miércoles, 22 de abril de 2009
Una pluma fiel al riel 3
El valor de una pista
El Cabús Rojo estaba tirado en el suelo después de recibir todo el peso de los “jueguitos” de las demás mercancías que se desentendían de él al ser alcanzados por las dos locomotoras y su nueva compañera.
-Creo que nunca los haré enojar…- dijo Pluma preocupada.
-No te preocupes, si se portan mal contigo solo debes decirme a mi o al Jefe.- sonrió Ferro tomando su mano por un momento.
Pluma sintió que empezaba a sonrojarse así que crrió hacia el carro rojo.
-¿Estás bien?- preguntó inclinándose.
-Claro, no necesito la ayuda de un carro de carga de poca monta.- respondió el Cabús levantándose de un salto.
-Bueno, yo solo…-
-¡Sí! ¡Finalmente llegó alguien más inútil que tú!- interrumpió Tabicón recibiendo una mirada de odio por parte del vagón rojo que sin pensarlo se lanzó sobre él.
-¡BUENO, YA!!! ¡DEJEN DE HACER SENTR MAL A PLUMA!
Un imperativo regaño del Jefe hizo que todos se quedaran estáticos y miraran a la chica, que con la mirada baja trataba de evitar que un par de lágrimas salieran de sus ojos.
-Sólo soy un carrito, y ni siquiera sé de que tipo, pero no parezco uno bueno. ¡Todos ustedes sí son buenos! ¿Qué hago yo aquí?- sollozó.
Los furgones sintieron una punzada de culpa al mirar al carrito azul en ese estado.
-¡No les hagas caso! ¡Ya no llores!- exclamó Tizne acercándose preocupado.
Las locomotoras se acercaron también.
-Que estés aquí es decisión de Control, es tu deber dar lo mejor de ti ahora y demostrar quién eres.- le dijo el Jefe con seriedad.
-¿Control?- Pluma no tuvo tiempo de preguntarse quién era el tal Control ni porque era tan importante porque Ferro volvió a tomar su mano.
-¡Vamos, anímate!- dijo radiante la joven locomotora.
Pluma se limpió las lágrimas con la mano libre y sonrió ampliamente –Gracias, Ferro. Gracias, Tizne.
La enorme tolva no pudo evitar bajar la mirada, apenado.
-No quiero que vuelvan a tratarla así, ¿me oyen?- ordenó el Jefe –Saben bien que no somos muy bien aceptados por los demás, lo que menos necesitamos es despreciarnos entre nosotros.
Todos asintieron con firmeza.
-Dime, Pluma…- continuó el Jefe dirigiéndose al vagoncito azul -…¿realmente no te enorgulleces de lo que eres?
-¡Pero si ni siquiera sé qué soy!- replicó con tristeza.
- Eres nueva aquí, descubrirás quien eres con tiempo y esfuerzo.- el Jefe la había tomado por los hombros –Ninguno de ellos era lo que ahora cuando llegaron.
-Claro que algunos no se superaron mucho.- se burló Tabicón -¿Verdad, Tizne? ¿Verdad, Cabús?
-Yo ya no los escuchooooooo…- se oyó el Cabús a lo lejos que había aprovechado la atención hacia la nueva para escabullirse.
-¿Qué es lo que acabo de decir?- exclamó el Jefe. El aludido se disculpó a la fuerza bajo la mirada acusadora de todos. -Escúchame, Pluma. Si quieres superarte tendrás que dedicarte a ello, ¿Estás dispuesta?
Pluma duda un momento, pero al ver que ahora todos la miraban con grandes expectativas supo que no debía defraudarlos.
-¡Sí! ¡Lo haré!- dijo con determinación.
-Ven conmigo.- le indicó la vieja locomotora avanzando, todos lo siguieron hasta un pequeño circuito de vías férreas.
El vagoncito miró sorprendida la pista, ¿el Jefe no esperaría qué…
-Bien Pluma, tu primer objetivo es dominar esa pista.- dijo el Jefe señalándola.
-¿QUÉEEEEE?- exclamaron todos en coro.
-¿Algún problema?- la locomotora miró desafiante al carrito azul.
Los demás furgones se miraron unos a otros confundidos, el Jefe nunca les había pedido algo así, en realidad no les parecía posible que…
-¡Pero Jefe! ¡Un carro no puede correr solo en las vías! ¡No sin un motor!- se adelantó a reclamar Pluma.
-¿No puedes? ¡Entonces resígnate!
Todos miraron a la vieja locomotora sin comprender que pretendía en un incómodo silencio.
-¡Vamos Pluma! ¡Inténtalo!- exclamó Ferro de pronto espabilando a todos.
-¡Sí!- dijo ella por fin -¡Empezaré ahora mismo!
Todos miraron atónitos que Pluma se dirigía al inicio del recorrido.
>CUAZ<
Y aún seguían mirando cuando el carrito cayó al suelo por enésima ocasión.
-Auuuu…- se lamentó en el suelo -…este sí me dolió.
Apenas y podía avanzar un par de pasos antes de caer de nuevo, finalmente los demás perdieron el interés y se fueron.
Pluma trataba de levantarse de nuevo cuando el Jefe se le acercó.
-Es suficiente por hoy, déjalo.
-Pero usted dijo que…
-He dicho suficiente.
Ella se rindió sin pensarlo mucho y recibió la mano del Jefe que le ofrecía ayuda para ponerse en pie, se sentía fatal.
Al llegar a la caja de las mercancías encontró que ya estaban todos dormidos, decidió imitarlos peor no pudo conciliar el sueño, no dejaba de pensar en la pista.
-¿Qué hago aquí?- pregunto poniéndose en pie y saliendo de nuevo.
Un rato después…
>¡RE-CUAZ!<
-¡Maldita curva! ¡NO PUEDO!- el carrito azul mira furiosa la curva que acababa de hacerla caer, por más que se esforzaba era lo más lejos que había podido llegar, sólo a la primera curva –No puedo…- sollozó sentada en el suelo.
-Me Temo que es imposible.
-¡Ferro!- Pluma volteó sorprendida al escuchar la voz de la locomotora que la miraba con preocupación.
-¿Estás bien? Te has caído muchas veces.- preguntó arrodillándose junto a ella.
-Sí, estoy bien.- respondió apenada bajando la mirada.
-No sé que pretende el Jefe, un carro no puede correr solo en vías, y menos si el camino tiene curvas.- continuó ferro tratando de no herir al carrito que ahora veía tan triste. -¿Pero sabes? Aún enganchada podrías caerte si lo haces así. ¡Ven, engánchate!
Pluma miró incrédula a Ferro que se había levantado y le extendía la mano con una sonrisa. Se limpió las lágrimas y se levantó, sintiendo como temblaba de emoción al engancharse por primera vez a una locomotora, lo olvidó todo, era lo que había soñado siempre y decidió aprovecharlo al máximo.
Ferro comenzó a correr despacio por la pista, Pluma se sintió más feliz que nunca, y le costó trabajo escuchar las indicaciones que su guía comenzó a darle.
–Fíjate bien, aún cuando el motor que et jale sea muy poderoso no debes estorbarle, especialmente si el recorrido es difícil.- decía Ferro con entusiasmo - Si en una curva sigues así de erguida pesarás mucho, debes inclinarte así, ¿comprendes?
