miércoles, 22 de octubre de 2008

Romeo sin Julieta 5

Capitulo V
Emergentes parentescos


Las ventajas de Verona en un día cuya noche presenciara un gran baile es que nunca ocurren altercados Capuleto-Montesco, entre otras cosas porque por regla general los Capuletos en edad de trifulcas de consideración están demasiado ocupados previniéndose para el evento, el Príncipe sabía esto y por ello disfrutaba de aquella tranquilidad que el destino tantas veces le negaba, Edith sonreía mirándolo recostado en un sillón aspirando el aroma de sus flores, a veces aquel prolongado compromiso que no terminaba en caer en boda la desbalanzeaba sin embargo sabía que en parte se debía a la nula capacidad de su amado para abstraerse a la muchas presiones que llevar el gobierno de aquella provincia le provocaba, también a que talvez por alguna razón él creía protegerla de esa manera, suspiró y se acerco para acariciarle la mejilla, al sentir aquel roce el hombre la miro con cierto desconcierto.

-¿ocurre algo?-

Preguntó preocupado, demasiado acostumbrado estaba a las visitas urgentes por causa de alguna disputa que aquello había terminado en causarle una especie de paranoia, la mujer le miro tiernamente negando con la cabeza

-Solo quería mirarte de cerca querido Alexandre

Una sonrisa se dibujo en los labios del Príncipe que la atrajo hacia él en medio de risas.
Para una provincia que vivía sumida en innumerable cantidad de riñas, las risas eran un sonido popular e inmensamente común, Benvolio reía entretenido bromeando con Mercucio acerca de lo que los Capuleto debían estar haciendo aquella tarde con respecto al baile, sus ademanes burlescos eran de tal calidad que incluso Romeo había superado su etapa melancólico-romántica y sonreía ampliamente carcajeando de vez en cuando, la jóvenes que los topaban en la calle los saludaban felices de poder acercarse tan fácilmente a aquellos apuestos ejemplares de maneras desgarbadas.

Al acercarse a una encrucijada, Benvolio se acerco a Romeo acomodándole un codazo en las costillas

-Te reto!!-

Exclamo con amplio ademán mientras el heredero Montesco se sobaba con visibles muecas de queja

-¿A que?

Preguntó medio enfadado, su amigo sonrió triunfalmente y señalo hacia la izquierda, al fondo, la calle de los Capuleto se divisaba transversalmente.

-A que no vas a pasearte por alla

-Pues Claro que no! Que me crees?

-Miedoso

Siseo Benvolio, Romeo lo miro con rencor, Mercucio rió bajito

-Estas demente no lo haré es la calle Capuleto ¿qué te imaginas que me van a hacer?

-Precisamente, así nos divertiremos un rato


Sonrió contento el rubio mientras le guiñaba el ojo a una chica y le lanzaba un beso a otra en un balcón, Romeo puso cara de indignado, Benvolio lo miro burlesco de nuevo.

-Ya es suficiente Benvolio
-Tiene miedo
-Claro que tiene miedo
-No lo tengo!!

Estallo el delos cabellos largos, echando a caminar rumbo a la citada calle.

-Me impresionas
Dijo Benvolio a Mercucio, mientras el joven esbozaba una sonrisa de superioridad, sin mas echaron a andar tras su amigo pero manteniendo una distancia prudente desde la que pudieran vigilarlo y sin embargo que le permitiera al joven cumplir el dichoso reto.

Así pues Romeo caminaba maldiciendo ser tan estúpido como para aceptar aquello que solo terminaría en provocar otro de aquellos odiosos pleitos, con la vista fija en el suelo, pensó en comenzar a contar las piedras, deseaba no ver a nadie talvez así no se creerían provocados y no pasaría nada, en esas estaba cuando choco contra un sujeto que deambulaba a media calle.

-Hey! Fíjate por donde andas!

Gritó enfadado, el joven se cubrió como si esperara un golpe, Romeo notó que acababa de cometer una torpeza, se había desquitado con un pobre inocente que además..además... se veía bastante maltrecho.

-Oye disculpa, no he querido gritarte ¿qué te ocurrió? Necesitas ayuda?

Pero el joven lo miró asustado y se marcho en el acto, mientras alrededor de Romeo comenzaba a aumentar el murmullo en el que la palabra “Montesco” proliferaba cada vez mas, Mercucio y Benvolio se acercaron oportunamente.

-Han sido Tybalt y sus perros
Susurró Mercucio con el profundo tono de odio que solía usar al mencionar el nombre del joven de rizos dorados, Romeo se puso serio, Benvolio ya lanzaba miradas amenazantes a quienes los miraban cuchicheando.

-Hemos visto a los cachorritos lanzar a ese pobre infeliz a la calle
Puntualizó Benvolio

-Pero la gatita debe estar lamiéndose para el baile de esta noche
Pronunció con desprecio el primo del Príncipe

-Como sea hay que separarnos, nos veremos en tu casa Mercucio.
Concluyo el heredero Montesco, Mercucio acepto pero opto por darle su manto al joven y recomendarle cubrirse

-Ni Benvolio ni yo somos Montesco, no te quiero ver exiliado por estos chismosos

Sentenció cuando su amigo comenzaba a protestar, los jóvenes iniciaron el camino por calles distintas, alerta por alguna emboscada o ataque a traición.

Mientras tanto en casa de Mercucio, Sacni lloraba escondida para que sus hermanas no la vieran, a pesar de todo se sentía triste verdaderamente triste, le parecía que Verona era el ultimo escalón antes de separarse permanentemente de ellas y eso la asustaba, como sea por mas horribles que fueran aquellos augurios en su alma la dicha de haber reencontrado a su primo era suficiente para hacerla olvidar, al menos mientras lo tenia cerca y ¿que pasaba? Que Mercucio se la vivía en la taberna desde temprano o al menos eso aseguraban los criados.

Farfullando por aquello comenzó a secar sus lagrimas abandonando su escondite, Lexell conversaba animadamente con Jazmín sobre un libro mientras Angie repasaba algunas frases en francés, con la idea de los buenos prospectos la joven apreciaba aumentar sus cualidades anexándole el dominio de diversos idiomas, miraba la calle repasando cuando noto a una persona envuelta en un manto que se acercaba a la casa con cierto aire furtivo

-Ahí viene-

Pronunció significativamente logrando captar la atención de sus hermanas y mas aún compartiendo la idea de a quien se refería, Jazmín se levanto de inmediato.

