voz de la Diva, que comenzaba a vocalizar.
Recordó entonces a Cristina Daaé… y deseó buscar a ese tal Fantasma y pedirle que regresara a la chica… para que La Carlota dejara de acaparar protagonismo. Esa idea de los ensayos a primera hora del día no era más que otro de los desesperados intentos de la Diva por mostrar su superioridad.
“¡Aquella corista no puede superarme, y yo me encargaré de recordárselos!”
Repitió arremedándola desde arriba.
Si tan solo pudiera hablar con el Fantasma…
Fleur Blanche estaba sentada en la redacción de La Época. No se le había asignado ninguna tarea, pero escribía sobre un papel, borroneaba con líneas frenéticas y volvía a escribir una y otra vez.
¿Cómo se le responde a un Fantasma? Un Fantasma bastante amable, en realidad, y que incluso la había llamado “Estimada”. ¿Cómo podía explicarle que Gabriel ya se había encariñado con Ayesha, y era cruel quitarle un animal a un niño? También debía preguntarle como sabía sobre Selene y Amiens… y definitivamente, era imperativo confirmar que si él era discreto, ella lo sería también. Se sentía de lo más tonta tratando de escribir todo eso…
Si tan solo pudiera hablar con el tal Fantasma…
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
He retornado.
Los musos me habían abandonado de nuevo… misteriosamente, creo que se van junto con la actividad académica… ay no sé.
Dos capítulos sin Cyrano, lo extrañooooo!!!! T_T
Convergencia 12
Capítulo doce
Ayesha
¿Cómo había podido hacer semejante cosa? Él se lo había dicho claramente: la máscara no debía tocarse. Y ahora nunca sería libre, nunca podría librarse de aquella pesadilla de la casa del lago, y aunque él decidiera dejarla partir, nunca sería libre de aquella infernal visión. La visión del rostro de él… que no era la de un Ángel, ni la de un Fantasma, era simplemente Erik, un hombre… que luce como un cadáver… un cadáver que profesa un amor inmenso.
¿Y ahora que debía hacer? ¿Quedarse encerrada en esa habitación hasta morir? ¿Enfrentarlo? Aquella música le impedía pensar claramente, la música más terrible y grandiosa que jamás había escuchado, salía del gigantesco órgano como el más desgarrador de los lamentos desde hacía un tiempo. Don Juan Triunfante tenía sometidos sus oídos. Y de pronto reinó el silencio…
Erik se levantó, tocar su Don Juan Triunfante sin haberlo terminado no lo satisfacía ni siquiera para resignarse. ¿Qué debía hacer ahora con Cristina? No podía dejarla marchar, podía convencerla de quedarse mientras el horror de su rostro se mantuviera oculto… pero ahora ella lo había visto, nunca más querría volver.
Al mirar al suelo se encontró con un par de platos pequeños, uno con unos restos de salmón y el otro con un poco de agua.
¿Alguna vez antes la gata había dejado sobras de comida? No, el plato siempre quedaba limpio…
-¿Ayesha?
Silencio.
-Ayesha, ¿dónde estás?
Erik buscó a su gata por toda la casa, llamándola, pero no recibió ninguna respuesta. Se asomó al final a la habitación a la que Cristina había corrido a ocultarse, y la encontró durmiendo.
Cristina era la causa de la ausencia de la gata, sin duda, los gatos son muy celosos, y ella nunca había tenido que convivir con visitas en la casa del lago… y mucho menos había tenido que soportar que la atención que normalmente se le destinara a ella, ahora se le prodigaba generosamente a una extraña. Siendo esas las circunstancias, Erik salió a buscar a Ayesha.
No pensaba perder a su leal compañera por una muchacha a quien le inspiraba terror.
Recorrió los fosos, los camerinos, las tablas… mudo e invisible. Aquel silencio se rompió con un amable susurro, cuando sus ojos encontraron a Canelle jugueteando melancólicamente con una pluma, dentro de un Castillo de cartón.
-Señorita Canelle, ¿no ha visto usted a un gato persa rondando por el Palacio?
Canelle se sobresaltó y la pluma cayó al suelo. Tras recobrar el aliento pudo responder.