El carrito miró atentamente el movimiento que la locomotora acababa de mostrarle, y lo imitó con cuidado.
-¡Justo así!- exclamó Ferro contento -¿Lista? ¡Ahí está la primera curva! ¡Uno, dos…
Pluma cerró los ojos al escuchar el “¡Tres!” e hizo el movimiento que acababa de aprender, con lo que cruzaron la curva a una velocidad impecable. Abrió los ojos al escuchar que Ferro la felicitaba y sonrió mas contenta que nunca.
-¡Muy bien! ¡Repitámoslo para que no se te olvide! Nos queda algo de tiempo.
-¿Tiempo?
-Sí, Control no debe encontrarnos despiertos, ¿no te lo dijeron?
Pluma negó con la cabeza, sintiéndose una completa novata.
-No te preocupes, te adaptarás pronto. ¡Te prometo que todos seremos grandes amigos de la pequeña Pluma!- dijo Ferro sonriendo amablemente.
Entre risas, Pluma y Ferro le dieron tres vueltas más a la pista antes de ir a dormir.
-¿Sabes, Pluma?- preguntó Ferro tomando la mano del vagoncito, que no dejaba de sonreír –Eres un carro muy útil, nunca me había sentido tan ligeor al correr jalando a alguien.
Ella lo miró con grandes ojos sorprendidos.
-Bueno, se acerca la carrera Panamericana y…- continuó Ferro con el mismo entusiasmo -…¡y creo que tú sería mi pareja perfecta! ¿Te gustaría?
-¿Yo?- soltó Pluma sin creérselo.
Ferro asintió con una gran sonrisa.
-¡Claro que sí!- respondió emocionada -¡Gracias, Ferro! ¡Seré la mejor para ti!
La joven locomotora rió ante el entusiasmo de su compañera, la tomó de la mano hasta llegar a su caja donde se despidió deseándole buenas noches.
Sin saber que todo el tiempo habían sido observados por la vieja locomotora, que ahora sonreía satisfecho.
La pista había funcionado.
.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.:.
¿Porqué? ¿Porqué? ¿Porquéeeeeee Ferro es tan cute????
viernes, 6 de febrero de 2009
Convergencia 20
Orfandad
-¿Cómo pude hacerle caso a una tramoyista? ¿Debo ver a Roxana ya!
-Calmaaaado, galán ¬¬
Cyrano era testigo de otro de los ataques de ansiedad que le daban tras periodos cada vez más cortos al joven Christian. El pobre muchacho se comía las uñas mientras hacía suposiciones fatalistas sobre el amor de Roxana, se angustiaba al pensar en lo triste que debía estar su amada al no saber nada de él.
-¿Porqué hasta el viernes? Pobre de mi Roxana, debe extrañarme tanto.
-Si en serio no soportara tu ausencia ya habría venido a buscarte. La conozco. Y Canelle debe tener una buena razón para decirnos que esperáramos específicamente al viernes.
-Como que le tienes mucha confianza, ¿no?
-Pues ha hecho más por mi que cierto jovenzuelo de rizos rubios.
A Cyrano le molestaba cualquier comentario malintencionado contra Canelle, lo incluyera a él o no, especialmente si venían de la bocota de Christian, ese baroncito seguía desdeñando a la joven tramoyista solo por tener una posición social abismalmente diferente a la suya. No tenía porque aguantar eso.
-Te veo después.
-¡¿Qué?! ¿Me abandonas? ¡No puedes! Se supone que estamos juntos en esto.- el muchacho se aferró al brazo de Cyrano que tenía todas las intenciones de irse, deteniéndolo con reproche.
-Mientras no hay Roxana, no hay trato.- al cadete mayor le bastó un solo movimiento para liberarse de Christian y salir, aún cuando el joven lo seguía de cerca con una escandalosa letanía de reclamos.
-¡Canelle!
Ambos se detuvieron se golpe al salir a la Sala de Armas y encontrar a Canelle charlando alegremente con Le Bret, quien le mostraba un florete. Al escuchar su nombre, la chica agradeció con una reverencia a su interlocutor y corrió hacia Cyrano con una gran sonrisa.
-¿Estás ocupado? Debo hablar contigo.- dijo la muchacha ignorando totalmente al rubio, quien hacía otro tanto.
-No, para nada, ven.- Cyrano tomó la mano de la joven y se la llevó adonde pudrieran estar solos.
Entonces la chica relató con lujo de detalle la teoría del Fantasma de la Ópera, de las tragedias que podrían ocurrir por el anuncio de La Carlota haciendo el papel que se había exigido para Daaé y que deberían averiguar si había amoríos entre el vizconde y la cantante.
-Eso es fácil, le preguntaremos a Christian. Parece que son amigos.
-¿Christian? ¿El niño bonito al que acabo de ignorar hace rato? No creo que quiera ayudarme… ayudarnos.
-No seas tan desconfiada.
Canelle volvió a sentir la fuerza con que Cyrano estrechaba su mano y fueron a buscar a Christian.
-¿Si les digo lo que pasa entre Cristina y Raúl me dejarán en paz? Si no piensan ayudarme a sobrellevar la falta de Roxana, no quiero saber nada de ustedes hasta el viernes.
Canelle y Cyrano asintieron infantilmente, le habían estado insistiendo por varios minutos. Christian exhaló un suspiro resignado.
-Pues sí, Raúl esta estúpidamente enamorado de Cristina.
“Lo bueno es que son amigos” pensó la chica mirando la frialdad con que él respondía.
-No puede dejar de amarla, aún cuando dice que lo hará, y que cualquiera puede entender que lo está engañando y se escuda en esa tonta historia de El Fantasma de la Ópera, e incluso se hace la víctima lloriqueando que “le tiene miedo”. Díganme ustedes si no es obvio, ¿qué muerto podría raptar a una mujer 15 días y regresarla tan bien cuidada? Cualquiera puede deducir que es alguien muy vivo.
-Es obvio.- dijo Cyrano asintiendo muy serio -¿Pero qué culpa tiene un pobre fantasma para que le achaquen tantos males? Y luego se quejan de que ande por ahí asustando gente.- sonrió burlonamente.
-¡Claro, búrlense!- exclamó Christian ofendido, dando la vuelta para irse, no sin antes mirar con desprecio a Canelle que había soltado una risita –Y somos un par de Cadetes de Gascuña que no se conocen de nada más hasta el viernes, recuérdelo Señor de Bergerac.
Cyrano y Canelle se miraron con una sonrisa cómplice hasta que Christian se perdió de vista y comenzaron a cuchichear emocionados.
Fleur Blanche bebía con calma una traza de té mientras Gabriel le daba pequeños mordiscos a un panecillo, apenado. Estaban en casa de la viuda de Valerius, una mujer enferma, y esperaban a su protegida Cristina Daaé para hacerle un interrogatorio por demás personal.