-Hay que darle la bienvenida
-Claro! Un buen apachurro de entrada para comprobar su equilibrio!
Declaró Lexell ya en las escaleras, las demás la siguieron apresuradamente

-¡PRIMITO!!-

Mercucio escucho aquella exclamación momentos antes de hallarse a sus primas en abrazo grupal sobre un jovenzuelo de cabellos largos, mareado y envuelto en su manto

-Ejem No lindas este es Romeo Montesco, no es nuestro primo

Pronuncio cortésmente sin embargo, era tarde, ellas acababan de reparar en cuan adorable era aquel chico de tierna sonrisa e inocente rostro de franco desconcierto

-Pero como si lo fuera!!n.n

Sonrieron sin dejar de abrazarlo, el apretado muchacho medio trataba de definir quienes eran aquellas bellas señoritas que nunca había visto y parecían vivir en aquella casa que o mucho se equivocaba era la de su estimado amigo

-Primito!!
-Pero..
-Primito!!
-No es...
-Primito!!
-Nuestro..
-PRIMITO!!

Exclamaban contentas aunque comenzando a lanzarle miradas fulminantes al dueño dela casa el cual hizo ademan de tragarse palabras que bien podrían haber sonado como un “Háganme caso escuinclas locas!!” y que sin embargo procuro no pronunciar por aquello de los malentendidos, en aquellos momentos Benvolio arribo al lugar, habiéndose librado de un par de lacayitos sin chiste que habían deseado mostrar su hombría.

-Que hay Mercucio

Sonrió espléndidamente notando entonces el cuadro de las jóvenes atosigando al Montesco, aquello fue demasiado extraño y la extrañeza aumento cuando se notó en medio de aquellas jóvenes que en algún momento lo habían anexado a aquella ronda de abrazos.

-Primito!!

Sonrieron y en aquellas jovencitas Benvolio descubrió una mirada que juraría nunca llegar a olvidar, era tanta la vida en aquellas pupilas y tan profundos los matices en ella que el joven se sintió mareado al descubrirse capaz de leer tanto en unos iris, por su parte Mercucio se había anexado al juego.

-Primitos!! n.n

-Que no son nuestros primos, caramba!


Declaró ya victima de los celos fraternales que tan bien ensayados había tenido en su tiempo y de los cuales al parecer no había perdido del todo la practica, Romeo comenzó a captar aquello

-Pero..vaya! Mercucio, Benvolio, yo los considero como mis hermanos
Sonrió con ternura innata

-No me ayudes

Gruño el “legitimo” primo, las chicas notaron aquel cambio de humor y en un momento abandonaron a sus nuevos “primos” para abrazarlo solo a él que se dio el lujo de presumir impunemente su superioridad.

-Bueno amigos ellas son Jazmín, Lexell, Sacni y AngelChristie, mis.. primas ..

Benvolio se obligó a apartar la mirada de aquello que lo había hipnotizado para saludarlas con cortesía mientras mencionaba su nombre, Romeo hizo ademán de que lo esperaran un momento y salió corriendo solo para volver instantes después con una flor para cada una, la actitud de aquel chico era sin duda tan naturalmente amable que era imposible no sentir afecto por él al primer instante.

-Ah es verdad me he encontrado a la mayoría de los amigos de camino hacia acá y se me han juntado, están afuera esperándonos

Pronuncio mecánicamente el joven de rubios cabellos, las chicas lo miraron emocionadas

-A Nosotras?!

Exclamaron fascinadas saliendo de inmediato con la esperanza de conocer nuevos “Primos”

Romeo sin Julieta 4

Capitulo IV
La Petición de Matrimonio

Un hombre de cortos rizos oscuros revisaba los documentos que aquella mañana le presentaría a Lord Capuleto mientras tomaba sorbos de su taza, era esta sin duda una empresa sumamente importante, pues bastaba mirarse al espejo por las mañanas para recordarse que era momento de tomar una esposa, por lo que, siendo tal el caso, que mejor que la hija de una de las familias mas importantes dela provincia, se sonrió un poco, era verdad que en términos tácticos sus familias estaban a la par después de todo el era un Conde y primo cercano del Príncipe por añadidura, sin embargo la situación actual no era digna de ignorarse.

Los problemas eran indiscutibles, los disturbios insoportables de manera que en honor a la verdad, fueran quienes fueran los gobernantes oficiales dela provincia, Él tenia lo suficientemente bien planeado su futuro como para caer en nimiedades de pequeñas complicaciones, la chica Capuleto era entonces una opción viable y sobre todas las cosas no implicaba un sacrificio.

De grácil cuerpo núbil la joven no era fea, educada dentro delas mejores costumbres sus modales eran perfectos, hija única, heredera testamentada de la fortuna de su familia, digno pendiente colgado de su brazo para presentar en la Corte, Si, aquello era sin duda un buen contrato, miro el reloj del estudio.

-Será mejor partir de una vez

Sonrió mirándose al espejo antes de abandonar el lugar dejando la taza sobre el escritorio.

A calles de ahí, en la mansión Capuleto, reinaba un ambiente de cuchicheada expectación, era un rumor a voces que el Conde Parys deseaba la mano de Julieta, la bella heredera de la familia, era de igual forma sabido que Lady Capuleto aprobaba con creces aquella unión, sin embargo Lord Capuleto no parecía estar tan de acuerdo y se aferraba a la idea de poner oídos sordos a los rumores.

Así, con tranquilidad y parsimonia caminaba por el pasillo de su morada pensando en el berrinche que acababa de presenciar cortesía de su adorada hija, quizá había algo de verdad en quienes decían que la tenia un tanto consentida, sin embargo ¿era acaso un pecado desearle una existencia tranquila y cómoda? Él se respondía decididamente que no.

Un pequeño persiguió un juguete frente a él y hubo necesidad de esquivarlo, mientras el niño se alejaba lo miro con detenimiento “habría sido mas fácil” pensaba convencido, un chico no armaría una rabieta por el color del vestido que tendría que usar...