-No, no he visto ningún gato últimamente. Ni siquiera sé como luce un gato persa.
-Debí imaginarlo.- respondió la voz –Le mostraré después el aspecto de esa raza, muchas gracias. Ah, y por favor regrese esa pluma a su dueño, si un poeta pierde una pluma, pierde con ella parte de su alma.
-Ni hablar.- soltó Canelle, un tanto molesta. ¿Cómo sabía que la pluma había sido olvidada por Cyrano? No pudo haberla visto, si estaba tan ocupado que perdió a su gato, mucho menos pudo estarla observando a ella. Y era obvio que si algo capta toda la atención de un hombre, sin duda es una mujer… dedujo entonces que Cristina estaba bien, en algún lugar de los dominios de el Fantasma de la Ópera.
-Un momento, ¿el Fantasma tiene un gato?- preguntó Canelle al viento –Vaya que la vida es curiosa…
La vida es tan, tan curiosa, que Erik tuvo la suerte de ver cruzar la puerta de la Ópera a Fleur Blanche y su compañerito Gabriel… y aquel niño traía un gato en brazos, de un aspecto tan peculiar que llamaba la atención de quienes se cruzaban en su camino.
Aunque nadie que la viera podría imaginar que su nombre era Ayesha, y era la gata de El Fantasma de la Ópera.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Capítulo corto, muy corto, perdonen ustedes. Pero es que si no hago una pausa aquí, lo que sigue me va a tomar varias páginas, y en conjunto sería un capítulo laaaaargo.
¿Si un poeta pierde una pluma pierde con ella parte de su alma? ¿De donde me saco semejantes churradas?
Procedo a buscar algo de comer, después supongo que vendré a escribir lo que continúa, ya los he hecho esperar demasiado.
Ayesha
¿Cómo había podido hacer semejante cosa? Él se lo había dicho claramente: la máscara no debía tocarse. Y ahora nunca sería libre, nunca podría librarse de aquella pesadilla de la casa del lago, y aunque él decidiera dejarla partir, nunca sería libre de aquella infernal visión. La visión del rostro de él… que no era la de un Ángel, ni la de un Fantasma, era simplemente Erik, un hombre… que luce como un cadáver… un cadáver que profesa un amor inmenso.
¿Y ahora que debía hacer? ¿Quedarse encerrada en esa habitación hasta morir? ¿Enfrentarlo? Aquella música le impedía pensar claramente, la música más terrible y grandiosa que jamás había escuchado, salía del gigantesco órgano como el más desgarrador de los lamentos desde hacía un tiempo. Don Juan Triunfante tenía sometidos sus oídos. Y de pronto reinó el silencio…
Erik se levantó, tocar su Don Juan Triunfante sin haberlo terminado no lo satisfacía ni siquiera para resignarse. ¿Qué debía hacer ahora con Cristina? No podía dejarla marchar, podía convencerla de quedarse mientras el horror de su rostro se mantuviera oculto… pero ahora ella lo había visto, nunca más querría volver.
Al mirar al suelo se encontró con un par de platos pequeños, uno con unos restos de salmón y el otro con un poco de agua.
¿Alguna vez antes la gata había dejado sobras de comida? No, el plato siempre quedaba limpio…
-¿Ayesha?
Silencio.
-Ayesha, ¿dónde estás?
Erik buscó a su gata por toda la casa, llamándola, pero no recibió ninguna respuesta. Se asomó al final a la habitación a la que Cristina había corrido a ocultarse, y la encontró durmiendo.
Cristina era la causa de la ausencia de la gata, sin duda, los gatos son muy celosos, y ella nunca había tenido que convivir con visitas en la casa del lago… y mucho menos había tenido que soportar que la atención que normalmente se le destinara a ella, ahora se le prodigaba generosamente a una extraña. Siendo esas las circunstancias, Erik salió a buscar a Ayesha.
No pensaba perder a su leal compañera por una muchacha a quien le inspiraba terror.