Aunque Fleur actuaba de la misma manera que al investigar un tema impuesto por el periódico, en esta ocasión ella estaba buscando algo más allá del periodismo, esta vez se le había metido en la cabeza ayudar nada más y nada menos que al Fantasma de la Ópera en un romance tal vez inexistente… tal vez habían llegado a esa conclusión solo porque la tramoyista y la periodista tenían una imaginación demasiado activa… pero respetaba demasiado a su protectora para siquiera insinuarle algo de lo que pensaba en ese momento.
El niño dio un brinco cuando la criada apareció en la habitación anunciando que Cristina podía recibirlos, la joven entró segundos después con toda esa languidez que ahora la caracterizaba disimulada en vano por un elegante y sobrio vestido negro y su rubia cabellera sin un solo cabello fuera de lugar. Fleur la examinó con un fingido desinterés y Gabriel trataba de no mirarla, esa mujer lucía como la persona más desdichada del mundo.
Las jóvenes se sonrieron con exagerada cortesía y Cristina se sentó frente a ellos.
-Disculpe, ¿y su libreta?- preguntó la rubia con legítima curiosidad, al parecer no había sido la única examinada en ese breve tiempo -¿No viene usted por parte de La Època?
-En realidad no.
Gabriel deseó por un momento que se lo tragara la tierra, ambas mujeres tenían pensado ir al grano y destrozar a la otra de ser necesario, sus miradas altivas casi echaban chispas.
-Es un asunto personal, ¿sabe? Vengo a ofrecerme como protectora de su intimidad.
Cristina y Gabriel miraron a Fleur con sorpresa y ella sonreía sin inmutarse ni un poco.
-Creo que no comprende.- comenzó a explicar con calma –Si me cuenta usted todo acerca de su vida personal, si alguien se atreve a publicar algo falso podremos desmentirlo. ¿Me entiende? Pero como dije, vengo a ofrecer mi servicio, puede negarse si quiere.
-Por supuesto.- dijo Cristina un poco perpleja todavía –Me sería muy útil, pero debe prometerme que no publicará nada a menos que sea para desmentir a alguien.
-Prometido.- dijo Fleur solemnemente.
-¿Hay algo en especial que deba saber?
-Solo lo que normalmente atrae la atención, usted sabe… el Vizconde de Chagny, su desaparición por dos semanas…- enumeró como si no tuviera importancia -…¿cuál es la verdadera historia de Cristina Daaé?
-Bueno, pues… no lo creería.- murmuró la cantante con inseguridad.
-Señorita, dimisión es únicamente saber, no creer.
Cristina suspiró.
-Pues esta es la verdad: estoy enamorada del Vizconde de Chagny, y él lo está de mi, pero tenemos un par de problemas. El primero y menor es que la familia de Raúl, especialmente su hermano Felipe, lo han condenado a quitarle el título, la herencia, y desconocerlo totalmente como miembro de la familia Chagny si continúa con esta “locura”. Y el segundo…- duda un poco -…pues verá, hay alguien más que me ama, alguien que me engañó haciéndome creer que era El Ángel de la Música y aún engaña a todos haciéndolos creer que es El Fantasma de la Ópera. Es solo un hombre, un hombre terrible, y un genio y un… ¡un hombre que tiene tan podrido el rostro como el alma! ¡Lo detesto y le temo!
Los ojos de la muchachita rubia se pusieron vidriosos y Fleur se levantó y puso su mano sobre el hombro en el que caían algunos rizos dorados.
-¿Entonces la aman dos hombres? ¿Y qué es lo que le dicen?
Cristina lo pensó un momento.
-Ambos dicen amarme con locura y pasión, y el Ángel… el Fantasma… Eric… él me dijo el tiempo que me tuvo secuestrada en su casa oculta por el lago subterráneo debía amarlo y ser su esposa, y que toda su fortuna sería para mí y que viviríamos en una casa junto al lago y pasearíamos los domingos, y entre semana no me aburriría nunca con él. ¿No le parece horrible? ¡Piensa que ya ha planeado mi vida perfecta y que yo voy a aceptarla!
“Pues en realidad no se escucha TAN mal…” pensó Fleur.
-Pero yo amo a Raúl, y siempre trato de que él comprenda que lo hago, pero que no puedo permitir que nadie lo sepa porque ese hombre horrible podría hacerle daño. ¡Pero él no me cree! ¡Piensa que lo engaño con alguien y que lo oculto tras el mito de El Fantasma de la Ópera! Y me castiga con su desprecio… siendo que deseo tanto que fuera él quien me prometiera todo eso que el otro ha planeado.
La rubia sollozó. Fleur no sabía que hacer.
-¿Sabe usted, Cristina? Aún con todo, creo que lo que ese Erik le ofrece suena mucho más estable que lo que el Vizconde le da.- dijo tras unos titubeos.
Cristina apartó la mano de la periodista de su hombro y se levantó con furia.
-¡¿Cómo puede decir eso?!- gritó con lágrimas en los ojos -¡No ha comprendido nada! Y si su misión es solamente saber, no tiene ningún derecho a opinar. ¡Largo de mi casa!
Fleur no dijo nada, tomó a Gabriel de la mano y lo sacó de ahí. Caminaron en silencio algunas calles.
-¿Sabes, Gabriel?- rompió el silencio la morena mirando a la nada, estrechando un pooc más la mano del niño –Si alguien me ofreciera una vida estable me iría con él, aun cuando nunca mencionara que me ama.
El pequeño miró con tristeza a su tutora, sabía que lo acababa de decirle era lo que sentía de verdad -¿Quieres saber qué pienso?- preguntó con timidez.
-Sí, dime.- le sonrió Fleur, deteniéndose.
-Creo que El Fantasma… bueno, Erik…solo sabe querer a Ayesha, y no a una persona. ¿Qué es eso de tener encerrado a alguien toda la semana y sacarlo a pasear los domingos? Lo que él quiere es un perro.- dijo el niño con decisión.
Fleur rió un poco, alborotándole el cabello.
-Eres listo, muy listo. Pero dime, ¿qué preferirías? Una vida estable con alguien que te quiere y te cuida, al menos como una mascota, o un futuro incierto con alguien que dice amarte, pero nunca te habla sobre un futuro juntos y no confía en ti?
El niño bajó la mirada y lo pensó concienzudamente.
-Creo que me quedo con la vida estable.
Fleur sonrió y comenzó a caminar de nuevo.
-Fleur, ¿tú me quieres como si fuera una mascota?
La joven volteó a mirar sorprendida al niño que la miraba con tristeza –Claro que no, ¿porqué piensas eso?- Preguntó deteniéndose y arrodillándose frente a él.
-Porque sólo soy un niñito huérfano…- los ojos de Gabriel se llenaron de lágrimas -…a veces pienso que me aceptaste como aceptarías a un perrito, y me quieres y me cuidas solo porque te soy de ayuda y compañía.
De los ojos de Fleur salieron un par de lágrimas –Claro que no, no seas bobo…
Gabriel se arrojó a los brazos de su protectora llorando copiosamente –Me alegra que seas tú con quien hayan decidido que me quedara.- alcanzó a decir entrecortadamente.
-También yo…- susurró la muchacha acariciando los cabellos del niño con una mano y estrechándolo fuertemente hacia ella con la otra.
“La mascota de la tienda del pueblo” “La molesta y parlanchina mascota de la tienda del pueblo”, eso era lo que todos pensaban de ella cuando era solo una niñita huérfana.