-Estos botones son una burla!-

La atención de Lord Capuleto fue llamada por la indignada exclamación de un joven de largos y bien delineados rizos dorados que evaluaba con ojo experto un magnifico saco de gala carmín de bordados en dorado, que, en honor a la verdad parecía haber sido confeccionado con tela para cortinas aunque por las palabras del joven no era este el detalle que le había molestado.

-vamos hermano no es para tanto, luce elegante n.n

Sonrió una bella chica ala lado del joven, Lord Capuleto se entretuvo en observarlos con calma, de idénticos rizos, aquellos hermanos se compaginaban con sutil belleza, él, fuerte y orgulloso de cabellos dorados como un sol, ella, mística y hermosa de cabellos oscuros como una profunda noche.

-Es obvio Adriana querida que como tus perfectas virtudes son para ti innatas, la elegancia en la ropa en este caso es para ti un valor tan efímero que no lo sabes evaluar como es debido, No, estos botones lucen terriblemente en este...

Arrojo la prenda enfadado en brazos del acongojado sastre

-Vamos!-rugió-ve a ver como arreglas esto y da gracias a que mi hermana esta presente o escucharías verdades mas acordes con “eso”

Señaló, el citado personaje se retiro son sutileza

-Eres demasiado duro hermano, el hombre es el encargado de tus trajes siempre

-Lo se..lo se pero a veces creen que solo por ser favoritos uno se pondrá lo que le traigan

-Ser el sastre de Tybalt Capuleto no es cualquier cosa no lo crees?

Tybalt acaricio el rostro de su hermana con cariño, dedicándole una mirada asesina al joven noble que la había estado mirando interesado, como el otro no se inmutara, pronto se vio escoltado por dos jóvenes que respondían a los nombres de Fabio y Lucio, hacia uno delos solitarios rincones de la propiedad, Tybalt beso la frente de su hermana

-Tengo un asunto que atender querida nos veremos esta noche AH! Tío!

Hizo una reverencia ante el hombre que se acercaba pero castigar a aquel insolente era algo que no podía esperar para hacer, se despidió con cortesía y se marcho.

-Tío n.n

Sonrió la joven saludando con reverencia

-Adriana buen día, lista para el baile?

-Algo así n.n y mi prima?

-Bueno ...ella...

Mientras tanto en la habitación de Julieta...

-Que No!!

Una joven de largos cabellos rubios arrojo por quinta ocasión un vestido de magnifico carmín al suelo.

-Mi niña por favor mira es un vestido tan bello...

Una mujer de maternal constitución recogía el vestido con cuidado

-No me importa!! Estoy harta de ese color!!

-Por dios! deja de ser berrinchuda es el color de tu escudo, será un baile de gala debes vestir orgullosa de tu casa y estirpe

La regaño una seductora mujer de rubios cabellos y chispeante mirada.

-No quiero!!

-Julieta!!

-He dicho que no Madre

La bella mujer bufó y salió dela habitación, justo entonces un sirviente se le acerco con premura.

-Mi señora!! El Conde Parys esta en la sala con el Señor, ha traído títulos y una petición formal..

No bien había escuchado esto la mujer echo a correr rumbo al sitio, aunque al estar cerca menguo el paso recuperando su elegancia, aquello era un acontecimiento tal que básicamente todos los integrantes de aquel lugar estaba al pendiente.

Parys había colocado su mano familiarmente en el hombro de Lord Capuleto mientras le explicaba sus razones

-Comprenda usted tengo 30 años mi tiempo es ahora
-Querido amigo estoy sorprendido
-No será un sacrificio pues soy encantador
-No puedes negarlo

Sonrió Lady Capuleto entrando a la escena, el conde se apresuro a besarle la mano con respeto, ella miro afirmativa a su esposo, él no estaba tan convencido, Parys lo notó

-No debe temer pues adoro a su hija, no perderá al dármela, soy un buen partido

-Grave error es tomar un corazón que no esta listo...ella es tan tierna aún

-Madurara a mi lado, en una casa digna de ella, no sufrirá, y en cuanto a ustedes pagare sus deudas si tienen alguna, daré fiestas para honrarlos.

-Tendrá que esperar...

-Porque!!

Replicaron el Conde y Lady Capuleto a la vez

-Venga! Por favor, esta noche podrá verla, tened paciencia, un poco de paciencia, empiece por un baile y después... después ya veremos.. aún es joven

Sentenció, el conde tuvo que resignarse

-Que así sea entonces

Sonrió y tras despedirse con toda ceremonia se retiró, mientras salía Tybalt lo miró cruzar la puerta de salida

-Que tipo este, Julieta es demasiado para él-gruñó

-Tu crees? A mi me parece que en cuanto la conozca dejara de estar interesado
Recito Adriana jugueteando con un listón de su vestido

-Como has podido rechazarlo!!

Reclamó Lady Capuleto su marido la ignoró, caminaba con dolor de cabeza, al pasar por la habitación de su hija alcanzo escucharla exigir un vestido rosa, sonrió con tristeza.

-Julieta..

Romeo sin Julieta 3

Capitulo III
Los Reyes del Mundo


Mercucio dejo el vaso de vino sobre la mesa, inquiriéndose reiteradamente y con sobrada concentración “¿En que estaba pensando cuando deje que fueran a vivir a mi casa?” en honor a la verdad aquello lo había estado torturando las ultimas 48 horas, lo pensó con calma por enésima ocasión.

–mmmm talvez fue porque estaba demasiado sobrio-

Se dijo mas convencido de lo que lo había estado con las otras teorías, miro el vaso con detenimiento, como si le preguntara “¿por qué no me obligaste a vaciarte repetidas ocasiones aquella mañana?” después miro al tabernero como inquiriendo “¿porque no me obligaste a beber demás hasta muy tarde la noche anterior para amanecer con una de mis famosas resacas aquella mañana?” era como si todo mundo incluidos los objetos y el clima hubiesen conspirado en su contra, maldijo a la piedra que no se quito a tiempo obligándolo a tropezarse y caer en la cuenta de que ELLAS estaban ahí, lo siguiente...lo siguiente era mas borroso que sus peores recuerdos de sus peores borracheras, podía mirar el momento visto desde afuera, como si no hubiese sido él uno delos personajes principales, vació el vaso de un trago, el tabernero oportunamente sirvió de nuevo y dejo la botella, el joven se froto la barbilla pensando en aquella escena de cuento para doncellas, lo peor del caso era que de eso, justo de eso era delo único que no se arrepentía.