Recorrió los fosos, los camerinos, las tablas… mudo e invisible. Aquel silencio se rompió con un amable susurro, cuando sus ojos encontraron a Canelle jugueteando melancólicamente con una pluma, dentro de un Castillo de cartón.
-Señorita Canelle, ¿no ha visto usted a un gato persa rondando por el Palacio?
Canelle se sobresaltó y la pluma cayó al suelo. Tras recobrar el aliento pudo responder.
-No, no he visto ningún gato últimamente. Ni siquiera sé como luce un gato persa.
-Debí imaginarlo.- respondió la voz –Le mostraré después el aspecto de esa raza, muchas gracias. Ah, y por favor regrese esa pluma a su dueño, si un poeta pierde una pluma, pierde con ella parte de su alma.
-Ni hablar.- soltó Canelle, un tanto molesta. ¿Cómo sabía que la pluma había sido olvidada por Cyrano? No pudo haberla visto, si estaba tan ocupado que perdió a su gato, mucho menos pudo estarla observando a ella. Y era obvio que si algo capta toda la atención de un hombre, sin duda es una mujer… dedujo entonces que Cristina estaba bien, en algún lugar de los dominios de el Fantasma de la Ópera.
-Un momento, ¿el Fantasma tiene un gato?- preguntó Canelle al viento –Vaya que la vida es curiosa…
La vida es tan, tan curiosa, que Erik tuvo la suerte de ver cruzar la puerta de la Ópera a Fleur Blanche y su compañerito Gabriel… y aquel niño traía un gato en brazos, de un aspecto tan peculiar que llamaba la atención de quienes se cruzaban en su camino.
Aunque nadie que la viera podría imaginar que su nombre era Ayesha, y era la gata de El Fantasma de la Ópera.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Capítulo corto, muy corto, perdonen ustedes. Pero es que si no hago una pausa aquí, lo que sigue me va a tomar varias páginas, y en conjunto sería un capítulo laaaaargo.
¿Si un poeta pierde una pluma pierde con ella parte de su alma? ¿De donde me saco semejantes churradas?
Procedo a buscar algo de comer, después supongo que vendré a escribir lo que continúa, ya los he hecho esperar demasiado.
Convergencia 11
Capítulo once.
Jugando
-Conque licencia por enfermedad, ¿no?
-Sí, así terminó todo, no se ha vuelto a mencionar a Cristina Daaé desde entonces.
-Menos mal, porque al no venir por aquí durante cinco días, pensé que me había perdido de mucho.
Canelle y Cyrano jugueteaban en un Castillo utilizado para alguna ópera. A razón de que él estaba escribiéndole una carta a Roxana dirigiéndose a ella como una princesa en peligro.
-¡Mi amada Roxana, yo os liberaré del yugo de el monstruo con el cerebro-quiero decir- cabello rizado!- exclamó ella empuñando un florete de utilería y agitándolo en el aire.
Cyrano rió un poco, interrumpido por un chispazo en su mirada.
-¡Claro, eso es!- lo que él empuño fue la pluma, y fue a buscar un rincón que le sirviera de mesa.
Canelle se acercó con curiosidad y siguió las palabras mientras mágicamente surgían de la pluma de su amigo.
-Licencia por enfermedad, sí como no. Todo esto es muy extraño, ¿porqué una cantante desaparecería tan repentinamente? Y tampoco se ha visto al Vizconde de Chagny, mmmmmh… ¿Tú que piensas, Gabriel? ¿Gabriel?
El monólogo de Fleur Blanche, que paseaba por el Gran Salón después de haber indagado un poco (y no descubierto nada más que lo de una supuesta licencia), se detuvo por fin al descubrir que nadie la escuchaba. Ni siquiera su habitual compañero.
-¿En dónde se ha metido ese niño del demonio? ¡Es horrible buscar a alguien aquí dentro!
Pero no tenía otra opción más que buscarlo…
-Bien, ¿qué te parece?
“Envidiable” deseó responder Canelle, pero no lo consideró prudente…
-Muy bonito.- respondió lacónicamente.
-Sabía que estarías por aquí…
Ambos voltearon al escuchar una voz detrás de ellos, encontrándose con que Le Bret los miraba con reproche.