Una niñita huérfana igual a la que ahora caminaba por las calles de Paris junto a Cyrano de Bergerac, y que por primera vez en su vida sentía que alguien la consideraba una persona, y no un”pobre animalito abandonado” o “una buena mula de carga”.
Cuando eran solo tres niñitos huérfanos, no podían imaginar que algún día podría ser tan felices como lo eran en ese momento.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Es oficial, amo a Gabriel.
He vuelto… las cosas han estado nada menos que caóticas, locas y extrañas, escribir este capítulo ha sido muy difícil. No solo tuve que retomar Convergencia después de… dos meses… tuve que enfrentarme con Cristina y Christian… no sé a quien quieor ahorcar primero.
Cyrano: ¡A Christian!
Erik: Por supuesto, a Christian, si algo le pasa a Cristina cierta autora podría sufrir un “accidente”.
Lexell: ¡BRRRR!!!! Lo sé, lo sé, pero me exaspera su ingratitud…
Erik: Mejor matamos a Raúl.
Cyrano: ¡Pero primero a Chrsitian!
**Ambos se miran con furia.**
Lexell: Ejem… yo soy la que tiene las riendas de las vidas de todos ustedes en mis manos, ¿recuerdan?
Erik: Pues las tuviste inutilizadas un buen rato, ¿no crees?
Lexell: Estemmmm Bueno nos leemos en el próximo capítulo.
Erik: Algún día ¬¬
Cyrano: ¡Dios mío, que ha sido la semana más larga de la historia, que llegue el viernes ya!
Lexell: Pues si crees que esta “semana” ha sido larga, te reto a ver una “semana” de Dragon Ball Z…
Eric y Cyrano: Friki ¬¬
Lexell: T_T
martes, 6 de enero de 2009
Una pluma fiel al riel 2
Admiración al vapor
Finalmente había dejado de contar los días, solamente miraba.
Miraba fuera de la caja a través de la película de plástico que la conectaba con el exterior, a las personas que pasaban por al tienda observando la mercancía, a veces se llevaban algo, a veces no, pero no a ella.
Apenas la miraban y era casi imposible que alguien tomara la caja para examinarla un poco más de cerca. Solo contemplaba como llegaban montones de cajas de vez en vez llenas de carros y trenes y locomotoras nuevas.
Locomotoras. Desde la primera vez que vio una, comprendió a que se referían los humanos que paseaban por la tienda cuando utilizaban el término “perfección”. Miraba los trenes eléctricos, los de Diesel, hasta los más modernos monorrieles, pero no los encontraba particularmente atractivos. Pero en cuanto sus ojos alcanzaron a ver una enorme caja que contenía una reluciente locomotora roja y negra, supo que algún día debía correr enganchada a una como esa, especialmente cuando sufrió en silencio la rápida compra que tuvo. Las locomotoras de vapor se vendían casi tan pronto como llegaban ante los ojos de un carrito azul notado solo por algunos clientes.
Y finalmente el carrito azul se convenció de que ninguno de esos clientes la preferiría de una locomotora, ni de un eléctrico o de diesel ni de un carrito de servicio, ni siquiera de un carro de carga. Tampoco sabía que clase de vagón era, lo único que tenía claro era que no era uno atractivo, al parecer era el carro más inútil y feo que se hubiera creado.
Soñaba entonces con ser una hermosa locomotora, o al menos correr enganchada a una, pero al despertar solo encontraba las cuatro estrechas paredes que formaban su empaque cada mañana, hasta ese momento.
Parpadeó con fuerza varias veces, no podía dar crédito a sus ojos, pensaba que se había quedado dormida sin darse cuenta, no podía ser posible que junto a ella estuviera inclinada una locomotora mirándola con algo de preocupación, debía ser un sueño.
Y el mejor sueño de todos porque además era la locomotora más bella que hubiera visto jamás. Combinaba armoniosamente los colores del otoño: amarillo, rojo, naranja, café y poseía la mirada más bondadosa que la de todos los padres que llevaban a sus hijos a la tienda para regalarles un tren.
-¿No te han hecho daño?- preguntó la locomotora una vez más, al tomar la temblorosa mano del carrito y ayudarla a levantarse de un tirón.
-No me pasó nada, gracias…- contestó Pluma evitando mirarlo, sentía que su fascinación había sido demasiado obvia momentos atrás.
-Discúlpalos, tienen un trato pesado, pero no son malos.- la locomotora sonreía con familiaridad, y los cuatro carros que le habían dado “la bienvenida” trataban de huir disimuladamente.
-¡Ustedes!- se escuchó de nuevo la voz rasposa e imperativa, los huidizos carros se detuvieron en un movimiento seco y el carrito azul no pudo evitar una expresión de sorpresa al percatarse de que el dueño era nada más y nada menos que otra locomotora. Aunque notoriamente de un modelo muy antiguo y con la marca de los años encima de su pintura café, era otra máquina de vapor como las que Pluma tanto admiraba desde siempre.
-Le dieron la “bienvenida” pero no se han presentado, ¿cierto?-
Las mercancías agacharon la cabeza y arrastraron los pies hasta formar una fila horizontal frente a la nueva, finalmente se cuadraron para presentarse.
-Rocky 1- exclamó el rojo con seriedad
-Rocky 2- continuó el verde
-Rocky 3- los siguió el azul, antes de dar un salto y una mecánica reverencia.
-Yo soy Tabicón- completó el vagón café con indiferencia –no te quejarás, Pluma no suena tan horrible…
El vagoncito azul sonrió, entendiendo la broma con la que el carguero café le había descubierto un nombre.
-¿Y tú qué? ¬¬- preguntó Tabicón tajantemente mirando a Tizne, que se había quedado a un lado de Pluma y solo miraba a la nada un tanto disperso.
-¿Qué? ¿Yo? ¡Ah!- reaccionó con un sonrojo y cuadrándose torpemente –Me llamo Tizne, mucho gusto.- se presentó finalmente con una sonrisa apenada.
-A mi simplemente me llaman Jefe.- se presentó la locomotora mayor con amabilidad.
-Y yo soy…
>SSSCRRRRIIIIIICCCCCHHHH!!!!<
La joven locomotora estuvo a punto de decir su nombre, pero fue interrumpida por el sonido de un derrapón que hizo voltear a todos y fijar su atención en un vagoncito pequeño, apenas unos centímetros mayor a Pluma pero de color rojo intenso, que con toda la calma del mundo caminaba hacia ellos, deteniéndose al mirar a una desconocida y mirándola con legítima curiosidad.
-¿En dónde estabas?- pregunto el Jefe con autoridad.
-Por ahí.- respondió el carrito rojo sin apartarle la vista de encima a Pluma, que comenzó a sentirse incómoda.
-Ella es Pluma, preséntate al menos.-
-Con que Pluma… yo soy el Cabús Rojo.- dijo el rojo con desenfado, sonriendo con algo de burla -¿Qué haces con nosotros los de carga? ¿No eres un carro de servicio?
-En realidad no lo sé…- respondió la chica bajando la mirada con tristeza.