Suspiró, sus problemas no provenían de tenerlas cerca, si no de que su morada no era precisamente un lugar, como decirlo, propio, para que vivieran cuatro doncellas, es decir, era su casa, su refugio, su guarida...por otra parte aceptaba que estaba lleno de una sensación un tanto extraña, un cosquilleo interno, quizá eso a lo que llamaban felicidad real, vació la botella y se levantó, era hora de volver a casa.

Lejos de ahí, en la plaza principal un joven de largo cabello castaño, paseaba contento por la calle mientras jugueteaba con los pétalos de una flor que portaba en la mano, las doncellas lo miraban con singular atención y a pesar de que varias intentaban hacerse las desentendidas, admiraban de reojo aquel rostro de inocente ternura que provocaba los suspiros de mas de una. Si, aquel joven, era sin duda uno de los mejores partidos de Verona.

-Un jour...

Canturreaba el chico mientras avanzaba con dirección definida prodigando sus sonrisas a todas las que con valor o timidez lo saludaban, la verdad es que aquello le resultaba agradable, caminar por una ciudad tranquila pero sabía que la realidad era otra y que de un momento a otro, a su lado, al frente o en algún local cercano se desataría una riña, sin sentido ni razón verdadera pero tan real que ya había cobrado mas de una vida, suspiró, triste destino aquel que pendía sobre ellos, sin embargo a pesar de ello no era capaz de abandonar aquel lugar pues agradecía cada día por los familiares y amigos que la vida le había obsequiado, precisamente en aquel instante se dirigía a la morada de aquel a quien consideraba un hermano.

Unas calles abajo un joven de cabellos rubios conversaba precavidamente con una bella chica de rojiza cabellera que se ocultaba a la sombra de un balcón, el joven parecía por demás divertido con aquella situación mientras dirigía miradas periféricas que se tornaban coquetas al posarse en ojos femeninos u hoscas al toparse con varones curiosos, ella le propinaba pequeños pellizcos en las costillas al verlo sonreírles a otras jóvenes pero conocía por demás la naturaleza de su acompañante, el irresistible encanto que incluso a ella había logrado atraerla, ademas todo valía la pena al verlo dedicarle su inocente expresión de “yo no hago nada” finalmente la entrevista se dio por terminada, ella hizo ademán de marcharse ofreciéndole su mano, el joven la beso reteniéndola un instante entre las suyas solo para que en ultima instancia con hábil movimiento le ayudara a tener a la chica en brazos y despedirla con un rápido beso en los labios.

La joven se marcho riendo mientras él exhalaba satisfecho y alisándose la camisa comenzaba a caminar silbando por la calle, bastaron unos pasos para toparse con su buen amigo.

-Romeo! Que bueno que te veo ¿dónde estabas? Lady Montesco me agarro desprevenido y me pregunto por ti, y yo ni idea, figúrate ha dicho con todas sus letras que soy tu niñera!

Estaba ligeramente exaltado sin embargo el chico de la bella cabellera parecía inmerso en sus pensamientos tanto que ignoraba a su amigo olímpicamente mientras miraba el camino sin prestarle atención realmente, pasaron frente a un puesto de frutas donde la encargada los saludo con entusiasmo incluso llegando a lanzarles algunos besos, ambos respondieron con sus mas encantadoras sonrisas.

-ahh..que fruta mas deliciosa es esa Isabella no lo crees amigo?

Sonrió picaramente el dueño de los ojos verdes pero el joven Montesco parecía haber hallado algo decididamente interesante en la flor que sostenía pues la miraba con fijeza

-hey! Romeo! Hazme caso!

Gruño finalmente propinándole un ligero zape, el otro volteo con cara de niño ofendido a quien fastidian a medio juego, abrió la boca para quejarse pero paso un grupo de jovencitas y de nuevo la sonrisa decoro su rostro, cuando volteo a ver a su amigo para reclamar el golpe, este se frotaba las manos.

-Eran suficientes para ambos

Murmuraba, Romeo frunció el ceño y negó con la cabeza fastidiado, el otro lo miro extrañado

-Que?
-Benvolio acaso nunca piensas en el amor?
Inquirió con cierta seriedad rara en él

-claro que si! “Nous on fait l'amour on vit la vie, Jour après jour nuit après nuit..” Recuerdas?

El joven heredero Montesco hizo gesto de exasperación, hizo ademán de quien se espanta un mosquito y prosiguió el camino que llevaba, Benvolio lo alcanzo hasta colocarse a su lado tras lo cual comenzó a caminar a su paso.

-Que te pasa? Andas muy ido
-Nada, solo pensaba que soy amado por tantas mujeres y a la vez por ninguna, conozco sus trampas, he caído en ellas, con el tiempo he devuelto las heridas porque realmente nunca he amado a ninguna, sabes Benvolio, quisiera enamorarme de verdad.

Sonrió con ironía mientras aspiraba el aroma de la flor en su mano, su amigo le dio un par de palmaditas en la espalda sonriéndole con indulgencia

-Ayy Romeo tu y tus ideas, ya conoces el amor, que no sea lo que las doncellitas aprenden en sus cuentos no es asunto nuestro.
Sentenció convencido, justo entonces un par de brazos los aprisionaron por los lados, ambos voltearon alarmados solo para encontrarse con el rostro de Mercucio.

-Como están amigos? Que hacen caminando sin un par de bellas doncellas a los lados?
Preguntó el joven con cierto aliento alcohólico menor al que sus amigos estaban acostumbrados apercibir en él

-Vaya! Yo te hacia fuera de la ciudad
-NO, mi estimado Benvolio, te conozco como para saber que ibas a hacerme el favor de cuidar de mis amigas en mi ausencia
-Tu lo sabes todo por los amigos n.n

Ambos intercambiaron miradas y sonrisas cómplices, Romeo sonrió con cierta tristeza,

Mercucio le pellizco la mejilla.
-De nuevo pensando en amores verdad?

Preguntó con la respuesta por demás sabida, los iris café oscuro del heredero Montesco lo miraron casi con gratitud por la ausencia de burla en su tono

-Iba para tu casa
Susurró cambiando de tema pues sabia que no había necesidad de mantener el anterior,


Mercucio sonrío aunque soltándolos pareció meditar un momento.