-Señorita Canelle, ¿podría dejar de distraer a Cyrano de sus obligaciones?
Aquellos ojos negros insondables, de alguna manera intimidaban a la chica, que simplemente agachó la cabeza.
-Lo siento…- dijo en voz bajita -…yo no lo busqué… si hubiera sabido que él estaba ocupado, no…
-No es su culpa.- agregó Cyrano poniéndose frente a ella. –He estado cinco días acuartelado, no podía resistir más.
-Claro, y veniste a meterte en una fortaleza de cartón.- reprochó de nuevo el cadete, señalando con ironía la escenografía.
-Es solo un juego, LeBret, necesitaba…. Inspiración.- Cyrano sonreía sin ninguna culpa.
Canelle en cambio estaba muy apenada.
-Lo siento, ya me voy…- la chica dio la vuelta para marcharse.
-No es necesa…- Cyrano la tomó por la muñeca.
-Si, si es necesario.- interrumpió LeBret – Carbon te está buscando.
-Ni hablar.- dijo Cyrano soltando un suspiro de resignación y la muñeca de Canelle –Nos vemos otro día. Y perdona a este cascarrabias, mientras no tenemos obligaciones es muy agradable.
LeBret hizo una cortés y encantadora reverencia –Discúlpeme si he sido grosero con usted, es solo que este muchacho siempre me tiene buscándolo por todo Paris.
-N…no hay problema.- dijo Canelle nerviosa, no estaba acostumbrada a que la galantería fuera dedicada a ella –Es una pena que coincidamos cuando usted se encuentra de mal humor.
Le Bret sonrió, tomó a Cyrano (que ya empezaba a hacerse el desentendido) por el brazo y se lo llevó casi a rastras.
Mientras tanto, Fleur ya se había internado de nuevo en los pasillos cercanos, paseando entre nubes y campos, lienzos y objetos, todas parte de las ilusiones que ese Palacio ofrecía a sus clientes.
Y de pronto recibió la primer señal de lo que esperaba, las risas de Gabriel sonaban cerca. Tras llamarlo un par de veces, recibió respuesta.
-¡Ven, Fleur, mira!
Sintiéndose algo tonta por ir a buscar al niño en lugar de que el niño viniera con ella obedientemente, finalmente se encontró con Gabriel, que jugaba con un gato…
Un gato bastante extraño.
-¡Un gato persa!- exclamó Fleur, sin dar crédito a sus ojos -¡Gabriel, dónde lo has encontrado?
-No me acuerdo exactamente, Fleur, este lugar es muy grande.- respondió el niño despreocupado, acariciando al gato que ahora se acomodaba en su regazo.
-Bien, vámonos ya.
-¡Pero es muy pronto!
-¿Cuál pronto? ¡Llevamos horas aquí!
-¿Puedo llevarme al gato?
-Debe tener dueño…
-No, cuando un gato tiene un dueño que lo hace feliz no deja que un extraño se le acerque…
-Un dueño que no lo hace feliz, pero un dueño…
-Vamos, Fleur, es obvio que no ha notado su ausencia.
-No.
Entonces Gabriel utilizó la infalible técnica infantil… ponerse a llorar…
-¡Eres muy injusta! ¡Yo hago todo lo que me pides! Es la primera vez que yo te pido algo…
Fleur intentó hacerse la desentendida… pero Gabriel no había usado el truquito de las lágrimas hacía mucho tiempo, realmente quería al animal… además, no les caería mal un poco de compañía, alguien que los recibiera en el solitario piso cuando llegaran exhaustos del trabajo…
-Está bien, llévatelo.
Gabriel se limpió las lágrimas, se levantó y acurrucó al animalito que ahora ronroneaba felizmente entre sus brazos.
-Gracias, Fleur.- dijo sonriendo, emprendiendo el camino.
Fleur exhaló un suspiro de resignación… recordaba lo que era salirte con la tuya cuando eres niño.
-¿Se puede saber a qué estás jugando, Cyrano?
-¿Jugando yo? ¿De qué hablas?
Los dos cadetes caminaban por las calles empedradas de Paris, Cyrano se adelantó un par de pasos en cuanto LeBret comenzó a regañarlo.