-Bueno, ¿y quién dice que todos los carros de carga deben ser hombres?- interrumpió la joven locomotora, poniéndose entre Pluma y el Cabús y mirándola con una sonrisa.
-Mi nombre es Ferro.
“Hasta el nombre es bonito.” Pensó Pluma con ilusión… si estaba ahí… tendría la oportunidad de correr enganchada a él. Su gran sueño de correr enganchada a una locomotora, se sentía tan cerca que podría tocarlo.
-¡Cabús fue el que se levantó temprano! ¡Sobre él!- gritó el Rocky 1, y armando un gran escpandalo todos los demás vagones se lanzaron a desquitarse de haberse levantado temprano.
-¿Lo ves? Solo juegan.- dijo Ferro mirándolos correr tras el carrito rojo, divertido.
-Sí, eso veo…- susurró Pluma intentando sonreír. Comenzaba a comprender su nuevo hogar.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
En estos dós capítulos me quedan en claro dos cosas: a)las mercancías (se me pegó el término de StEx España y me parece un muy buen sinónimo para echarle mano) son un completo desgarriate excepto Tizne, y b)Ferro es cute.
Hace unas noches en una larga desvelada por messenger, salieron cosas muy útiles. La más importante es que por fin descubrimos qué es Pluma, pero no se los puedo decir aún, y la otra cosa es que tal vez incluya a un olvidado personaje (mucho más olvidado que el Cabús Rojo, sin el que no coincibo StEx y estuvo presente desde el principio de esta idea) a quien algunos conocerán, otros no: Belle, el carro dormitorio. Le encontré incluso un nombre en español: "Meme", por la expresión mexicana de "hacer la meme" que no significa más que dormir.
Fin del choro mareador, no se quejarán, los Reyes Magos les han traído un nuevo capítulo, totalmente en el ambiente de los trenes de juguete y que este muscal fue un regalo de Webber para su hijo jejeje.
viernes, 26 de diciembre de 2008
Una pluma fiel al riel 1
Bienvenida
-¿Dónde estoy?
Un carrito azul abrió los ojos tratando de acostumbrándose a la oscuridad, había escuchado una voz.
-¿Nuevo miembro? ¿Seré yo?
Shhhhh… ¡Es muy temprano, dejen dormir!
-O.O Pe-perdón...- respondió a la otra voz en la oscuridad, se había escuchado más cerca.
-Ignóralo, se queja de todo.- se disculpó una voz amable
-Cállate, Tizne.-
-¿No escucharon a Control? Es nuevo, debemos recibirlo.
-¡Pero es muy temprano!- corearon tres voces con armónica exactitud.
-Si quieren dormir, puedo esperar.- entre las sombras distinguía ahora siluetas recostadas, otros carros. ¿Los carros de carga? ¿No podían levantarse sin una locomotora?
-Pero Control dijo que…
-¡Pero queremos dormir! Te vas a quedar, ¿no?
-Sí.- respondió bajito y con pena. Al parecer solo querían dormir.
-Entonces habrá tiempo.
La luz entró por una rendija, y de pronto los iluminó a todos. Se habían quedado sin techo.
-¿Quién salió tempranoooo?- se quejaron cuatro voces.
Nadie contestó.
Así que entre quejas, murmullos y crujidos del metal, los carros de carga se levantaron y finalmente se fijaron en el nuevo. Un carrito turquesa pequeño, con los bordes un poco redondeados… ¿curveados?
-¡Eres una chica!- exclamaron todos con sorpresa.
-Puessss… sí, ¿qué tiene de malo?- preguntó mirándolos a todos y respondiéndose a ella misma mentalmente: todos los carros que la rodeaban y la miraban con curiosidad eran hombres, y era obvio que tenían por lo menos el doble de capacidad que ella.
Tres carros idénticos en tamaño y forma uno rojo, uno verde y uno azul; un carro café más o menos de su tamaño, superándolo solo por un enorme ladrillo sobre su cabeza y en anchura; y un enorme furgón metálico.
-¿Y qué se supone que eres?- preguntó extrañado el carro café, acercándose para inspeccionarla mejor.
-Pues… soy solo un carro de carga ligera, creo. Me pusieron con ustedes, los de carga, ¿no?- se sentía realmente apenada –Pero me parece que mi capacidad es mucho menor que la de ustedes.
-No hay nada de malo en ser de carga, al contrario.- la nueva descubrió que la voz amable de la oscuridad le pertenecía a su compañero de mayor tamaño.
-Aunque no le veo mucho mérito a tener poca capacidad.- dijo burlonamente el carro café, aunque la vergüenza de el carrito azul fue menor porque ella misma miraba con curiosidad el tabique sobre el armatoste que no dejaba de dar vueltas a su alrededor.
-No puedo correr sola y ni siquiera puedo cargar mucho, creo que tienes razón soy solo un estorbo.
-No digas es…
-¿Cómo te llamas?- preguntó con curiosidad el vagón verde interrumpiendo al metálico e interponiéndose evitando que se acercara.
-¿Cómo-me-llamo?- repitió la pregunta ella –Ahora que lo mencionas, no lo sé, nadie me ha puesto un nombre.
-¡PLUMA!- exclamó el carro café deteniéndose detrás de ella y señalando su cintura –Mira, lo dice ahí. Muy apropiado, ¿no? Seguro es lo único que puedes cargar: suavecitas y ligeras plumas.
Los trillizos rieron.
-Es verdad, no eres más que un estorbo.- dijo el azul acercándose.
-¿De carga ligera? ¡Preferiría ser de servicio!- el verde lo siguió.
De pronto, Pluma se encontró en medio de cuatro carros que la empujaban de un lado para otro.
-¡Estorbosa! ¡Estorbosa! ¿Para qué te han traído aquí?
-¡Nosotros somos…
-…lo mejor de lo mejor!
-¡Y tú una chatarra!
-¡Basta! ¡Déjenla en paz!
El mayor intentó detenerlos, pero la resistencia era más numerosa y en un instante los dos estaban en medio del círculo de empujones y burlas.
-¡Seguro!
-¡Le tienes empatía!
-¡Porque tú también eres bastante inútil y estorboso!
¡ES-TOR-BOS! ¡ES-TOR-BOS! ¡ES-TOR-BOS!
-¿Qué sucede aquí?
-¡Es el jefe!
-¡EST-uuuuy! O.O
Una voz rasposa y fuerte hizo que todos los cargueros se apartaran desordenadamente y los dos carros agredidos cayeron al suelo con gran estrépito.
-No pasa nada.- dijo el carro rojo desentendiéndose.
-Sólo le dábamos la bienvenida a la nueva.- corroboró el verde.
-¡Y Tizne se solidarizó con ella!- completó el azul sin el menor arrepentimiento.
Al parecer “Tizne” era el nombre del vagón metálico, que inmediatamente se levantó apenado.
-Yo… yo… intenté detenerlos…- se disculpó antes de voltear y mirar a Pluma, que aún estaba en el suelo, sollozando.
-Qué vergüenza, muchachos. Tardé en venir para ver como recibían a la nueva, y miren lo que han hecho.
-¿Te lastimaron?
Pluma se quedó inmóvil un segundo. Escuchaba junto a ella una voz nueva, la voz más suave, amable y bella que hubiera escuchado en su vida. Cerró los ojos con fuerza, no quería que el dueño de esa voz la viera llorar.