-Talvez no sea buena idea
Murmuró, Benvolio se le acercó

-Esta noche hay un gran baile con los Capuleto
Susurró en su oído, Mercucio pareció reaccionar, miro el cielo y exhalo resignado

-Venga pues, vamos a mi casa

Exclamo y los tres jóvenes comenzaron a caminar en dirección a la morada de Mercucio.

-Les rois du monde font tout ce qu'ils veulentIls ont du monde autour d'eux mais ils sont seulsDans leurs châteaux là-haut, ils s'ennuientPendant qu'en bas nous on danse toute la nuit

Cantaba Benvolio mientras Mercucio silbaba y Romeo pensaba para sus adentro que algún día,
“Ella” llegaría, sus corazones, sus almas se unirían y su amor sería tan fuerte que incluso cuando la muerte llegara, seguirían amándose, un día...

--Traducciones por orden de aparición--

-Un día
-"Nosotros hacemos el amor vivimos la vida
día tras día, noche tras noche"
-"Los reyes del mundo hacen lo que quieren
en sus castillos tan altos, ellos se aburren
mientras que abajo bailamos toda la noche"

Romeo sin Julieta 2

Capitulo I
La esperanza termina en Verona

Edith III de Verona, princesa real y prometida del príncipe de la provincia, paseaba por su hermoso jardín de fuentes embaldosadas, aquella mañana había recibido una carta de su querida hermana Elsa. Mayor a ella, había sido desposada por un rico señor de vastas tierras, hacia ya varios años, a partir de entonces los múltiples compromisos de su nueva vida habían monopolizado de tal forma la existencia de su hermana que su ultima reunión se había efectuado hacía casi 15 años.

Por lógica, aquella carta era a un mismo, motivo de intriga y dicha, hallando finalmente un lugar cómodo para leer, los sirvientes le llevaron un confortable sillón que colocaron al pie de una higuera de frondosa guía, Edith tomo asiento e inició su lectura.

“Querida hermana:

Han pasado años desde nuestra ultima correspondencia, me veo obligada a disculparme e intentar explicarlo, sin embargo, apenas he hallado tiempo para escribir esto y me temo que pronto necesitaran de nuevo mi presencia, por lo que me veo obligada a ser breve.

Recordaras a mis hijas, cuatro doncellitas que Dios me ha permitido convertir en damitas, talvez al recordar esto, tu animo se sienta ofendido al creer que no tuve la cortesía de invitarte a las nupcias que por edad ya deberían haber contraído, sin embargo, mi pequeña hermana, temo que mi conciencia esta limpia de tal falta. ¿La razón? Muy sencilla, mis hijas aún no se han casado, imagino tu rostro al leer esto y haces bien en hacer tus cuentas, estas en lo correcto. Si, si tienen esa edad.

Tal vez recuerdes que en alguna de nuestras conversaciones llegue a comentarte que no las obligaría a casarse, así lo he hecho, con el paso de los años he aprendido a perdonar a nuestros amados padres, incluso a nuestra querida hermana, pero se que jamás me perdonaría el someter a mis pequeñas al martirio que sufrí, aún ahora me atrevo a pensar que no he hecho mal, sin embargo todo tiene un limite, con su padre en Tierra Santa, la responsabilidad es solo mía, han rechazado a todos sus pretendientes, uno a uno, metódicamente, no hay mas prospectos en la región y el verlas en la flor dela vida me hace temer raptos y deshonras.

Han sido ya demasiadas mis noches en vela, pero al final me parece que han sido productivas, he aquí finalmente el motivo de esta carta, querida hermana eres mi ultima esperanza, te enviare a mis hijas con la esperanza de que bajo tu protección y en tus tierras, encuentren el amor y la esperanza que aquí simplemente no han hallado, por favor no me repliques, estoy perfectamente consiente dela situación reinante en la provincia, pero ten piedad y recuerda que si este ultimo intento fracasa, me encargare de que consagren a Dios sus virtudes en el convento mas adecuado, te lo ruego...

Con sincero afecto

Elsa”


La princesa dobló con cariño la carta pensando en la petición ahí escrita, era sin duda un asunto delicado. Lo comprendía, en realidad, realmente lo comprendía y había tomado la decisión de aceptarla cuando un sirviente se acercó para informarle que al patio principal había arribado una carroza dela que descendieron cuatro doncellas que aseguraban ser sobrinas dela señora de la casa.

Edith se levantó de inmediato y acudió al citado punto donde en efecto se hallaban cuatro doncellas supervisando el arribo de varios coches mas, que, presumiblemente transportaban sus pertenencias, la mujer aclaró su garganta intentando llamar su atención, ellas voltearon, tras mirarla un instante, se le acercaron e hicieron una cortes reverencia que fue inmediatamente seguida por un abrazo grupal hacia la desconcertada princesa.

-¡TÍA EDITH!-

Corearon antes de comenzar a reír.

Romeo sin Julieta 2

Capitulo II
“¡¡PRIMITO!!”

“Amor”

Edith había meditado en aquella palabra durante tres largos días con sus noches, sus sobrinas habían tomado posesión de su casa, demostrando cualidades, encantos, modales y apariencias dignas de cautivar a los mas refinados caballeros, incluso su amado Príncipe había quedado prendado de aquellas bellas señoritas que con diplomacia se presentaron ante él.

No, evidentemente su condición y educación no eran el problema, mientras las miraba jugar en el jardín escondiéndose tras los pilares, notaba forma a forma los pensamientos de cada una, los miedos, las actitudes, su prometido solía decir que con ella al lado no temía cometer injusticias pues la bella Edith sabia leer en el alma delas personas, sus sobrinas no deseaban, ansiaban el amor, la ternura, sus corazones tenían tantos anhelos que era difícil conformarse con la simple etiqueta de “un buen matrimonio”.

En aquel instante el Príncipe se presentó en el jardín, las chicas dejaron de jugar para saludarle cortésmente pero él les pidió que continuaran con sus juegos, suplicándoles que lo consideraran un familiar y un amigo, Edith se llevo una mano a la frente, no debió decirles eso, mas tardo en completar la frase que en verse atrapado por uno de aquellos abrazos grupales que tan bien ensayados parecían tener las pequeñas, la mujer suspiró decidiendo apartarse dela ventana desde la que había estado contemplando aquello.