-No te hagas el desentendido, es obvio que esa chica se está encariñando contigo.
Cyrano se detuvo y miró a su amigo extrañado.
-No sé que tiene eso de malo, solo somos amigos.
-Amigos que juegan a solas en un Castillo, aunque sea de cartón…- agregó Le Bret seriamente.
-¿Qué tonterías dices?- preguntó Cyrano con una sonrisa, antes de volver a andar.
-Digo que no puedes darle alas a una chica mientras amas a otra.
-Yo no le estoy dando alas a nadie, ella está perfectamente consciente de la situación.
-¿Y qué te asegura que está también conforme?
Cyrano detuvo su caminata y volteó a ver a su amigo.
-Es de esas personas que ya hubieran dicho algo, ¿no lo ves?
-Si eso es lo que tú ves, está bien.
Cyrano dio media vuelta y continuó su camino, pateando una piedra dubitativamente.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
¿Otro capítulo de relleno?
No del todo…
ñaca-ñaca-ñaca
Jugando
-Conque licencia por enfermedad, ¿no?
-Sí, así terminó todo, no se ha vuelto a mencionar a Cristina Daaé desde entonces.
-Menos mal, porque al no venir por aquí durante cinco días, pensé que me había perdido de mucho.
Canelle y Cyrano jugueteaban en un Castillo utilizado para alguna ópera. A razón de que él estaba escribiéndole una carta a Roxana dirigiéndose a ella como una princesa en peligro.
-¡Mi amada Roxana, yo os liberaré del yugo de el monstruo con el cerebro-quiero decir- cabello rizado!- exclamó ella empuñando un florete de utilería y agitándolo en el aire.
Cyrano rió un poco, interrumpido por un chispazo en su mirada.
-¡Claro, eso es!- lo que él empuño fue la pluma, y fue a buscar un rincón que le sirviera de mesa.
Canelle se acercó con curiosidad y siguió las palabras mientras mágicamente surgían de la pluma de su amigo.
-Licencia por enfermedad, sí como no. Todo esto es muy extraño, ¿porqué una cantante desaparecería tan repentinamente? Y tampoco se ha visto al Vizconde de Chagny, mmmmmh… ¿Tú que piensas, Gabriel? ¿Gabriel?
El monólogo de Fleur Blanche, que paseaba por el Gran Salón después de haber indagado un poco (y no descubierto nada más que lo de una supuesta licencia), se detuvo por fin al descubrir que nadie la escuchaba. Ni siquiera su habitual compañero.
-¿En dónde se ha metido ese niño del demonio? ¡Es horrible buscar a alguien aquí dentro!
Pero no tenía otra opción más que buscarlo…
-Bien, ¿qué te parece?
“Envidiable” deseó responder Canelle, pero no lo consideró prudente…
-Muy bonito.- respondió lacónicamente.
-Sabía que estarías por aquí…
Ambos voltearon al escuchar una voz detrás de ellos, encontrándose con que Le Bret los miraba con reproche.
-Señorita Canelle, ¿podría dejar de distraer a Cyrano de sus obligaciones?
Aquellos ojos negros insondables, de alguna manera intimidaban a la chica, que simplemente agachó la cabeza.
-Lo siento…- dijo en voz bajita -…yo no lo busqué… si hubiera sabido que él estaba ocupado, no…
-No es su culpa.- agregó Cyrano poniéndose frente a ella. –He estado cinco días acuartelado, no podía resistir más.
-Claro, y veniste a meterte en una fortaleza de cartón.- reprochó de nuevo el cadete, señalando con ironía la escenografía.
-Es solo un juego, LeBret, necesitaba…. Inspiración.- Cyrano sonreía sin ninguna culpa.
Canelle en cambio estaba muy apenada.
-Lo siento, ya me voy…- la chica dio la vuelta para marcharse.
-No es necesa…- Cyrano la tomó por la muñeca.
-Si, si es necesario.- interrumpió LeBret – Carbon te está buscando.