-No, estoy bien…- susurra mientras se limpia las lágrimas antes de voltear, solo para encontrarse inclinado junto a ella…
-¡Una locomotora!
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
He jugado un poco con el título, ¿se esperaban que el nuevo carrito fuera una ella? Pobrecita, la han puesto en medio de todos esos carros de carga que se llevan tan pesado u.u
Una pluma fiel al riel Prólogo
-¡Mira, mamá! Este me gusta.
-Pero si solo es una caja olvidada, mírala, esta golpeada y llena de polvo.
-Pero me gusta, fíjate, es un carro bonito. Es azul y…
-Pero ni siquiera dice que clase de carro es. Por aquí hay furgones, locomotoras… ese es solo un carro suelto y sin ningún objetivo.
El niño hizo un puchero abrazando la maltrecha caja.
-¡Todos los carros tienen un objetivo en mi cuarto, mamá!- replicó ofendido.
La madre suspiró resignada.
-Bien, pero no quiero que lo dejes botado por ahí.
Antes de que su madre se arrepintiera, el pequeño corrió a la caja registradora aferrado al empaque.
Y esa noche, el carrito estaba desempacado, y como ya había llegado la hora de dormir, solo pudo dejar el nuevo juguete junto a los demás.
-Control. Aquí control. Tenemos un nuevo miembro, estará con los carros de carga, así que trátenlo bien. Buenas noches a todos…
martes, 4 de noviembre de 2008
Convergencia 19
Alianzas secretas
No les debe resultar una sorpresa, queridos lectores, el revuelo que causó la reaparición de Cristina Daaé sana, salva y completa. Aunque quienes la habían visto notaban que aquel candor e inocencia que caracterizaban a la muchacha, ahora lucían más bien apagadas.
Tampoco a Canelle debió sorprenderle… pero ciertamente le resultó algo molesto todo l barullo en el Palacio justo la mañana en que sufría la primera resaca de su vida.
No estaba muy segura de cómo, pero había terminado bebiéndose media cava de una taberna de mala muerte junto con Cyrano, y recordaba a medias que el dolor en algunas partes de su cuerpo fueron causados por una riña con un quinteto de borrachos que se habían burlado de la famosa nariz. Sonrió muy a su pesar: salir victoriosa de una pelea dos contra cinco, aunque los habían echado de la taberna (de cualquier manera no pensaba volver) y el dolor de esa mañana, le resultaba satisfactorio.
-¡Y a puño limpio, además!- exclamó entusiasmada aunque nadie le prestaba atención. Obviamente, una tramoyista golpeada y con resaca no tenía la menor importancia con los acontecimientos de esta mañana.
-Escandalosas notas habían acompañado el regreso de la naciente estrella Cristina Daaé, creando confusión y asombro entre escépticos y creyentes de El Fantasma de la Ópera. Por eso yo, Fleur Blanche, he sido llamada a investigar esta misteriosa reaparición.
-Meow.
-¿Pero era necesario traer a Ayesha, Gabriel?
-¡Claro! Esta es su casa.
Fleur no había dejado de reclamarle a Gabriel por haber traído al gato. Si le daba la gana volver con su amo, no habría contacto la noche del viernes… y acababa de gastar una fortuna en salmón y caviar.
-¡Además nadie te llamó para investigar! ¡Te enteraste de pura casualidad hace un rato en la pastelería de San Honorato!
-Valiosísimo lugar. Es una pena que esté a punto de la quiebra.
-¿Cómo se ha atrevido a regresar?
-¡Signora! ¡Cristina nunca jamás podrá suplantarle!
-Solo son un montón de notas de un loco manipulador.
-¿Quién le daría importancia a un sujeto que firma como F.O.?
Fleur y Gabriel se ocultaron para mirar pasar a los administradores, al Vizconde de Chagny y a La Carlota.
-¡Ningún fanfarrón nos dará órdenes!
-Y ningún fanfarrón es más valioso que usted.
-¡Cantará la noche del viernes!
-Esta amenaza de presentar a Cristina Daaé en un papel que le corresponde a usted para evitar una “terrible desgracia” es insignificante.
Uno de las misteriosas notas fue rota en cuatro pedazos y lanzada al suelo, cuando todos los airados reclamos se volvieron casi inaudibles, Fleur se acercó a recogerlo.
-Hum… nuestro Fantasma es muy sugestivo.
Observó Fleur al juntar las piezas de la nota y leerla rápidamente.
-Creo que debemos buscar a alguien mas que sepa sobre este espectro, y creo saber quién.
-¿Iremos de nuevo con el jefe de coros loco?
-No, con nuestra vieja conocida la tramoyista acusada de complicidad de asesinato.
Sin objetar nada, el niño siguió a su tutora.
-¡¿QUÉ?! ¿Qué preparemos todo para el ensayo de La Carlota? Nooooo.
Canelle recibía las primeras indicaciones del día. Inmediatamente pensó en buscar con que cubrirse los oídos: su recién menguante resaca seguramente remontaría con el primer alto de La Carlota.
-¡Canelle! Tú eres Canelle, ¿verdad?
-¿Ehm? Sí soy yo, ¿y tú eres? ¡AH! ¡Un gato persa! O.O
La tramoyista se dio cuenta de su exaltación y trató de disimularlo… ya había reconocido a la joven y el niño. Una periodista y su chalán solo significaban una cosa: discreción absoluta.
-Hola, creo que no nos hemos presentado. Yo soy Fleur, él es Gabriel… y ella es Ayesha.
Canelle miró evaluadoramente a la chica que le extendía la mano amigablemente. Era tan diferente a ella… con esa ropa seria e intelectual, el cabello recogido a un lado por una peineta y con un niño abrazando a un gato al lado. ¿Pero qué podía perder? Estrechó la mano con algo de precaución.
-¡Perfecto! ¿Puedo hablar contigo?
-¿Sobre qué?
-Sobre Cristina Daaé… las notas… F.O…
La tramoyista dio la vuelta y comenzó a caminar, pero la reportera la siguió.
-Vamos, no es para publicarlo, esto ya es más que un asunto periodístico, es algo personal.
-¿Cómo que personal?
-Tú sabes… cuando en una nota de F.O. habla sobre ti, o te es enviada, se vuelve algo personal, ¿no crees?
-¿Ha recibido usted una nota?
-A mi propio domicilio, mire.
Un sobre de impecable caligrafía roja le fue extendido a Canelle, quien ni siquiera tuvo que tomarla para cerciorarse del remitente. Le hizo una seña a sus perseguidores para que la persiguieran y los guió a un área desierta del Palacio.
-¿Qué es lo sabes?
-Muy poco. Lo que tengo por seguro es que no deberían hacer enojar al Fantasma contradiciéndolo.
-Pues déjame decirte que ya lo estoy haciendo, prometí no decir nada.
-Yo también, esto quedará entre nosotros, ¿verdad?
Fleur y Gabriel asintieron.
-¿De qué es capaz el Fantasma?
-De cualquier cosa, supongo. Debe conocer cada centímetro de este edificio, y la manera de aprovecharlo.