Su habitación la llenó de ideas, muchos de los muebles que la decoraban provenían de las que habían sido sus habitaciones de toda la vida en su viejo hogar, cuadros, adornos, retratos, con la mente llena de planes se dejo caer en la cama mirando el dosel de fina tela, presentarlas en sociedad mediante un baile o una reunión solo conseguiría atraer la atención de una lluvia de pretendientes que no dudarían en acosarlas.

Por lógica eso solo terminaría provocando que los rechazaran dejando la situación como al principio, no, definitivamente aquel no era el camino, para lograr casarlas era preciso hacerlas bajar la guardia que tan diligentemente habían levantado, si lo que querían era hallar el amor debían buscarlo, explorar la ciudad, interactuar con el ambiente y los jóvenes, saborear las situaciones, bien en pocas palabras, enamorarse, el problema radicaba en que Verona no era precisamente una provincia tranquila, no podía dejarlas vagar por las calles solas, no era sano, no era correcto y lo mas importante, no era seguro.

Se levantó pensando en como lograr que las chicas conocieran el lugar, abandonó la habitación, las risas provenían del jardín llenando la casa con su sonido, ella misma sonrió, si, debían vivir, pero ¿cómo? Acompañarlas no era una opción, su rostro y posición eran bien conocidos, el caso necesitaba secreto, alcanzo el ventanal que daba paso al balcón dela calle, talvez el viento le refrescara las ideas, las personas iban y venían, tranquilas, pasivas, algunas al mirarla la saludaban con respeto, ella no podía mas que regresar el saludo de manera mecánica pues su mente se hallaba enfrascada en aquel complejo ardid, miró el horizonte“Verone, bella Verone”

Canturreó cuando noto a un joven que daba vuelta en la esquina y se acercaba con paso seguro a su morada, verlo produjo algo así como una revelación para ella, una luz ilumino cada esquina oscura de aquel plan, sin esperar a saludarlo hecho a correr rumbo al jardín.

Las chicas parecían revisar con minuciosidad el manto del Príncipe que soportaba la escena de pie mirándolas con una mezcla de preocupación y diversión

E: Queridas ¿qué se supone que están haciendo? Incomodan a su alteza
P: Por el contrario mi bella Edith esto me resulta por demás entretenido
La mujer lo miro con el ceño fruncido algo así como “no las consientas”
A: Es culpa de Sacni
S: No es cierto! U.U
J: En realidad Angie tiene razón, después de todo fue la caja de alfileres de Sacni la que cayo en el manto del Tío
S: Pero yo no la tiré u.u
L: Pero no había una buena razón para que estuviera sobre aquel pilar
E: De manera que están recogiendo los alfileres del manto?
L: Básicamente si tía n.n

Edith suspiró mirando a su prometido que parecía ocupado en que ningún alfiler lo tocara por lo que ni siquiera se había atrevido a deshacerse del manto eso y que le divertía inmensamente escucharlas discutir por los alfileres, un criado se acerco a Edith informándole algo en voz baja.

E: Entiendo, haz el favor de hacerlo pasar lo recibiré aquí

El sirviente se retiró, la mujer miro a su prometido

E: Tenemos visitas su alteza

En aquel instante por el umbral apareció el joven a quien había visto acercarse, vestía ropa de viaje, lo que le hizo a pensar Edith que venia a despedirse o algo semejante, las jóvenes detuvieron su labor para observarlo, el príncipe lo miro extrañado.

De porte elegante el joven parecía dotado de una energía y alegría contagiosas que la expresión cortes de su rostro no lograba apartar dela chispa en su mirada, su andar era airoso a pesar delo desaliñado del aspecto, aunque sin duda el detalle mas sobresaliente, era la ausencia de cabellos en aquella testa de piel clara, Sacni se apartó del príncipe acercándose inconscientemente a su tía con la vista fija en aquel hombre, pronto sus hermanas la siguieron, Edith desplegó el abanico con la finalidad de ocultar su sonrisa, aunque el gesto resultaba sobrante pues las jóvenes parecían haberse olvidado de su entorno, el joven por el contrario no parecía haber reparado en ellas.

Tenia prisa, aquello fue evidente al verlo tropezar con una roca que había intentado saltar, Angie dejo escapar una risita, “shh” la reprendió Jazmín, pero era tarde él finalmente había reparado en ellas, mirándolas con el ceño fruncido, Lexell le mantuvo la mirada analizándolo con ojos escrutadores, era desconcertante, los labios del joven se movieron

“Buenos días”

Saludo casi extrañado como si la contemplación de aquellas jóvenes lo obligara a apartarse de la realidad

“Mercucio”

La voz de Jazmín confirmo la sospecha que se había incrustado en el alma de todas al verlo cruzar el umbral, Sacni hecho a correr hacia él aprisionándolo en fuerte abrazo tan pronto lo tuvo

S: Mercucio

Susurro con un par de lagrimas en los ojos, el joven la miro atontado, hasta que una dulce sonrisa se dibujo en su rostro mientras correspondía el abrazo

M: Sacni

Pronuncio estrechándola a él, fue todo, en un momento las jóvenes lo rodeaban y el abrazaba con inmenso afecto a cada una

M: Lexell, Angie, Jazmín...yo...

Intento abrazarlas a todas pero aquello fue imposible, Edith los miraba complacida.

¡¡PRIMITO!!

Corearon las jóvenes en aquel abrazo grupal que duro minutos.

Si bien en Verona el parentesco mas conocido de Mercucio era su relación de primos con el Principe, muy pocos sabían que también era sobrino dela princesa, aún menos que en su niñez había pasado temporadas inmensas fuera de la ciudad y prácticamente nadie que tenía cuatro primas a quienes amaba profundamente a pesar de tener mas de 10 años de no verlas.

Así el destino le había proporcionado a Edith el medio perfecto de ejercer su plan pues al termino de aquel abrazo...

L: Primito..
A: Ya no queremos molestar a tía Edith
J: Podemos...
S: ¿Vivir contigo? n.n

El joven sonrió de oreja a oreja abrazándolas“Por supuesto que Si”

Y después... (Romeo sin Julieta sidestory)

Y sentado en los escalones de la ahora solitaria plaza de Verona, el joven continuó llorando, sin el menor intento de detener sus lágrimas.