-Ni hablar.- dijo Cyrano soltando un suspiro de resignación y la muñeca de Canelle –Nos vemos otro día. Y perdona a este cascarrabias, mientras no tenemos obligaciones es muy agradable.
LeBret hizo una cortés y encantadora reverencia –Discúlpeme si he sido grosero con usted, es solo que este muchacho siempre me tiene buscándolo por todo Paris.
-N…no hay problema.- dijo Canelle nerviosa, no estaba acostumbrada a que la galantería fuera dedicada a ella –Es una pena que coincidamos cuando usted se encuentra de mal humor.
Le Bret sonrió, tomó a Cyrano (que ya empezaba a hacerse el desentendido) por el brazo y se lo llevó casi a rastras.
Mientras tanto, Fleur ya se había internado de nuevo en los pasillos cercanos, paseando entre nubes y campos, lienzos y objetos, todas parte de las ilusiones que ese Palacio ofrecía a sus clientes.
Y de pronto recibió la primer señal de lo que esperaba, las risas de Gabriel sonaban cerca. Tras llamarlo un par de veces, recibió respuesta.
-¡Ven, Fleur, mira!
Sintiéndose algo tonta por ir a buscar al niño en lugar de que el niño viniera con ella obedientemente, finalmente se encontró con Gabriel, que jugaba con un gato…
Un gato bastante extraño.
-¡Un gato persa!- exclamó Fleur, sin dar crédito a sus ojos -¡Gabriel, dónde lo has encontrado?
-No me acuerdo exactamente, Fleur, este lugar es muy grande.- respondió el niño despreocupado, acariciando al gato que ahora se acomodaba en su regazo.
-Bien, vámonos ya.
-¡Pero es muy pronto!
-¿Cuál pronto? ¡Llevamos horas aquí!
-¿Puedo llevarme al gato?
-Debe tener dueño…
-No, cuando un gato tiene un dueño que lo hace feliz no deja que un extraño se le acerque…
-Un dueño que no lo hace feliz, pero un dueño…
-Vamos, Fleur, es obvio que no ha notado su ausencia.
-No.
Entonces Gabriel utilizó la infalible técnica infantil… ponerse a llorar…
-¡Eres muy injusta! ¡Yo hago todo lo que me pides! Es la primera vez que yo te pido algo…
Fleur intentó hacerse la desentendida… pero Gabriel no había usado el truquito de las lágrimas hacía mucho tiempo, realmente quería al animal… además, no les caería mal un poco de compañía, alguien que los recibiera en el solitario piso cuando llegaran exhaustos del trabajo…
-Está bien, llévatelo.
Gabriel se limpió las lágrimas, se levantó y acurrucó al animalito que ahora ronroneaba felizmente entre sus brazos.
-Gracias, Fleur.- dijo sonriendo, emprendiendo el camino.
Fleur exhaló un suspiro de resignación… recordaba lo que era salirte con la tuya cuando eres niño.
-¿Se puede saber a qué estás jugando, Cyrano?
-¿Jugando yo? ¿De qué hablas?
Los dos cadetes caminaban por las calles empedradas de Paris, Cyrano se adelantó un par de pasos en cuanto LeBret comenzó a regañarlo.
-No te hagas el desentendido, es obvio que esa chica se está encariñando contigo.
Cyrano se detuvo y miró a su amigo extrañado.
-No sé que tiene eso de malo, solo somos amigos.
-Amigos que juegan a solas en un Castillo, aunque sea de cartón…- agregó Le Bret seriamente.
-¿Qué tonterías dices?- preguntó Cyrano con una sonrisa, antes de volver a andar.
-Digo que no puedes darle alas a una chica mientras amas a otra.
-Yo no le estoy dando alas a nadie, ella está perfectamente consciente de la situación.
-¿Y qué te asegura que está también conforme?
Cyrano detuvo su caminata y volteó a ver a su amigo.
-Es de esas personas que ya hubieran dicho algo, ¿no lo ves?
-Si eso es lo que tú ves, está bien.
Cyrano dio media vuelta y continuó su camino, pateando una piedra dubitativamente.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
¿Otro capítulo de relleno?
No del todo…
ñaca-ñaca-ñaca
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