-¿Porqué habrá secuestrado a Cristina? ¿Porqué la regresó para protagonizar una Ópera?
- O.O ¡Cielos!
Canelle se detuvo de golpe. Lo había comprendido todo. El asesinato de Montfleury, el rapto de Cristina y la huída del “gato del Fantasma” solo podían significar una cosa.
-Nuestro Fantasma está enamorado.
-¡¿QUÉ?!
Gabriel casi dejó caer a Ayesha de la impresión y Fleur se quedó helada.
-Eso… podría explicarlo… ¡cielos! Canelle, esto lo hace un asunto mucho más privado.
-Lo sé. Ni siquiera deberíamos estarlo hablando tú y yo.
-¡No! Está bien, porque si nosotros tres lo sabemos, entenderemos lo que suceda y hasta podríamos ayudar, ¿entiendes?
La chica mostró que no lo comprendía mirándola confundida.
-Si fueras un “fantasma” oculto en la oscuridad y amaras a alguien, ¿no te gustaría que alguien lo supiera? Que no estuvieras solo e incomprendido en el mundo, que hubiera alguien afuera dispuesto a ayudarte en tu conquista amorosa.
-Pues creo que necesita ayuda, sus métodos no son nada románticos.
Gabriel rió sin querer. Canelle lo secundó con una sonrisa al darse cuenta de lo que acababa de decir.
-¡Es en serio, Canelle! ¡Somos los únicos testigos de la historia de amor más fascinante de la humanidad! Y podríamos ayudar a que llegue a buen término…para todos.
-¿Para todos?
-Si lo que dicen es cierto y creo que lo es, nuestro Fantasma no es correspondido, y es debido a Raul de Chagny. Si lo que le pasó a Montfleury fue causado por F.O., ¿qué no le haría al vizcondecito?
-¡Pero no podemos advertirle! ¡Sería romper el voto de silencio! Canelle es diferente porque ya estaba medio enterada, pero el Vizconde no.- Gabriel por fin entró en la conversación.
-¡Esa es la magia, Gabrielito!
Exclamó Fleur emocionada abrazando al niño por los hombros.
-¡Debemos proteger la integridad del Vizconde de Chagny y el amor de El Fantasma de la Ópera al mismo tiempo! ¡Y sin que el patrocinador se entere!
Gabriel miró alarmado a Fleur, podía distinguir la determinación en su mirada, y eso no era muy esperanzador. Canelle estaba contagiada de la emoción de la periodista, ¡en cuanto le contara a Cyrano de su asombrosa misión!
-Pero por ahora, hay un ensayo que debemos preparar, si me disculpan.
-Hum… ¿y qué vamos a hacer para empezar, Fleur?
-Para empezar, averiguar si es cierto lo del Vizconde.
Canelle apenas escuchaba lo que la joven y el niño discutían, tenía las ideas zumbándole en la cabeza con tanta insistencia que apenas escucharía a La Carlota, en cuanto empezaron a cruzarse con empleados del palacio, todos se separaron silenciosamente a su rutina habitual.
Habitual excepto por el sabor inconfundible en los labios de la intriga de un amor entre un Fantasma y una cantante.
Un Fantasma que había seguido toda la conversación sobre él oculto entre las sombras, con una sonrisa complacida.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Heme aquí nuevamente, tras un lapso de tiempo en que los musos de Convergencia se fueron de vacaciones. Estoy trabajando en mi webcomic (“La Vie Friki”, pregúntenle la dirección al Google) y en otras fics. ¿Han leído el Espontáneo Encuentro en Londres? Tuve a Colin Firth y Pierce Brosnan de musos un rato mientras Erik y Cyrano no estaban.
Erik: Pretextos, sabes que siempre estoy aquí.
Lexell: Sí, te encargaste de recordármelo el miércoles ¬¬
Cyrano: ¿En serio no puedes alcanzar la Luna saltando desde un columpio?
Lexell: ¡Y tú no te pasees por aquí como si no te hubieras largado por semanas!
Cyrano: Ñé
Erik: Lo que debo aplaudirte es que no hayas usado al Daroga para salir del hoyo.
Lexell: Estehhhhm…
*Paneo al changuito golpeando sus platillos en el buró de la habitación de Lexell*
Lexell: Bueno, el punto es que he vuelto a escribir Convergencia y saqué este capítulo del que no tenía idea como escribir.
Cyrano y Erik: Sí, aja ¬¬
Lexell: Bueno, nos leemos a la que sigue, yaaaa! No me vean asíiii!
miércoles, 22 de octubre de 2008
Romeo sin Julieta 5
Capitulo V
Emergentes parentescos
Las ventajas de Verona en un día cuya noche presenciara un gran baile es que nunca ocurren altercados Capuleto-Montesco, entre otras cosas porque por regla general los Capuletos en edad de trifulcas de consideración están demasiado ocupados previniéndose para el evento, el Príncipe sabía esto y por ello disfrutaba de aquella tranquilidad que el destino tantas veces le negaba, Edith sonreía mirándolo recostado en un sillón aspirando el aroma de sus flores, a veces aquel prolongado compromiso que no terminaba en caer en boda la desbalanzeaba sin embargo sabía que en parte se debía a la nula capacidad de su amado para abstraerse a la muchas presiones que llevar el gobierno de aquella provincia le provocaba, también a que talvez por alguna razón él creía protegerla de esa manera, suspiró y se acerco para acariciarle la mejilla, al sentir aquel roce el hombre la miro con cierto desconcierto.
-¿ocurre algo?-
Preguntó preocupado, demasiado acostumbrado estaba a las visitas urgentes por causa de alguna disputa que aquello había terminado en causarle una especie de paranoia, la mujer le miro tiernamente negando con la cabeza
-Solo quería mirarte de cerca querido Alexandre
Una sonrisa se dibujo en los labios del Príncipe que la atrajo hacia él en medio de risas.
Para una provincia que vivía sumida en innumerable cantidad de riñas, las risas eran un sonido popular e inmensamente común, Benvolio reía entretenido bromeando con Mercucio acerca de lo que los Capuleto debían estar haciendo aquella tarde con respecto al baile, sus ademanes burlescos eran de tal calidad que incluso Romeo había superado su etapa melancólico-romántica y sonreía ampliamente carcajeando de vez en cuando, la jóvenes que los topaban en la calle los saludaban felices de poder acercarse tan fácilmente a aquellos apuestos ejemplares de maneras desgarbadas.
Al acercarse a una encrucijada, Benvolio se acerco a Romeo acomodándole un codazo en las costillas
-Te reto!!-
Exclamo con amplio ademán mientras el heredero Montesco se sobaba con visibles muecas de queja
-¿A que?
Preguntó medio enfadado, su amigo sonrió triunfalmente y señalo hacia la izquierda, al fondo, la calle de los Capuleto se divisaba transversalmente.
-A que no vas a pasearte por alla
-Pues Claro que no! Que me crees?
-Miedoso
Siseo Benvolio, Romeo lo miro con rencor, Mercucio rió bajito
-Estas demente no lo haré es la calle Capuleto ¿qué te imaginas que me van a hacer?