La soledad de unos pasos se sumó a la de la plaza. Una figura pequeña y delicada, cubierta por una capa negra, se acercaba lentamente por el extremo opuesto de donde el joven se encontraba.

Un par de ojos, dañados por el llanto, contemplaba el lugar, recordando los buenos días en que no había preocupaciones y Los Reyes del Mundo se divertían con los Montesco y sus demás amigos… ella había estado entre ellos, cantando, bailando, riendo… siendo feliz.

Pero aquella felicidad ahora parecía tan lejana… tuvo su último día de vida cuando los Capuleto dieron un baile, después de esa noche, esa misma plaza se llenó de sangre en medio de la confusión.

¿Romeo enamorado de Julieta?
¿Los herederos de las casas Montesco y Capuleto se han casado y huído?
¿Tybalt busca a Romeo para asesinarlo?
Mercutio ha muerto.
Tybalt también.
Romeo ha sido exiliado.

¿Cómo había sucedido todo aquello? ¿Porqué?

De pronto, ella se encontraba preguntándoselo postrada en cama. El médico dijo que estaba debilitada y que solo necesitaba reposo y comida para mejorar.

¿Para qué?

Los Reyes del Mundo habían sido el pilar de su vida hasta entonces. Y ahora Mercutio estaba muerto y Romeo exiliado en algún lugar a mitad de la nada.

Pero…

¡Hay un tercer Rey del Mundo!

¿Cómo pudo olvidarlo? Aquél día, antes de desvanecerse en brazos de alguien, lo último que había visto era al último Rey del Mundo mirando partir a Romeo…

No todo estaba perdido. Tal vez las cosas se arreglarían y Romeo regresaría…Y la vida volvería a ser buena.

Finalmente había conseguido recuperarse, y salió a buscar al Rey del Mundo que quedaba en Verona.

Y entonces lo escuchó: unas horas atrás, habían encontrado a Romeo y Julieta unidos por fin en la muerte en el mausoleo de los Capuleto.

Ella se aferró a su última esperanza: “Él aún está con vida”, se repetía una y otra vez mientras caminaba, buscaba, preguntaba… tal vez lo de la muerte era mentira, el más grande plan de los Reyes del Mundo para que Romeo y Julieta pudieran estar juntos y la paz reinara en Verona.

Imaginaba encontrar a Benvolio, preguntarle por Romeo, y recibir la repuesta con una enorme sonrisa, tan habitual en él: “Fingió su muerte y escapó con Julieta, y ahora toda Verona puede vivir tranquila.”

Pero ya estaba oscureciendo, y el recuerdo de la sonrisa de Benvolio se escapaba con la luz del día, desplazada por aquella mirada con que despedía a Romeo… no había rastros de él.

Finalmente había legado a aquella plaza, testigo mudo de la historia.

Mercutio y Romeo muertos, y Benvolio desaparecido. Sin los Reyes del Mundo, no hay razón para continuar.

Derrotada, la joven cayó de rodillas y se entrego de nuevo al llanto. El viento comenzó a acariciar su cabellera castaña que acababa de quedar descubierta al caer, como un intento vano de consolarla. ¿De qué le servía la paz en Verona sin Los Reyes del Mundo? ¿Podrían los Montesco y sus amigos encontrar de nuevo la felicidad que ellos causaban? En ese momento, el dolor y la tristeza no daban lugar no a la más pequeña esperanza.

-¿Lexell?

Ella dirigió su mirada hacia donde acababa de escuchar su nombre, deseando con todas sus fuerzas que no fuera una ilusión creada por la desesperanza. Su mirada se encontró con la de Benvolio.

Aún no terminaba de convencerse de que era verdad, cuando él se arrodilló frente a ella. Lucía totalmente distinto ahora: abatido y con los ojos exhaustos por el llanto, no había rastro de aquella sonrisa y energía que durante tanto tiempo la había hecho feliz.

-¿Dónde has estado?- dijo él, con voz cansada -Te ves muy pálida, ¿te sientes bien?

Ella sintió la mano de su amigo en su mejilla, y finalmente se convenció de que realmente estaban juntos. Las lágrimas volvieron a asomarse por sus ojos.

-Estás aquí. Realmente estás aquí…

Desconcertado, Benvolio vió como la doncella lo rodeaba con sus brazos y comenzaba a llorar recargada en su pecho, aquél había sido el primer gesto de cariño que había recibido desde la muerte de Mercurio. Abrazó aquella desconsolada figura y se quedaron así unos momentos.

-¿Ya lo sabes?- preguntó el, titubeante –Lo de Romeo...- no tenía idea de cómo decírselo si ella no lo sabía.

-Sí.- respondió ella entre sollozos.

-Después de que Romeo se fué, todos se dispersaron.- intentó explicar él, estrechándola un poco más entre sus brazos -¿Dónde estuviste? Fui a buscarte a tu casa y no me quisieron dar razón de ti.

-Enfermé.- respondió ella, con voz temblorosa -¿No te diste cuenta? Me desmayé, y ni siquiera recuerdo quién me llevó a casa. Desperté en mi cama y sintiéndome terriblemente débil.

-¿Estuviste en cama todo este tiempo?- eso explicaba su palidez…

Lexell asintió con la cabeza.
-Cuando por fin salí de casa, supe lo de la muerte de Romeo… primero Mercutio, luego Romeo… y a ti no te encontraba por ninguna parte.- los sollozos aumentaron de pronto –terminé aquí, y tú me encontraste.

Ella se separó un poco de él y se limpió las lágrimas para mirarlo a los ojos e intentar sonreir. No sabía qué hubiera hecho si ellos no se hubieran encontrado.

Benvolio se conmovió hasta el alma al ver los vanos intentos de su amiga por sonreírle.

-Todo eso de Los Reyes del Mundo se terminó, Lex.- negó tristemente con la cabeza -Nada podrá ser como antes.

-Lo sé, sin Romeo y sin Mercutio…

-Ellos nos mantenían unidos…

-Y felices… ¿el séquito de Los Reyes del Mundo, seguiremos dispersos por siempre?

Benvolio acarició con cariño el cabello de la joven, que parecía a punto de llorar de nuevo.

-Pues… por el momento…- le dijo suavemente -…creo que solo podemos contar el uno con el otro.

Lexell se recargó de nuevo en el pecho de Benvolio, estaba exhausta. Él pudo sentir como la joven dejaba caer todo su peso en él.

-¿Estás bien?- Preguntó preocupado.

-Sí, solo estoy terriblemente cansada.- respondió ella con voz débil –Te estuve buscando desde esta mañana, y no he parado de caminar.

Benvolio la rodeó con sus brazos.
–Comienza a hacer frío, lo mejor será que vayas a casa.

-No quiero.- respondió ella, acomodándose entre los brazos de él.

-Pero… ¡tienes qué!- replicó él – Si acabas de estar enferma, puedes sufrir una recaída. Además deben estar preocupados porque no vuelves a tu casa.

-No me importa…- ella empezaba a sentirse adormilada -…estoy bien aquí.

-¡Por favor, Lex! No soportaría que algo malo te pasara. Eres lo único que me queda de mi vida como Rey del Mundo.

-¿Solo por eso te interesas por mí?- aquella última expresión le había parecido un golpe.

-¡No! ¡No quise decir eso!- se disculpó él –Quiero decir, que tú…

Hizo una pausa para reacomodar sus ideas.

-¿Sabes?- continuó –Aunque no hablábamos mucho, tu presencia en el grupo era una de mis favoritas… eras callada, pero siempre sonreías… yo…- la estrechó un poco más -…me alegra que seas tú quien esté aquí ahora.

Lexell sonrió un poco.

-Entonces no todo está perdido, aunque nada pueda ser lo mismo.- dijo ella.

Benvolio comenzó a acariciar aquella cabellera castaña que tenia entre sus brazos una vez más.
-¿Empezamos de nuevo?- preguntó tiernamente -¿Comenzamos una nueva búsqueda de la felicidad, aunque solo seamos Benvolio y Lexell?

-Sí…- respondió ella antes de soltar un bostezo.

-¡Pero para eso debes estar sana!- le dijo animosamente -¡Vámos, levantate! Te llevaré a tu casa.

Finalmente, ella se desesperezó y aceptó la ayuda del joven para incorporarse. Tomada de su brazo, salió de la plaza caminando a su hogar.

Así terminaba el reinado de Los Reyes del Mundo, pero ahora brillaba la esperanza de construir una nueva etapa, incluso mejor que la anterior…

…una etapa que iniciaba con Benvolio y Lexell tomados del brazo, en la paz que por primera vez reinaba de noche en Verona.


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Si estás pensando en destrozarme en reviews.. primero lee un poco más, ya que has llegado hasta acá.
Esta fanfic la escribí hace ya varios meses, toda emocionada por Romeo sin Julieta y por como corrían las cosas entre Benvolio y yo, cuanod leí una fanfiction llamada "For the Forgotten" aquí mismo en ffnet, el autor es SoloWolf, y bueno, me dejó sinceramente deprimida. Esa misma noche, después de trisitear unas horas, agarré la libreta, el lapicero y la goma y empecé a escribir. Terminé dos horas después, emocionalmente agotada, pero satisfecha.
Es un insert/mary-sue en toda forma, ya lo sé; es de esos fics que ponen al autor en la clasifcación de "su pobre corazón de pollo no soporta los fnales tristes", ya lo se. Si piensas dejar una review diciendome algo que ya sé, ahorrate el trabajo. Yo creo que es una fic en la que dí todo de mi, y con un buen resultado.

Anónimo

-"El hijo del diablo"

-Eso rezaba aquél cartel, ¿recuerda?

-Por supuesto que sí.

-Lo que los muggles no entienden, les causa temor.

-Como tú.

-Como a mi madre...

-¿Aún la recuerdas?

- ¿Cómo olvidar que las primeras palabras que comprendí fueron de odio, rencor y rabia?

-De un ser que culpó al destino por la consecuencia de su decisión...

-... fue ella quien decidió unir su vida a un muggle, con lo que su primogénito nació mestizo...

-...tú...

-... y maldijo sus consecuencias... después de que el muggle la abandonara al saber lo que era, maldijo lo que había concebido esa unión... el veneno de mi alma, la maldición de mi vida... descargada en mi rostro... y después... me abandonó...

-Te vendió a aquél circo...

-Un circo de muggles... el lugar que pensó que merecía al ser mestizo... en el que me condenaron a una infancia de golpes, humillación... dolor en toda su plenitud... hasta que... usted me encontró.

-Aunque aún no comprendo por que no aceptaste ser un estudiante...

-Eso es asunto mío.

-Aun así, te quedaste, escondido entre las sombras del castillo, escuchando, aprendiendo...

-...usted me entregó mi primera varita, la única, aparte de usted, que me ha acompañado.
-Porque así lo has querido. Permaneciste en las sombras incluso hace dieciséis años, peleaste junto a nosotros contra el Señor Tenebroso, pero nadie lo supo.

-Y ahora, ¿cómo es que me pide esto?

-Eres el indicado, te lo he dicho desde hace tres años.

-¿Porqué piensa que mi respuesta será diferente esta vez?

-Voldemort ha vuelto, lo sabes perfectamente. Te necesitamos. Aún cuando el mundo no lo advirtió, hiciste grandes cosas hace dieciséis años...

-¿Y podría enseñárselas a estos jovenes?

-Precisamente.

-Está bien, acepto. Pero dejaré claras un par de cosas con esos niños desde el principio.

-Por supuesto, serán tus alumnos.


Un nuevo año comienza en Howgarts, y, durante la primera cena del curso, una sombría y desconocida figura ocupaba uno de los asientos en la mesa de los profesores. El director Dumbledore se encontraba de pie dando su habitual discurso de bienvenida.

-Es un placer presentarles a un nuevo elemento del profesorado, por favor, dénle una calurosa bienvenida, qué es lo menos que se merece, a su nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras: Erik.

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Bueno, pues esta idea se me ocurrió cuando en el foro de Phantom of the Opera alguien inició un tema, en el cual preguntaba en que casa de Howgarts irían los personajes. Entonces a mi me brincó a la cabeza: "Erik sería un buen profesor de DCAO". Así que, aquí está la historia correspondiente.


Aquí termina. No hay más. No sé como contibuarlo y solo me traería problemas. tendría que reescribir los libros 6 y 7 completos, o matar a Erik pronto. Para dejarlos insatisfechos y recibir montañas de flames? La verdad paso, me gusta Anónimo así.