-Precisamente, así nos divertiremos un rato
Sonrió contento el rubio mientras le guiñaba el ojo a una chica y le lanzaba un beso a otra en un balcón, Romeo puso cara de indignado, Benvolio lo miro burlesco de nuevo.
-Ya es suficiente Benvolio
-Tiene miedo
-Claro que tiene miedo
-No lo tengo!!
Estallo el delos cabellos largos, echando a caminar rumbo a la citada calle.
-Me impresionas
Dijo Benvolio a Mercucio, mientras el joven esbozaba una sonrisa de superioridad, sin mas echaron a andar tras su amigo pero manteniendo una distancia prudente desde la que pudieran vigilarlo y sin embargo que le permitiera al joven cumplir el dichoso reto.
Así pues Romeo caminaba maldiciendo ser tan estúpido como para aceptar aquello que solo terminaría en provocar otro de aquellos odiosos pleitos, con la vista fija en el suelo, pensó en comenzar a contar las piedras, deseaba no ver a nadie talvez así no se creerían provocados y no pasaría nada, en esas estaba cuando choco contra un sujeto que deambulaba a media calle.
-Hey! Fíjate por donde andas!
Gritó enfadado, el joven se cubrió como si esperara un golpe, Romeo notó que acababa de cometer una torpeza, se había desquitado con un pobre inocente que además..además... se veía bastante maltrecho.
-Oye disculpa, no he querido gritarte ¿qué te ocurrió? Necesitas ayuda?
Pero el joven lo miró asustado y se marcho en el acto, mientras alrededor de Romeo comenzaba a aumentar el murmullo en el que la palabra “Montesco” proliferaba cada vez mas, Mercucio y Benvolio se acercaron oportunamente.
-Han sido Tybalt y sus perros
Susurró Mercucio con el profundo tono de odio que solía usar al mencionar el nombre del joven de rizos dorados, Romeo se puso serio, Benvolio ya lanzaba miradas amenazantes a quienes los miraban cuchicheando.
-Hemos visto a los cachorritos lanzar a ese pobre infeliz a la calle
Puntualizó Benvolio
-Pero la gatita debe estar lamiéndose para el baile de esta noche
Pronunció con desprecio el primo del Príncipe
-Como sea hay que separarnos, nos veremos en tu casa Mercucio.
Concluyo el heredero Montesco, Mercucio acepto pero opto por darle su manto al joven y recomendarle cubrirse
-Ni Benvolio ni yo somos Montesco, no te quiero ver exiliado por estos chismosos
Sentenció cuando su amigo comenzaba a protestar, los jóvenes iniciaron el camino por calles distintas, alerta por alguna emboscada o ataque a traición.
Mientras tanto en casa de Mercucio, Sacni lloraba escondida para que sus hermanas no la vieran, a pesar de todo se sentía triste verdaderamente triste, le parecía que Verona era el ultimo escalón antes de separarse permanentemente de ellas y eso la asustaba, como sea por mas horribles que fueran aquellos augurios en su alma la dicha de haber reencontrado a su primo era suficiente para hacerla olvidar, al menos mientras lo tenia cerca y ¿que pasaba? Que Mercucio se la vivía en la taberna desde temprano o al menos eso aseguraban los criados.
Farfullando por aquello comenzó a secar sus lagrimas abandonando su escondite, Lexell conversaba animadamente con Jazmín sobre un libro mientras Angie repasaba algunas frases en francés, con la idea de los buenos prospectos la joven apreciaba aumentar sus cualidades anexándole el dominio de diversos idiomas, miraba la calle repasando cuando noto a una persona envuelta en un manto que se acercaba a la casa con cierto aire furtivo
-Ahí viene-
Pronunció significativamente logrando captar la atención de sus hermanas y mas aún compartiendo la idea de a quien se refería, Jazmín se levanto de inmediato.
-Hay que darle la bienvenida
-Claro! Un buen apachurro de entrada para comprobar su equilibrio!
Declaró Lexell ya en las escaleras, las demás la siguieron apresuradamente
-¡PRIMITO!!-
Mercucio escucho aquella exclamación momentos antes de hallarse a sus primas en abrazo grupal sobre un jovenzuelo de cabellos largos, mareado y envuelto en su manto
-Ejem No lindas este es Romeo Montesco, no es nuestro primo
Pronuncio cortésmente sin embargo, era tarde, ellas acababan de reparar en cuan adorable era aquel chico de tierna sonrisa e inocente rostro de franco desconcierto
-Pero como si lo fuera!!n.n
Sonrieron sin dejar de abrazarlo, el apretado muchacho medio trataba de definir quienes eran aquellas bellas señoritas que nunca había visto y parecían vivir en aquella casa que o mucho se equivocaba era la de su estimado amigo
-Primito!!
-Pero..
-Primito!!
-No es...
-Primito!!
-Nuestro..
-PRIMITO!!
Exclamaban contentas aunque comenzando a lanzarle miradas fulminantes al dueño dela casa el cual hizo ademan de tragarse palabras que bien podrían haber sonado como un “Háganme caso escuinclas locas!!” y que sin embargo procuro no pronunciar por aquello de los malentendidos, en aquellos momentos Benvolio arribo al lugar, habiéndose librado de un par de lacayitos sin chiste que habían deseado mostrar su hombría.
-Que hay Mercucio
Sonrió espléndidamente notando entonces el cuadro de las jóvenes atosigando al Montesco, aquello fue demasiado extraño y la extrañeza aumento cuando se notó en medio de aquellas jóvenes que en algún momento lo habían anexado a aquella ronda de abrazos.
-Primito!!
Sonrieron y en aquellas jovencitas Benvolio descubrió una mirada que juraría nunca llegar a olvidar, era tanta la vida en aquellas pupilas y tan profundos los matices en ella que el joven se sintió mareado al descubrirse capaz de leer tanto en unos iris, por su parte Mercucio se había anexado al juego.
-Primitos!! n.n
-Que no son nuestros primos, caramba!
Declaró ya victima de los celos fraternales que tan bien ensayados había tenido en su tiempo y de los cuales al parecer no había perdido del todo la practica, Romeo comenzó a captar aquello
-Pero..vaya! Mercucio, Benvolio, yo los considero como mis hermanos
Sonrió con ternura innata
-No me ayudes
Gruño el “legitimo” primo, las chicas notaron aquel cambio de humor y en un momento abandonaron a sus nuevos “primos” para abrazarlo solo a él que se dio el lujo de presumir impunemente su superioridad.
-Bueno amigos ellas son Jazmín, Lexell, Sacni y AngelChristie, mis.. primas ..
Benvolio se obligó a apartar la mirada de aquello que lo había hipnotizado para saludarlas con cortesía mientras mencionaba su nombre, Romeo hizo ademán de que lo esperaran un momento y salió corriendo solo para volver instantes después con una flor para cada una, la actitud de aquel chico era sin duda tan naturalmente amable que era imposible no sentir afecto por él al primer instante.
-Ah es verdad me he encontrado a la mayoría de los amigos de camino hacia acá y se me han juntado, están afuera esperándonos
Pronuncio mecánicamente el joven de rubios cabellos, las chicas lo miraron emocionadas
-A Nosotras?!
Exclamaron fascinadas saliendo de inmediato con la esperanza de conocer nuevos “Primos”